Colombia tiene una oportunidad histórica para fortalecer su seguridad alimentaria, mejorar la competitividad del campo y llevar alimentos de mejor calidad a precios más accesibles para los hogares. Ese puede ser uno de los grandes legados del nuevo Gobierno.
Señor presidente electo, Abelardo de la Espriella, y señor ministro de Agricultura designado, Indalecio Dangond: Colombia tiene la oportunidad de impulsar una política de Estado sostenible en el tiempo, que trascienda los gobiernos y se convierta en uno de los pilares del desarrollo nacional.
En los últimos años, los productores han enfrentado un incremento sostenido en los costos de producción. Fertilizantes, agroquímicos, combustibles, mano de obra y otros insumos han reducido de manera importante la rentabilidad de quienes producen los alimentos del país.
Paradójicamente, mientras producir cuesta más y los márgenes del productor son cada vez más estrechos, los consumidores continúan pagando más por la carne, la leche y otros alimentos básicos.
Vivimos una ecuación que merece toda nuestra atención: producir cuesta más, el productor gana menos y el consumidor paga más.
La respuesta no está únicamente en aumentar la producción. Está en hacer mucho más eficiente toda la cadena agroalimentaria, especialmente en la transformación.
Hoy, una parte importante de la producción ganadera de la Costa Atlántica debe recorrer cientos de kilómetros para ser transformada. Cada kilómetro recorrido representa mayores costos de transporte, refrigeración, logística y tiempo. Esos sobrecostos disminuyen la rentabilidad del productor, incrementan los costos de la industria y, finalmente, terminan elevando el precio que paga el consumidor.
Por eso, la competitividad del agro colombiano no se construye únicamente en la finca. También se construye donde se procesa, se industrializa y se agrega valor a las materias primas.
La Costa Atlántica reúne condiciones excepcionales para convertirse en uno de los principales polos agroindustriales del país. Produce una parte muy importante de la carne y de la leche de Colombia, cuenta con una ubicación estratégica para abastecer el mercado nacional y atender mercados internacionales, y posee un enorme potencial para consolidar una industria moderna alrededor de sus materias primas.
Lo que hoy necesita esta región son condiciones que hagan posible esa transformación: energía más competitiva, infraestructura logística, conectividad vial y portuaria, incentivos para nuevas inversiones, desarrollo tecnológico y reglas que impulsen la instalación y expansión de plantas industriales cerca de las zonas de producción.
Industrializar donde producimos no solo reduce costos. También genera empleo formal, impulsa el desarrollo regional, fortalece las economías locales y mejora la competitividad del país.
La seguridad alimentaria de Colombia no depende únicamente de producir más alimentos, sino de garantizar que estos puedan transformarse de manera eficiente, competitiva y sostenible cerca de las regiones donde se producen. Esto permitiría reducir costos, asegurar un abastecimiento estable y construir una cadena agroalimentaria más resiliente.
Industrializar las regiones productoras es una decisión estratégica para el país. Significa reducir la brecha entre el productor y el consumidor, generar empleo formal, atraer inversión y agregar valor donde nacen las materias primas.
En este propósito, la Costa Atlántica está llamada a desempeñar un papel fundamental. Su capacidad para producir carne, leche y otros alimentos, sumada a su ubicación estratégica, su vocación agropecuaria y su cercanía a los principales puertos del Caribe, la convierten en una región clave para consolidar un modelo de desarrollo agroindustrial con visión de futuro.
Hacer de la transformación agroindustrial una política de Estado permitirá fortalecer la seguridad alimentaria, mejorar la rentabilidad del productor, aumentar la competitividad de la industria y facilitar que los consumidores accedan a alimentos de calidad a precios razonables.
El futuro del agro colombiano no dependerá únicamente de cuánto produzcamos. Dependerá de nuestra capacidad para transformar con eficiencia, generar valor en las regiones productoras y construir una cadena en la que el productor reciba una rentabilidad justa, la industria sea más competitiva y el consumidor encuentre mejores condiciones de acceso a los alimentos.
La Costa Atlántica no debe ser vista únicamente como una gran región productora de materias primas. Debe convertirse en uno de los principales centros agroindustriales de Colombia, liderando la transformación de alimentos con eficiencia, sostenibilidad y visión de futuro.
Ese puede ser uno de los grandes legados del nuevo Gobierno: una política de Estado que fortalezca la seguridad alimentaria, impulse la industrialización del campo y convierta la riqueza productiva de nuestras regiones en bienestar para todos los colombianos.
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