A mí no me queda ninguna duda de que la principal estrategia para desarrollar el campo colombiano pasa por el acceso al crédito agropecuario. Es, entre otras cosas, la principal fuente de recursos para el desarrollo del sector.
El sistema de crédito agropecuario en Colombia coloca sus cimientos sobre 2 instituciones. La primera de ellas es el Fondo de Financiamiento para el Sector Agropecuario (Finagro), que es una sociedad de economía mixta que funciona como banco de segundo piso y que además es la fuente principal para los recursos de crédito del sector.
La segunda es el Banco Agrario de Colombia, reactivado en 1999, que ofrece servicios bancarios y financiamiento para los productores y sus familias. Es el pilar desde lo público para el desarrollo del sector en Colombia.
El crédito agropecuario ha venido evolucionando con el tiempo para facilitar tanto el acceso como las condiciones y el pago del mismo a los productores. Herramienta fundamental son las líneas especiales de crédito diseñadas para impulsar diferentes actividades en el sector, acorde a las condiciones de cada una de ellas. Este gobierno las ha limitado notablemente, reduciéndolas a una o dos. En el gobierno de Iván Duque —del cual hice parte— tuvimos líneas tan importantes como la de agricultura por contrato, ganadería sostenible, cultivos estratégicos, agroindustria e inclusive comunidades raciales y mujer rural. Son líneas con plazos de pago ajustados a las condiciones de la actividad productiva que facilitan su desarrollo y reducen la morosidad en el pago de manera notable. Fueron en su momento impulso para el desarrollo de fincas de ganadería sostenible, soya, maíz proyecto país y alianzas estratégicas en palma de aceite, entre otros proyectos.
Dos han sido las herramientas de incentivo para el crédito agropecuario. El Incentivo a la Capitalización Rural (ICR), que estimula al productor asumiendo el Estado determinado porcentaje del mismo, dependiendo de sus características, si es pequeño, mediano o grande. Y la segunda es la compensación de la tasa de interés en determinados puntos, igualmente si es pequeño, mediano o grande. En mi experiencia, genera mayor impacto la segunda, dado que llega a mayor número de productores y se aplica desde el mismo momento del otorgamiento del crédito. En el ICR muchas veces los desembolsos son tardíos y los intereses terminan por afectar el subsidio.
Por último, es fundamental la asociatividad, principalmente en el caso de pequeños y medianos productores. Además de que facilita los pagos del crédito y genera economías de escala, tiene inmensos beneficios a la hora de posicionar el producto para su comercialización. Está demostrado que los niveles de siniestralidad de créditos asociativos son mucho más bajos que los de créditos individuales. En mi experiencia, pues el crédito agropecuario así sí.
Nota: Censurable la poca colaboración de gobernadores y alcaldes en regiones donde se han presentado casos de abigeato de ganado e invasión de tierras. Así es muy difícil.


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