En ocasiones, las ferias ganaderas son observadas únicamente como grandes espectáculos alrededor de una pista: animales cuidadosamente preparados, competencias, premiaciones y campeonatos. Sin embargo, reducirlas a esa dimensión sería desconocer su verdadero aporte al desarrollo productivo, económico y cultural del campo colombiano.
Desde los encuentros municipales hasta los grandes certámenes nacionales, las ferias son espacios en los que se evalúan el fenotipo, la funcionalidad y la orientación productiva de los animales. Pero también son vitrinas comerciales, escenarios para la transferencia de conocimiento, puntos de encuentro entre productores y oportunidades para acercar a las nuevas generaciones a una actividad que continúa siendo esencial para el país.
En una feria no solo se juzga un ejemplar. También se expone el resultado de años de selección genética, manejo nutricional, disciplina empresarial, inversión y conocimiento acumulado. Detrás de cada animal que entra a la pista existe una historia productiva que comenzó mucho antes de su llegada al recinto ferial.
Bajo esta perspectiva se prepara la 79.ª Feria Nacional Cebú, organizada por Asocebú, que tendrá como sede a Montería, capital de uno de los departamentos con mayor tradición ganadera de Colombia. El certamen será una nueva oportunidad para demostrar que las ferias no constituyen un evento aislado dentro del calendario gremial, sino que hacen parte de una cadena económica y productiva que involucra a criadores, productores comerciales, transportadores, técnicos, empresarios, comerciantes y familias rurales.
Una feria que mueve la economía
El impacto económico permite dimensionar la magnitud de este encuentro. Camilo Andrés Díaz Pazmiño, gerente de la Comercializadora Asocebú, estima que durante los remates se podrían registrar ventas superiores a los $5.000 millones, sin contar las negociaciones directas que se realizan entre ganaderos durante los días del evento.
A ello se suma la participación de más de 300 fincas provenientes de diferentes regiones del país y cerca de 2.200 animales inscritos. Cada ejemplar que llega a Montería activa una extensa operación de transporte, alimentación, alojamiento, logística, asistencia veterinaria y preparación técnica.
Se calcula, además, la movilización de aproximadamente 1.600 camiones para el traslado de los animales hasta el recinto ferial. Esta dinámica beneficia a transportadores, hoteles, restaurantes, prestadores de servicios, operadores logísticos y comerciantes de la ciudad.
Alrededor de la feria también confluyen empresas de semillas, maquinaria, insumos agropecuarios, productos veterinarios, genética y soluciones tecnológicas. De esta manera, el certamen termina convirtiéndose en una gran plataforma de negocios para el sector ganadero, para Montería y para el departamento de Córdoba.
Ese efecto multiplicador permite comprender que una feria nacional no beneficia únicamente al propietario del animal que recibe una cinta o un campeonato. Su impacto se extiende a numerosos sectores de la economía regional y nacional.
La pista como vitrina de años de trabajo
Más allá de las cifras, una feria constituye la oportunidad de mostrar el trabajo silencioso que los criadores realizan durante años en sus hatos. En esta edición participarán razas cebuinas como Brahman, Nelore, Guzerat, Gyr y Red Sindhi, cada una con características productivas y adaptativas que aportan al desarrollo de la ganadería colombiana.
Para Juan Santiago Martínez, criador y expositor de Brahman Rojo de la hacienda El Caney, la participación en exposiciones ha sido fundamental para consolidar una empresa ganadera que combina la selección de animales en potrero con la preparación de ejemplares de establo.
En su concepto, no debería existir una separación entre el ganado funcional y el ganado de exposición. Ambos deben responder a criterios de fertilidad, habilidad materna, conformación, adaptación y eficiencia productiva.
Martínez destaca que, durante una reciente visita técnica de Asocebú, fue evaluado el ciento por ciento del hato de la hacienda. Los resultados, según explicó, evidenciaron la rigurosidad con la que se adelanta la selección de los animales de potrero.
Para este criador, el establo, las ferias y las exposiciones son los espacios en los que una ganadería puede promocionar el producto construido mediante años de trabajo. Después de dos décadas participando en estos eventos, asegura que los buenos resultados obtenidos en la pista también se han reflejado en la facturación y en la valorización de la genética producida por la empresa.
Su experiencia deja una enseñanza relevante: la pista no debe ser un escenario desconectado de la productividad. Por el contrario, debería representar animales capaces de transmitir condiciones funcionales y generar resultados en los sistemas ganaderos.
El verdadero mérito de una feria aparece cuando el ejemplar premiado no solo luce bien frente al juez, sino que también responde en reproducción, adaptación, producción de carne o leche y desempeño en condiciones reales de campo.
También se va a aprender
El alcance de una feria nacional tampoco se limita a los criadores de ganado puro o a quienes compiten por un campeonato. Para los productores comerciales, estos certámenes ofrecen la posibilidad de observar tendencias, comparar biotipos, conocer alternativas genéticas y tomar decisiones que pueden transformar la productividad de sus hatos.
Edinson Salazar, ganadero del sur de Bolívar dedicado a la cría de animales comerciales, puros y de doble propósito, asistirá a la feria en Montería con esa visión.
Para él, estos espacios representan la oportunidad de compartir con su familia una pasión que recibió de su padre y que hoy busca transmitir a las siguientes generaciones. Pero también le permiten encontrarse con otros productores, intercambiar saberes, analizar las expectativas del sector y conocer hacia dónde avanzan las razas de su interés.
Uno de los elementos que más valora es la explicación de los jueces. Aunque reconoce que no siempre coincide con los resultados de los juzgamientos, considera que escuchar sus argumentos aporta nuevos conceptos y le ayuda a definir el tipo de animal que debe buscar para producir más y mejor.
La feria también le permite acceder a ofertas de maquinaria, insumos, nuevas tecnologías y alternativas para adquirir genética. Su reflexión resume la utilidad que estos eventos deberían tener para cualquier productor: a una feria no se va únicamente a competir; también se va a aprender, comparar y orientar el rumbo de una ganadería.
Esa idea resulta especialmente importante. El valor de estos encuentros no debería medirse exclusivamente por el número de animales premiados, sino por la cantidad de conocimiento que los asistentes logren llevar de regreso a sus fincas.
Una observación realizada desde la gradería, una conversación con otro productor, la explicación de un juez o el conocimiento de una nueva tecnología pueden traducirse posteriormente en mejores decisiones productivas.
Mejoramiento genético, conocimiento y competitividad
La mirada técnica también confirma el valor estratégico de estos certámenes. Julio Gutiérrez, ex técnico de Asocebú, asesor y juez internacional de razas cebuinas, sostiene que las ferias cumplen un papel fundamental en la economía nacional, el comercio pecuario y el desarrollo rural.
En primer lugar, permiten exhibir animales de alto valor genético y facilitan la comercialización de reproductores, semen y embriones destinados a mejorar la productividad de los hatos. Este intercambio contribuye a que la genética no permanezca concentrada en unas pocas ganaderías, sino que pueda llegar a productores de distintas regiones.
En segundo lugar, generan actividad económica mediante los servicios de hospedaje, transporte, alimentación, logística, publicidad, asistencia veterinaria y comercio. También fortalecen la relación entre productores, inversionistas, compradores y empresas proveedoras de maquinaria, insumos y tecnología.
A ello se suma la transferencia de conocimiento. Los congresos, conferencias, demostraciones y juzgamientos permiten difundir avances en reproducción, nutrición, sanidad, manejo, genética y sostenibilidad.
Los concursos también incentivan a los criadores a evaluar sus programas de selección y a mejorar continuamente sus sistemas productivos. Esta sana competencia puede contribuir a elevar los estándares de calidad, siempre que los resultados de la pista estén acompañados por información objetiva sobre desempeño, fertilidad, adaptación y productividad.
Las ferias, además, son una vitrina para mostrar ante compradores nacionales e internacionales la calidad genética del ganado colombiano. Esa exposición puede facilitar nuevos negocios, abrir mercados y fortalecer la imagen del país como productor de genética adaptada a las condiciones tropicales.
Igualmente, estos encuentros ayudan a preservar el patrimonio ganadero. Al promover razas de importancia económica, productiva y cultural, contribuyen a mantener una identidad pecuaria que forma parte de la historia rural de Colombia.
El reto está después de la feria
Defender la importancia de las ferias no significa desconocer los desafíos que enfrentan. Su legitimidad dependerá cada vez más de su capacidad para acercar la pista a las necesidades reales de los productores.
El sector requiere animales funcionales, fértiles, eficientes, adaptados al trópico y capaces de producir de manera rentable y sostenible. Por ello, los juzgamientos deben continuar evolucionando para valorar no solamente la apariencia exterior, sino también los datos productivos, reproductivos y genéticos que respaldan a cada ejemplar.
De poco serviría premiar animales extraordinarios en su presentación si sus características no pueden ser aprovechadas en las fincas comerciales. El mejoramiento genético adquiere sentido cuando contribuye a elevar la productividad, reducir los costos, mejorar la eficiencia y aumentar la rentabilidad de las familias ganaderas.
También resulta necesario ampliar la participación de pequeños y medianos productores, facilitar su acceso a las actividades académicas y convertir cada feria en una verdadera escuela abierta para el campo.
El éxito de estos eventos no termina cuando se apagan las luces del recinto o se entrega el último campeonato. Su verdadero impacto comienza cuando el conocimiento, la genética y las decisiones comerciales adquiridas regresan a las fincas.
Un punto de encuentro para la ganadería colombiana
Las ferias, exposiciones y festivales ganaderos son mucho más que un espectáculo alrededor de una pista. Son escenarios que reúnen al gremio, movilizan la economía, promueven el mejoramiento genético, facilitan la transferencia de conocimiento y fortalecen los vínculos sociales de una actividad determinante para el campo colombiano.
También son espacios de memoria y relevo generacional. Muchos de los niños que hoy acompañan a sus padres y abuelos en las graderías serán quienes mañana administren las fincas, tomen decisiones productivas y asuman la responsabilidad de continuar modernizando la ganadería.
La 79.ª Feria Nacional Cebú Montería 2026 será, por tanto, mucho más que una vitrina de ejemplares. Será una oportunidad para que los ganaderos del país vuelvan a encontrarse alrededor de su oficio, compartan conocimientos, construyan negocios y ratifiquen su compromiso con el futuro del sector.
Porque en la pista se observan los animales, pero alrededor de ella se encuentran la genética, la empresa, la familia, el conocimiento y la esperanza de una ganadería que sigue trabajando para ser más productiva, competitiva y sostenible.
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