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El gremio palmero colombiano, comprometido con la ciencia, la tecnología y la innovación

por: Jens Mesa- 31 de Diciembre 1969

La agroindustria de la palma de aceite pondrá al servicio de la comunidad palmera, nuevas capacidades de los actores vinculados.

El pasado mes de octubre tuvo lugar el acto inaugural del Campo Experimental Palmar de La Sierra, ubicado en el municipio de Zona Bananera, Magdalena, evento en el que Fedepalma y Cenipalma presentaron oficialmente al sector palmero de la región y de Colombia, y a los demás actores vinculados con la agroindustria de la palma de aceite, unas nuevas capacidades que serán puestas al servicio de la comunidad palmera. En virtud de la importancia de este hito para nuestro sector, compartimos en este editorial las reflexiones y los mensajes trasmitidos en dicho evento.

Desde sus inicios, Fedepalma ha tenido clara la importancia de la investigación y la innovación, como base para un desarrollo sostenible y rentable de la palmicultura. Este interés se materializó con la creación de nuestro Centro de Investigación en Palma de Aceite, Cenipalma, en 1991, con el cual se dinamizó la gestión del conocimiento alrededor del propósito sectorial de contar con cultivos sanos y altamente productivos.

Si bien desde sus inicios Cenipalma emprendió acciones valiosas en términos de investigación, fue con la creación del Fondo de Fomento Palmero que se logró dar el impulso requerido a su labor, en virtud de contar con la disponibilidad de un recurso importante y estable para emprender proyectos con horizontes de largo plazo, como los de la misma palmicultura.

En este sentido, sea esta una oportunidad para exaltar el valioso esfuerzo que han realizado los palmeros colombianos en los casi 25 años de existencia de la parafiscalidad palmera, pues sin su solidaridad y su compromiso por aportar estos recursos, no hubiera sido posible el fortalecimiento de la investigación y del servicio de extensión, con demandas crecientes por parte del sector.

Por otro lado, también ha sido clave la visión de Fedepalma en cuanto a optimizar y poner sus recursos siempre al servicio de los palmeros. Es por esto que, durante varios años, la Federación, guiada por su Junta Directiva, se aseguró de poco a poco ir constituyendo unas reservas que, llegado el momento, le permitieran desarrollar proyectos de envergadura para el sector.

Gracias a estas reservas, Fedepalma, de la mano de Cenipalma, decidió emprender un plan para desarrollar la infraestructura regional que soportara en gran medida las actividades del Centro, pero que también se convirtiera en un punto de encuentro de los palmeros en cada región. Hoy día contamos ya con el Campo Experimental Palmar de La Vizcaína, en la Zona Central, cuyo énfasis ha sido la biotecnología y la sanidad; en la Zona Norte palmera contamos con el Palmar de La Sierra, la Zona Norte palmera, que fue concebido con un enfoque de manejo eficiente del recurso hídrico; estamos muy cerca de poder presentarles el Campo Experimental Palmar de Las Corocoras, en la Zona Oriental, con énfasis en suelos y en procesamiento; y seguimos avanzando en el desarrollo de un campo en el municipio de Tumaco, con la finca La Providencia, en la Zona Suroccidental, donde buscamos fortalecer la investigación en plagas y enfermedades y en el manejo del híbrido OxG.

La consolidación de estos campos ha sido una de las maneras más contundentes de invertir los ahorros de la Federación, en función de sus afiliados y del sector en general. Solo en el Campo Experimental Palmar de La Sierra, Fedepalma y Cenipalma han invertido más de $16 mil millones, y las inversiones proyectadas en el mediano plazo exceden otros $13 mil millones.

Esto es consecuente con la convicción que tenemos en la Federación, de que, si queremos ser un sector de vanguardia, en Colombia y en el ámbito mundial, debemos invertir recursos significativos en ciencia, tecnología e innovación. El promedio mundial del gasto en investigación y desarrollo como porcentaje del pib bordea el 2 %, mientras que en Colombia está alrededor de una cuarta parte de esta cifra (0,5 %). En el caso de la palmicultura colombiana, podemos decir orgullosamente que como sector hemos invertido casi el 1,5 % del ingreso generado, por más de dos décadas, proporción que está muy por encima del promedio nacional, casi el triple. En solo recursos del Fondo de Fomento Palmero, entre 1994 y 2018 hemos invertido algo más de $350 mil millones, que además nos han servido para apalancar otras fuentes de financiamiento de carácter público y de cooperación internacional.

Hoy día podemos decir que este gran esfuerzo sectorial ha rendido frutos apreciables en distintos frentes de interés para la palmicultura. Un buen ejemplo ha sido la investigación y transferencia en cuanto a la problemática de la Pudrición del cogollo (pc), que tanto ha afectado los cultivos de las distintas zonas del país. Los logros alrededor de esta problemática y sus impactos en el sector, fueron evaluados en el estudio realizado por el Centro de Estudios Regionales Cafeteros y Empresariales (crece) en 2017, encontrando que por cada peso que los palmicultores han invertido en la lucha contra la pc, han recibido tres pesos de retorno.

Si bien este problema no se ha resuelto aún, se han obtenido resultados que permiten darle un mejor manejo, lo que ha conllevado no solo a mitigar su impacto sino también a generar en el sector la percepción de que la pc es un limitante cada vez más manejable y en vías de solución. En otras palabras, ha generado una mayor confianza en los productores y en las autoridades y entidades financieras.

También pudiéramos resaltar, dado que es un hito muy reciente, el desarrollo de un fitorregulador para el mejoramiento de la productividad del híbrido OxG, que, con su uso en la polinización artificial, puede llegar a generar beneficios económicos para la palmicultura colombiana de cerca de 50 millones de dólares anuales.

Como estos, son numerosos los ejemplos que podemos mencionar. Son muchos los logros, pero también persisten los retos en términos de productividad y de sanidad. Debemos permitirnos soñar, no solo con el cierre de las brechas de productividad entre los distintos productores y regiones, sino con que tengamos cada vez más plantaciones que lleven sus rendimientos al óptimo, a 10 o más toneladas de aceite de palma por hectárea. Hoy en día conocemos casos en Colombia de plantaciones de siete toneladas de aceite por hectárea, lo que nos muestra que sí es posible.

La productividad es la base más sólida para la competitividad. La ciencia, la tecnología y la innovación son el camino para generar conocimientos y tecnologías que, de la mano de una robusta estrategia de extensión en nuestro sector, nos permitan incrementar la productividad. Es por esto que nuestro propósito debe ser continuar fortaleciendo las capacidades tecnológicas del sector palmero, dentro de lo cual los campos experimentales son una pieza clave.

Por último, es importante transmitir el mensaje de la importancia del fortalecimiento de Cenipalma, con el concurso de todos los productores y de la comunidad palmera. Cenipalma se ha constituido en uno de los activos estratégicos más relevantes para nuestro sector, cuya importancia para la agroindustria de la palma de aceite colombiana se traduce en una palabra: confianza.

**Jens Mesa Dishington

Presidente Ejecutivo de Fedepalma**