A propósito de la monserga del primer mandatario para explicar la caída de la compra de vivienda en el país, en la que además calificó de 'Pendejo el que compre casa hoy', es oportuno develar qué ha pasado con la vivienda para la población campesina. La conclusión es que el sector rural perdió otros cuatro años para ver materializadas sus esperanzar de tener una mayor cobertura de vivienda rural.
Y como ya es costumbre en el comportamiento del gobernante, la culpa es de los demás. Incluso de sus funcionarios, para solapar la ausencia de gestión.
Lo primero que resalta es la reducida meta que se impuso. En Santos (II) la meta de vivienda nueva era de 65.000 unidades; en el gobierno de Duque la meta fue de 36 mil unidades; y en el Gobierno de Petro la meta fue de solo 10.000 unidades. Faltando cinco meses para que culmine su mandato muestra 5.810 viviendas ya terminadas y certificadas, y se han asignado 6.547 subsidios para construcción en zonas rurales.
De otra parte, el ministerio de Vivienda señala que la meta de mejoramiento es la más alta, 400 mil, pero las cifras de su evolución son disímiles. Se indica que han alcanzado a un 10 %.
Lo segundo es que frente a la crisis, el gobernante solo atinó a decir que la crisis tiene origen en la elevada tasa de interés del Banco de la República, que los bancos guardan la plata de los subsidios para ganar intereses, y de Camacol, por no haber advertido de la crisis. Otro funcionario de gobierno argumentó en redes sociales que la plata de los subsidios se lo roban los gobiernos locales.
Un juicioso análisis de Camacol desvirtúa esas afirmaciones a través de la relación de la tasa de interés de los TES y la tasa hipotecaria. Dice que "el crédito hipotecario en Colombia no depende directamente del Banco de la República, sino del comportamiento de los bonos de deuda pública (TES), que reflejan el verdadero costo de financiamiento del país". Y agrega que con un déficit fiscal cercano al 6,4 % del PIB y una deuda pública equivalente al 64 % del PIB, los rendimientos de esos bonos han trepado hasta niveles cercanos al 13,7 %, entre los más altos de las economías emergentes. ¿De quién es, entonces, la culpa?
Lo cierto es que la población rural de Colombia, que supera los 12.5 millones de personas (centros poblados y rural disperso) y conforman 4.1 millones de hogares, registra un déficit habitacional cuantitativo, de 847.000 (el 21.2 %) según el DANE para 2024, y un déficit cualitativo de 1.6 millones (que equivale al 40 %).
En suma, el déficit habitacional en el sector rural es de 61.2 %, que demandan 2.4 millones de hogares del campo. Son cifras escalofriantes que muestran lo poco que el gobierno actual ha andado para cumplir siquiera la exigua meta que se impuso, y sí mucha la frustración de los campesinos. Esto sin contar que el déficit rural y urbano sumados equivale a unos 4,9 millones de hogares en todo el país. Ese es el tamaño de la frustración.
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