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columna

No más marchas

por: José Félix Lafaurie Rivera- 31 de Diciembre 1969

Desconcertante la lectura de la alcaldesa de Bogotá sobre las marchas. Aunque dejó atrás a la candidata vociferante y pendenciera, me recordó un dicho de mi madre: “El que ha sido no deja de ser”, como demostró en la entrevista en que instaló el retrovisor y dejó colar, como quien no quiere la cosa, afirmaciones que no permitían distinguir si quien hablaba era la alcaldesa, un líder del paro o un opositor declarado del Gobierno.

Con su arrogancia mal escondida, insistió en que “Necesitamos que el Gobierno pase de la conversadera a las soluciones…”, y a renglón seguido la amenaza al estilo comité de paro: “… porque de lo contrario la tensión va a seguir”. Veremos si la alcaldesa le soluciona a Bogotá todos sus problemas en cuatro años, como demandan los marchantes que culpan a este gobierno de todos los problemas históricos del país y le exigen soluciones “de fondo”, bajo la amenaza de la protesta permanente.

Indignantes sus reiterativas acusaciones contra su antecesor y el Gobierno Nacional: Que el año pasado hubo estigmatización de las marchas, militarización de la ciudad, toque de queda y un muerto, mientras que las recientes, salvo cuatro excepciones, fueron pacíficas y “creativas”. Ya vimos los estragos de esas excepciones, y no le queda bien a la alcaldesa desconocer la violencia de las marchas de 2019 y cuestionar las decisiones adoptadas.

Otra afirmación no menos sorprendente: que “los asesinatos son por los incumplimientos de los acuerdos de paz”, desconociendo los esfuerzos del gobierno y la realidad del narcotráfico como causa de la violencia. Y la tapa, que ameritaría investigación disciplinaria, cuando menos, y es inconsistente con su “afectuoso” apoyo a la Policía: En esta ocasión –dijo–, “No se vio al ESMAD asesinando jóvenes y agrediendo al ciudadano”; tremenda acusación, proviniendo de la actual jefe de la policía bogotana.

Eso sí, tuvo que reconocer que los vándalos son infiltrados, organizados para generar violencia y, lo más grave, que hay alguien detrás de ellos. ¿De dónde vienen?, se pregunta. ¿Será que la alcaldesa no lo sabe?

Yo marché en 2008 contra las Farc, la más multitudinaria manifestación de nuestra historia, y lo haría nuevamente, pero en una que repita, con tonito golpeado de protesta callejera: No-más-marchas/no-más-marchas/no-más-marchas.

Millones de colombianos que quieren y necesitan trabajar, que quieren estudiar, que necesitan algo de tranquilidad en el azaroso ajetreo de las grandes ciudades, están hastiados de las marchas y de su violencia, literalmente “mamados”, si se me permite el colombianismo, y eso no quiere decir que no estén inconformes con los asesinatos de líderes, el desempleo, la inequidad, la corrupción y tantas cosas por las que se debe protestar, es cierto, pero a la vez proponer soluciones, más que hacer exigencias con la amenaza expresa del paro, y la soterrada de la violencia y el caos.

No creo en la protesta como arma vindicativa de enemigos políticos derrotados; no creo en la protesta como chantaje extorsivo a las autoridades, ni como alternativa de cabildo abierto para imponer condiciones y decisiones al gobernante, elegido “para gobernar” a través de la institución democrática del sufragio. ¿Cuántos marchantes que hoy reivindican el derecho a la protesta callejera habrán hecho uso de su derecho al voto?

Finalizo con una protesta pacífica desde estas líneas. Basta ya de permitir la agresión impune a la Fuerza Pública. En lo personal, esos policías que vimos acorralados por vándalos, son colombianos humildes y con derechos. En lo institucional, la Fuerza Pública es el baluarte de la democracia y no merece el escarnio, sino el respeto de la sociedad.

@jflafaurie