Por: Julia Inés Lema Vélez, zootecnista, magíster en Cambios Globales y Riesgo de Desastres
El sector ganadero colombiano se encuentra ante un escenario que exige decisiones anticipadas y técnicamente fundamentadas. Los más recientes análisis del IDEAM y del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible advierten un incremento sostenido en la probabilidad de ocurrencia del fenómeno de El Niño durante 2026, con una proyección que pasa de un 61% entre mayo y julio, a superar el 90% a partir de septiembre, y con una alta probabilidad de alcanzar una intensidad moderada o incluso fuerte hacia el último trimestre del año.
Este comportamiento climático está asociado históricamente con la reducción de precipitaciones y el aumento de las temperaturas, trae consigo impactos sobre la producción ganadera: disminución en la oferta forrajera, incremento en la demanda hídrica, deterioro de la condición corporal de los animales, aumento del estrés térmico y mayor susceptibilidad a enfermedades. A esto se le suma un riesgo elevado de incendios forestales y afectaciones en la disponibilidad de agua, factores que, en conjunto, comprometen la sostenibilidad de los sistemas productivos si no se abordan de manera oportuna.
En este contexto, cobra especial relevancia la nueva Ley 2474 de 2025, que modifica la Ley 1523 de 2012, marco general de la gestión del riesgo de desastres en Colombia. Esta actualización normativa introduce un elemento que transforma la manera en que se debe entender la gestión del riesgo en el sector pecuario: el reconocimiento explícito de los animales como sujetos de protección en situaciones de emergencia y desastre.
El Artículo 3 incorpora el principio de solidaridad con los animales, estableciendo que todas las personas naturales y jurídicas, tanto del ámbito público como privado, tienen el deber de apoyar acciones de prevención, protección, cuidado y atención de los animales que puedan verse expuestos o afectados por eventos adversos. Este principio no sustituye las competencias de las entidades del Estado, pero sí deja claro que la responsabilidad es compartida y, en el caso de los sistemas productivos, recae de manera directa sobre los productores, tenedores y propietarios.
Para el ganadero, esto implica un cambio, la gestión del riesgo deja de ser una reacción ante la emergencia y pasa a convertirse en un componente de la producción. La disponibilidad de agua, la planificación forrajera, el manejo de la carga animal y las condiciones de bienestar deben ser considerados no solo como variables productivas, sino como elemento de sostenibilidad económica.
En este escenario de alta probabilidad de sequía, la no acción o la preparación insuficiente no solo representan pérdidas económicas, sino que pueden interpretarse como una omisión frente al deber de cuidado establecido en la normativa vigente. La ley, refuerza un principio técnico ampliamente conocido en el sector: “la anticipación es la herramienta más efectiva para reducir pérdidas”.
La evidencia acumulada en eventos anteriores de El Niño ha demostrado que las fincas que implementan medidas de preparación —como el almacenamiento estratégico de agua, la conservación de forrajes, el ajuste oportuno de la carga animal y la provisión de sombra— presentan una mayor capacidad de resistencia y recuperación. Estas acciones, lejos de ser opcionales, se consolidan hoy como prácticas esenciales dentro del enfoque de gestión del riesgo.
El mensaje para el sector es claro: el fenómeno de El Niño no es una posibilidad lejana, sino un escenario altamente probable. La normativa vigente tampoco es un marco abstracto, sino una herramienta concreta que redefine responsabilidades. En este punto de convergencia entre clima y ley, la ganadería colombiana tiene la oportunidad —y la obligación— de fortalecer su capacidad de adaptación.
Prepararse, en este contexto, no es únicamente una decisión técnica acertada; es una condición necesaria para garantizar el bienestar animal, la continuidad productiva y el cumplimiento de las responsabilidades que hoy exige el país.
Checklist práctico para el ganadero frente a El Niño 2026
¿Está su finca preparada para una sequía prolongada? Revise estos puntos clave:
1. Agua
· ¿Cuenta con fuentes de agua suficientes para al menos 2–3 meses?
· ¿Tiene sistemas de almacenamiento (tanques, reservorios, jagüeyes) en buen estado?
· ¿Ha protegido las fuentes hídricas (cercas, control de acceso)?
2. Alimentación
· ¿Dispone de reservas forrajeras (heno, ensilaje)?
· ¿Ha evaluado la capacidad real de carga de su predio en época seca?
· ¿Tiene identificadas alternativas de suplementación?
3. Manejo del hato
· ¿Ha considerado ajustar la carga animal antes de la escasez?
· ¿Monitorea periódicamente la condición corporal de los animales?
· ¿Tiene identificados animales más vulnerables (crías, vacas en producción)?
4. Bienestar animal
· ¿Existen zonas de sombra natural o artificial suficientes?
· ¿Ha previsto medidas para reducir el estrés térmico?
· ¿Cuenta con un plan básico de atención veterinaria en condiciones de sequía?
5. Gestión del riesgo
· ¿Su finca tiene un plan básico de preparación ante sequías?
· ¿Conoce las alertas y boletines del IDEAM?
· ¿Tiene redes de apoyo locales (asociaciones, comités, vecinos)?
6. Prevención de incendios
· ¿Mantiene limpias las áreas críticas?
· ¿Cuenta con herramientas básicas para control inicial de incendios?
· ¿Ha identificado zonas de mayor riesgo dentro del predio?
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