Los analistas estiman que en febrero la inflación empezará a reflejar en mayor proporción los efectos del incremento salarial decretado por el Gobierno nacional, quien decidió patear la mesa de negociaciones, introducir el salario vital para pagar una imaginaria deuda histórica que ha sido el caballito de batalla y embeleco para justificar también la reforma agraria.
Según las proyecciones de Corficolombiana, para el segundo mes del año la inflación se situaría en 1,22 % (en enero fue de 1,18 %), con lo cual la inflación anual se aceleraría a 5,4 %, con servicios y alimentos contribuyendo al incremento anual. Los alimentos subirían 1,06 %, liderados por perecederos y alzas en carne dentro de procesados. Así, la inflación anual se aceleraría a 5,59 %, un aumento de 48 puntos básicos.
Este comportamiento le daría al primer mandatario “un papayaso”, para insistir en su propuesta de intervenir el comercio exterior de carne bovina como medida preventiva ante un eventual desabastecimiento interno y como herramienta para contener precios de la canasta básica.
Estudios de Fedegán y de analistas de la economía han señalado que no ocurre ni lo uno ni lo otro, pero como el actual gobierno echa la política económica por la calle del medio sin reparar en inconvenientes, esa idea -producto de la ‘genialidad del primer mandatario’-, unida a la de mantener la tasa de cambio a la baja que golpea directamente a las exportaciones, crean las condiciones, esas sí vitales, para un brutal retroceso del sector.
Hablamos de un entorno caracterizado por las invasiones a fincas, secuestro, abigeato y sacrificio ilegal, amén del reajuste de los avalúos catastrales y la consecuente elevación del impuesto predial en algunas zonas del país que, en no pocos casos, alcanza un ajuste del mil por ciento y hasta más, según denuncia Fedegán.
Con una tasa de cambio en la vecindad de $3.650 —que no estimula las exportaciones—, con aumento de costos por los diversos decretazos en el campo laboral, tributario y fiscal, y con soluciones sacadas de la manga, como la repatriación del ahorro de los fondos privados que haría bajar más la tasa de cambio, no es posible tener un sector ganadero eficiente y competitivo. Más aún: con esa genialidad, el gobierno está tirando por la borda años de esfuerzos por tener una ganadería de exportación, de conquistar mercados, incluyendo el de China, pues nadie le cuida el puesto al país que se retira del comercio internacional. Una política gubernamental coherente se encaminaría a fortalecer mecanismos de competencia, logística y eficiencia en la cadena, pero eso es mucho pedirle a un gobierno comunista.
Es importante, aunque no concordante con la magnitud de la crisis registrada en el departamento de Córdoba por las inundaciones, la hoja de ruta de Minagricultura, la cual incluye la recuperación de la Reserva Territorial del Estado en ciénagas y playones; la recuperación y reubicación de la producción agropecuaria en zonas afectadas; un programa integral de financiamiento para aliviar a productores y dinamizar la economía regional y la socialización de mecanismos para agilizar la declaración de Áreas de Protección para la Producción de Alimentos (APPA) con el fin de ordenar y proteger el suelo en medio de la crisis. La política de aprovechar una calamidad para nuevamente echar por el medio de la calle un proyecto fallido. Y mientras tanto, ¿qué? Amanecerá y veremos.
La realidad sí se parece a una de las versiones que cuentan los historiadores sobre la espada de Damocles en lo que se refiere a Dionisio, pero también al doble filo de la espada.
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