Juan Gonzalo Botero Botero

Evocando la política del pasado

Por Juan Gonzalo Botero Botero - 30 de Enero 2026


La de hoy es una evocación al pasado, a mi niñez, a mostrar en qué forma los que nacimos en la segunda mitad de la década de los setenta vivíamos la política. Esta columna es un recuerdo de eso.

La primera elección que recuerdo bien fue la de Virgilio Barco, figura liberal de la época y a quien le tocó enfrentar tal vez los años más difíciles de la violencia en Colombia, la de Pablo Escobar. Recuerdo que en esa época las campañas se hacían andando en los “Land Rover” y los “Nissan” por caminos polvorientos o llenos de pantano, según el clima y la región. Los candidatos sacudían el trapo rojo y lucían con orgullo la camisa roja o azul, dependiendo de su origen liberal o conservador.

En regiones como la Costa Atlántica, detrás de muchos candidatos al Senado llegaban los sacos de cemento y las láminas de zinc. Eran repartidas a sus electores para asegurar así ese voto parroquial de la época. Muchos decían: llegó la política porque volvimos a ver a Don Emiro.

Era una política de más edad. Barco tenía 64 años; Álvaro Gómez —quien debió ser presidente y la violencia y un electorado parroquial no lo dejaron ser— tenía 67 años; la juventud era representada por Luis Carlos Galán, candidato del Nuevo Liberalismo, que tenía 42 años para la época. Era el disruptivo y a quien recuerdo mucho porque fue buen amigo de mi padre. En esa campaña tuvo la deferencia de dormir varias veces en su finca, desde donde juntos recorrían el centro y sur de Bolívar. En esa época eran normales las grandes manifestaciones donde se batían las banderas y los trapos de cada partido.

Recuerdo el día de las elecciones, donde la feria de tamales, sancocho y diferentes comidas eran repartidas en grandes cantidades. Los electores lucían las camisetas de sus candidatos y el ambiente festivo se hacía notar. Las papeletas servían para que el elector las depositara en la urna y luego su dedo índice se introducía en un tarro con tinta roja como muestra de que había votado. Recuerdo también que los niños jugábamos pintando ese dedo con un kilométrico rojo y “chicaneando” porque habíamos votado.

Colombia era un país “parroquial” y así era su política; el fervor era diferente y los símbolos también. Los trapos, las camisetas y las banderas. Los vivas y arengas por cada partido en la plaza pública y una pasión que a veces terminaba en pelea. Colombia madura en política, pero el recuerdo se mantiene. Así era la política del pasado.

Nota 1. Enfrentan dificultades varias actividades agropecuarias por el aumento del salario mínimo. Los empresarios del agro hacen “maromas” para balancear ese excesivo costo y buscan aumentar productividad.

Nota 2. Nuestro sentido pésame a las familias de las víctimas del avión de Satena siniestrado en el municipio de La Playa de Belén. Descansen en paz.


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