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columna

Reforma agraria llamada desastre

por: Fernando Londoño- 31 de Diciembre 1969

Lo primero que se pregunta el lector de la Reforma Agraria Integral del Acuerdo Final, es por qué ha de tratarse ese tema con los que de campo no han hecho más que robar tierras, maltratar campesinos, secuestrar sus hijos, asaltar y quemar y robar aldeas, destruir bosques, convertir ríos en lodazales inmundos, extorsionar dueños de fincas. ¿Por qué?

Lo primero que se pregunta el lector de la Reforma Agraria Integral del Acuerdo Final, es por qué ha de tratarse ese tema con los que de campo no han hecho más que robar tierras, maltratar campesinos, secuestrar sus hijos, asaltar y quemar y robar aldeas, destruir bosques, convertir ríos en lodazales inmundos, extorsionar dueños de fincas. ¿Por qué?  

La segunda curiosidad tiene que ver con las maravillas que se prometen y que no ha intentado en seis años el gobierno que ahora encuentra el filón áureo que consiste en que haciendo todo lo que no hizo se acaba el conflicto. ¿Por qué?   La tercera cuestión es el tema central del problema. ¿Cuál es el desarrollo agrario que Colombia necesita? Ahora, al cabo de tantos años de reformas inútiles, costosas, fracasadas, enderezadas obsesivamente a repartir tierras improductivas para fabricar y distribuir miseria, volvemos al comienzo. La misma prédica, la misma demagogia, la misma violencia contra los que producen, como hace 60 años. ¡Increíble!   Para los que no están en el corazón del asunto, y para recordárselo a los estudiosos y entendidos, Colombia es uno de los pocos países del mundo con tierra y potencial productivo para aliviar la hambruna que se cierne sobre el mundo. Tenemos millones de hectáreas para convertirnos en superpotencia agraria; recursos hídricos para ganar la próxima batalla del mundo, que será la del agua; selvas y bosques para sustentar la vida de muchas generaciones; y gente laboriosa, campesinos amantes de su faena, vocación para producir, para sembrar, para convertir el campo, sin mentiras ni trampas, en la gran locomotora del desarrollo, de la riqueza, de la prosperidad de verdad.   Pues llénense de santa ira, lectores amigos, si de nada de eso trata esta “Reforma integral”. Al contrario, van repartir la tierra de los que la tienen y la usan para darnos comida. La cuota inicial es de 3 millones de hectáreas –todas las sembradas en el país no pasan de 5-, que se conformarán con un banco de tierras alimentado de unos cuentos que nada valen, y de lo que sí vale, la expropiación forzada de las que no están cumpliendo su tarea productiva y ecológica. Adivinen a quiénes les van a quitar la tierra y a quienes se las van a regalar.   La segunda cuota para formar el banco viene en 7 millones de hectáreas, que formalizarán la propiedad de la tierra. La rapiña completa. Las tierras formalizadas serán las de los campesinos que se sometan a las Farc y al Gobierno que las representa. La ocupación de los otros, de los campesinos independientes, luchadores, que han heredado posesiones por generaciones, irán al trasto de la basura.   Robo de la tierra a grande escala, pues. Y viene la corona. Porque a esas nuevas propiedades “campesinas, familiares y comunitarias” se les destinarán 25 planes que se van a “crear e implementar” de inmediato, nadie ha dicho con qué dinero y nadie se ha preguntado con cuáles destinos productivos. Se trata de billones de pesos dedicados al latrocinio y a la demagogia: energía (la que las Farc destruye con las torres de conducción); vías terciarias, que pasan por arte de magia de los municipios a la Nación, sin que nadie pregunte cuánto vale el chiste; casas campesinas gratuitas; tecnología de origen incierto, pero, claro, gratuita; pensiones de jubilación, sí señores, pensiones a todos los campesinos en edad de merecerla, sin cotizaciones, que es lo bueno; comercialización por cuenta del Estado, sin que se sepa qué pasa con las imperfectas cadenas actuales; alimentación de primera para todos, educación universal de alta calidad, salud extendida, riego, drenajes y conectividad por internet. Todo, no faltaba más, en el marco de aquella economía agraria familiar y comunitaria.   ¿Cuánto vale esa feria? No importa. ¿De dónde saldrá la plata? Para qué hacer preguntas necias. ¿Por qué no intentó hacer eso Santos en los 6 años de su estéril Gobierno? Preguntas necias y mal intencionadas.   Algunos expertos les han echado números a estas promesas para formar la economía rural comunista. Son tantos billones que no caben en las calculadoras.   Por supuesto que no queda un centavo para nada más. Para desarrollar la Altillanura, 12 veces el Valle Geográfico del Cauca, nada. Para La Mojana, la tierra más fértil del mundo, nada. Para los Llanos todos, esperanza de la humanidad, nada. Para reforestar las montañas que el narcotráfico ha destruido, ni un peso. Para proteger y recuperar los ríos destruidos, ni un céntimo.   Y para lo demás tampoco. Seguridad, Justicia, Salud, Educación, Ciencia, Deporte, que esperen unas cuantas generaciones. Primero el comunismo.   Todo esto, ya se hizo. El mismo discurso de Cuba, Corea del Norte, la China comunista, Venezuela. Resultado: HAMBRE. Fórmula vieja y conocida. Esa es la Reforma Estructural Agraria del Acuerdo Final. ¿Les gusta?