El país superó una campaña electoral tensa como pocas, desde las numerosas precandidaturas a las crisis en algunos partidos, el Centro Democrático entre ellos, hasta la victoria de Abelardo de la Espriella; un outsider que triunfa en un país que no olvida el chasco de Rodolfo Hernández, solo que en este caso… sí ganó la patria milagro.
A pesar de la virulencia de los ataques desde el gobierno mismo, de la descarada participación en política del primer mandatario y de la vergonzosa orientación de recursos públicos para darle algún brillo final al Gobierno del Cambio…, ganó la patria milagro.
Más allá del estrecho margen, reflejo de la polarización que nos recuerda la victoria del NO en el plebiscito y el asalto de Santos a la democracia, en esta ocasión Petro se quedó sin margen para la trampa, gracias a una organización electoral que brilla en el mundo por su eficiencia y transparencia. Aunque Petro, en una suerte de traición a la patria, hizo lo imposible por deslegitimarla y hasta pedir la anulación de las elecciones por una absurda acusación de intervención extranjera, al final…, caló el mensaje de Bernie Moreno y… ganó esa patria traicionada.
Ganó la Patria Milagro de Abelardo y sus propuestas de libertad en todas sus expresiones, de justicia que persiga y castigue el delito, de una economía que, sin olvidar a los verdaderamente vulnerables, entregue menos subsidios y genere más empleos; de seguridad como derecho fundamental y misión del Estado para alcanzar el desarrollo, y de un desarrollo integral, sin sesgos, que logre el milagro de rescatar al campo del abandono, porque la Paz de Colombia pasa necesariamente por la recuperación del campo.
Hacia delante, las expectativas son proporcionales al desastre Petro en frentes como la salud, la situación fiscal, la destrucción del sistema minero energético y de Ecopetrol, la empresa más estratégica del país; la desmoralización de la Fuerza Pública, la crisis de la Inteligencia y el rezago en equipamiento verdaderamente necesario, mientras el país regresa a niveles agobiantes de inseguridad; la deslegitimación de la justicia en medio de negociaciones con delincuentes que dejan las cárceles como gestores de paz para volver a la guerra; y como siempre, el abandono del campo, disfrazado con la entrega de tierras desnudas, sin asistencia, sin crédito, sin salud y educación…, sin vías decentes…, sin nada.
No tengo espacio para tantos vacíos y retos de reconstrucción y avance. FEDEGÁN, por su parte, en representación de los ganaderos y como gremio de la producción agropecuaria, ha preparado un “Libro blanco” que entregaremos al presidente, no solo como testimonio de promesas incumplidas, sino como expresión de nuestras propias expectativas y de colaboración con un gobierno al que le entregamos nuestra confianza.
Porque el milagro no caerá del cielo; será resultado de un liderazgo claro que convoque a los mejores para concebirlo y dirigirlo, y a todo el país para construirlo. Las “patrias milagro” no son un embeleco del presidente electo; existen y son posibles cuando los pueblos se deciden a construirlas.
En esta coyuntura, cómo no recordar la famosa proclama de Ortega y Gasset: “¡A las cosas!... Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias”.
A lo colombiano: Dejémonos de pendejadas y a trabajar por el futuro.
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