En Colombia existe un consenso casi unánime sobre la necesidad de reactivar la economía, generar empleo, aumentar las exportaciones y recuperar la confianza para invertir. Lo que todavía no existe es el mismo consenso sobre dónde está la mayor oportunidad para lograrlo.
Paradójicamente, esa oportunidad no está en un nuevo sector económico ni en una industria emergente. Lleva décadas produciendo riqueza, empleo y alimentos desde las regiones. Está en el campo colombiano.
No se trata de una afirmación ideológica ni de una defensa gremial. Es una conclusión económica que las cifras respaldan y que la realidad confirma.
Mientras otros sectores requieren años para madurar sus inversiones, la ganadería colombiana cuenta hoy con el territorio, el conocimiento, la capacidad empresarial y el capital humano para convertirse en uno de los principales motores del crecimiento nacional. Lo ha demostrado incluso en los momentos más difíciles, produciendo alimentos, sosteniendo el empleo rural y preservando la actividad económica en regiones donde el Estado ha estado ausente durante décadas.
Paradójicamente, ese mismo sector ha tenido que avanzar enfrentando obstáculos que ningún competidor internacional aceptaría como normales: vías terciarias destruidas, crédito inaccesible para miles de pequeños productores, restricciones regulatorias que afectan la competitividad exportadora, una institucionalidad científica debilitada y una inversión insuficiente en innovación y sostenibilidad.
Aun así, la ganadería representa cerca del 20 % del PIB agropecuario, aporta casi la mitad del PIB pecuario y genera el sustento de más de 700.000 familias colombianas.
La ganadería ya demostró de lo que es capaz. Lo hizo incluso en los años más difíciles para el país, manteniendo la producción, abasteciendo los mercados, sosteniendo cientos de miles de empleos y permaneciendo en territorios donde muchas veces la presencia del Estado fue insuficiente. La discusión, por tanto, ya no gira alrededor de su potencial, sino de cuánto más podría aportar si existiera una política pública que la acompañara con la misma determinación con la que los productores han sostenido la actividad durante décadas.
El nuevo Gobierno recibe un sector que no pide privilegios ni tratamientos excepcionales. Lo que reclama es algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más trascendental: reglas claras, infraestructura, investigación, financiamiento y seguridad jurídica para producir más y competir mejor.
Recuperar la infraestructura rural, ampliar el acceso al crédito, fortalecer la investigación agropecuaria, impulsar el mejoramiento genético, consolidar la trazabilidad, abrir nuevos mercados y acelerar la transición hacia una ganadería sostenible no son aspiraciones aisladas. Son decisiones estratégicas que pueden convertir al campo en uno de los principales motores del crecimiento económico, las exportaciones y el desarrollo regional.
Existe además un desafío que definirá el futuro del sector: el relevo generacional. El campo necesita jóvenes que encuentren oportunidades para emprender, innovar y construir empresa rural. Sin capital humano, ninguna transformación será sostenible.
Cada año que Colombia aplaza la modernización de su ganadería pierde competitividad frente a sus vecinos, renuncia a nuevas exportaciones, reduce oportunidades para la juventud rural y desaprovecha una de las pocas actividades capaces de combinar producción, empleo, seguridad alimentaria, desarrollo regional y sostenibilidad.
Colombia no necesita descubrir una nueva locomotora para impulsar su economía. Ya la tiene. Lo que necesita es decidirse a ponerla en marcha.
La ganadería reúne condiciones que hoy pocos sectores pueden ofrecer simultáneamente: produce alimentos, genera empleo, dinamiza las economías regionales, fortalece la seguridad alimentaria, abre oportunidades de exportación y puede convertirse en un referente internacional de sostenibilidad cuando existe una política pública que incentive la inversión y la innovación.
Esa es la verdadera dimensión del debate. No se trata únicamente del futuro de un gremio. Se trata de una decisión sobre el modelo de desarrollo que Colombia quiere construir durante las próximas décadas.
Porque la mayor oportunidad económica de Colombia no está por descubrirse. Hace mucho tiempo está en el campo. Lo que hace falta es la decisión de aprovecharla.
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