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columna

Resucitar a Venezuela

por: Miguel Gómez Martínez- 31 de Diciembre 1969

La salida de la crisis política venezolana no es solo un asunto de justicia.

A medida que se abre una luz de esperanza en el caso de Venezuela, muchos colombianos están recordando que el vecino país fue en una época nuestro segundo socio comercial después de Estados Unidos. Era en los años dorados del chavismo cuando, a medida que se iba destruyendo el tejido productivo producto de las erróneas decisiones económicas, se dispararon la compras a Colombia de todo tipo de bienes.   En el 2008, les exportamos USD 6.091 millones y la balanza comercial entre los dos países fue favorable a Colombia en una cifra de USD 4.951 millones. Para tener un punto de referencia, ese mismo año la balanza comercial con Estados Unidos nos fue positiva en USD 3.315 millones.   El populismo chavista y luego madurista, solo era posible con la chequera cargada de petrodólares. A Chávez le tocaron las ‘vacas gordas’, con precios del petróleo muy por encima de los promedios. En junio del 2008, la cotización del Brent llegó al nivel histórico de USD 139 el barril. El chorro de dinero permitía todas las locuras económicas que hoy tienen a Venezuela en un nivel de pobreza inimaginable.    Pero, lo importante es señalar que, con petróleo costoso o sin este, Colombia y Venezuela son economías complementarias. Ello implica que la suerte de una de ellas se refleja en la otra. El vecino país no es solo una potencia en la producción de hidrocarburos, sino que es una nación particularmente dotada en riquezas mineras y con una importante capacidad de producir hierro, acero y aluminio entre otros productos. 

Todo ello fue destruido en la locura del chavismo-madurismo, pero los recursos están ahí y requieren un proceso de reinversión que los vuelva a poner en capacidad de producción. Su agricultura ha sido menos dinámica, a pesar de los esfuerzos que se hicieron en unas épocas por ‘sembrar el petróleo’, realizando ambiciosos programas para desarrollar actividades en el campo. Tenía turismo e inmigración cuando a Colombia no venía nadie por el miedo y la ausencia de infraestructura hotelera. Caracas era la base de las grandes multinacionales extranjeras que operaban en la región. 

Todo eso desapareció, pero volverá en la medida en que se despeje el futuro político y se liberen de la dictadura de los salvajes que han drenado a ese rico país de todo su potencial de expansión. Nada de eso será posible de la noche a la mañana.   Es ahí donde existe una oportunidad de oro para nuestro país. Tenemos que ser actores principales del proceso de resurrección de Venezuela. Hay infinitas posibilidades para invertir, exportar y crear negocios bilaterales. No olvidemos que, por razones geográficas, Venezuela y Ecuador son nuestros únicos mercados naturales, pero el comercio con Ecuador ha sido siempre inestable y marginal.

Si Venezuela resucita, el tema de la migración de millones de sus ciudadanos regresará a una situación manejable. Para nosotros implicaría una menor presión de gasto en un momento donde se requiere recortar presupuesto. Una Venezuela que se recupere es una muy buena noticia para nuestra economía.

La salida de la crisis política venezolana no es solo un asunto de justicia. Demasiado han sufrido nuestros vecinos por las consecuencias de ese gobierno de ladrones ignorantes y liberticidas. Ya es hora de que cese esa horrible noche.    Portafolio, febrero 12 de 2019