Llegando a Houston, donde me encuentro, vi el mensaje de Camila Santamaría y luego recibí una llamada de José Miguel, los hijos de Miguel Santamaria Dávila, que tuvieron el hermoso gesto de compartir conmigo la dolorosa noticia del fallecimiento de su padre.
La noticia de la muerte de Miguel Santamaría, cariñosamente “Miguel” para estas líneas y para mis recuerdos, me estremeció profundamente y, entonces, se agolparon los sentimientos, que iniciaron, cuando lo conocí, por el respeto, hicieron tránsito a la admiración, hasta llegar a la amistad y a un afecto genuino. Aunque la vida nos haya negado más momentos compartidos, su charla era un verdadero deleite.
Miguel fue el primer presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos, FEDEGÁN, después de nacer oficialmente a la institucionalidad gremial colombiana el 13 de diciembre de 1963, y por supuesto que me honra ser uno de sus sucesores.
Con el gracejo muy cachaco que era de su esencia, me contó alguna vez la anécdota de su llegada a FEDEGÁN, cuando, un día cualquiera, a comienzos de 1964, tres amigos, Augusto Espinosa, Oliverio Lara y Pepe Lafaurie –José Vicente, mi padre– aparecieron por su casa a proponerle gerenciar una organización gremial recién nacida. Miguel, quien para entonces no distinguía entre un ternero y un perro grande, preguntó muchas cosas y, entre ellas, por los recursos con que contaría y… por su sueldo. ¡Cómo te parece ala…, no tenían un peso!, me dijo, mientras soltaba una de sus espontáneas carcajadas.
Ya sea por su amistad con quienes lideraban esa iniciativa quijotesca, por intuición o por el reto de organizar el gremio nacional que levantaría la bandera en defensa de la propiedad privada de la tierra, frente a la reforma agraria expropiatoria de los gobiernos liberales de entonces; por lo que haya sido…, Miguel aceptó.
Lo que vino después fue realmente épico. Miguel aplicó su liderazgo y bonhomía para conseguir apoyo de recursos públicos, en una primera aproximación a lo que 30 años después sería la parafiscalidad ganadera. Con esos recursos desarrolló muchos programas y servicios que hoy reseñan los medios a partir de un video que realizamos en su honor hace tres años, cuando le otorgamos la condecoración que, años atrás, habíamos creado con su nombre: La Gran Gruz al Liderazgo Ganadero Regional Miguel Santamaría Dávila.
Porque, a mi juicio, ese fue quizás su mayor logro, el de “constructor de gremios”. Miguel recorrió el país durante diez años, promoviendo a FEDEGÁN como gremio nacional y convenciendo a los ganaderos de la importancia de unirse en comités locales y regionales que, a su vez, confluyeran en la Federación como gremio cúpula.
Así que, más que su primer presidente, Miguel se llevó el honor intacto de haber sido “el gran arquitecto” de FEDEGÁN, su constructor durante la primera década de su existencia, hasta llevar a nuestra Federación al reconocimiento nacional e internacional como el gremio más representativo de la ganadería colombiana.
Esa reconocida representatividad, que el gobierno Santos pretendió desconocer, tiene un nombre: Miguel Santamaría Dávila, razón de más para defenderla con la entereza con que Miguel la construyó.
Quiero destacar otro logro realmente precursor de Miguel: el de unir a los ganaderos con la tecnología de comunicaciones de la época, un propósito que retomé hace varios años y cuya última fase: FEDEGÁN 5.0, lanzaremos en noviembre, en el Congreso Nacional de Ganaderos en Valledupar, un evento donde sentiremos su presencia y, por ello, lo haremos en su honor.
Miguel Santamaría Dávila, presidente emérito de FEDEGÁN; su vida se apagó, pero la luz de sus luchas y realizaciones seguirá iluminando la historia de la ganadería colombiana. ¡Gracias Miguel!
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