El fenómeno de El Niño es un evento climático que provoca la disminución de las lluvias y el aumento de las temperaturas durante varios meses. En la región Caribe colombiana, donde gran parte de la población rural depende de la agricultura, la ganadería y la pesca para su sustento, este fenómeno representa una amenaza importante para la seguridad alimentaria. La escasez de agua afecta la producción de alimentos, reduce los ingresos de las familias campesinas y dificulta el acceso a una alimentación suficiente y de calidad.
En la agricultura, la reducción de las precipitaciones disminuye la humedad del suelo y limita el crecimiento de cultivos fundamentales para la economía y la alimentación de la región, como el maíz, la yuca, el arroz, el ñame, el plátano, el frijol, el sorgo, el ajonjolí, las hortalizas y los frutales. La falta de agua también favorece la aparición de plagas y enfermedades, reduce los rendimientos de las cosechas y, en muchos casos, ocasiona pérdidas parciales o totales de la producción. Esto afecta directamente a los pequeños productores, quienes dependen de estas actividades para alimentar a sus familias y generar ingresos.
La ganadería también enfrenta importantes dificultades durante los periodos de sequía. La disminución de las lluvias reduce la disponibilidad y calidad de los pastos, lo que ocasiona pérdida de peso en bovinos, ovinos y caprinos, disminución en la producción de leche y carne, y problemas reproductivos. Además, las altas temperaturas generan estrés térmico en los animales, aumentando su consumo de agua y reduciendo su productividad. En sistemas de producción avícola y porcina, el exceso de calor disminuye el consumo de alimento, afecta el crecimiento y puede incrementar la mortalidad si no se implementan medidas adecuadas de manejo.
Los efectos del fenómeno de El Niño también repercuten sobre los recursos hídricos. La disminución del caudal de ríos, ciénagas, jagüeyes y reservorios reduce la disponibilidad de agua para consumo humano, riego y producción pecuaria. En muchas zonas del Caribe, esta situación también afecta la pesca artesanal, debido a los cambios en los niveles de agua y en las condiciones de los ecosistemas acuáticos, disminuyendo otra fuente importante de alimento e ingresos para las comunidades rurales.
Como consecuencia de la reducción en la producción agropecuaria, disminuye la oferta de alimentos en los mercados locales y aumentan los precios de productos básicos. Esta situación afecta principalmente a las familias de menores ingresos, que destinan una mayor proporción de sus recursos a la compra de alimentos, incrementando el riesgo de inseguridad alimentaria y nutricional.
Frente a este escenario, es fundamental fortalecer la capacidad de adaptación de los sistemas productivos. Entre las principales estrategias se encuentran la cosecha y almacenamiento de agua de lluvia, la construcción y mantenimiento de reservorios, el establecimiento de bancos de forraje y sistemas silvopastoriles, el uso de variedades de cultivos tolerantes a la sequía, la diversificación de la producción, la conservación de suelos y la implementación de prácticas de manejo eficiente del agua. Estas acciones permiten reducir la vulnerabilidad de los productores, mantener la producción de alimentos y aumentar la resiliencia de las comunidades rurales frente a los efectos del cambio climático y la ocurrencia de futuros eventos de El Niño.
Autor: Luis Guillermo Altahona Buelvas, es Zootecnista con diplomados en Extensión Rural, especialista en Nutrición Animal y Magíster en Ciencias Veterinarias del Trópico. Consultor y productor agropecuario con amplia experiencia en la Región Caribe colombiana.
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