La historia política de Colombia ha estado marcada por presidentes provenientes de diversos sectores de la vida nacional: abogados, economistas, académicos, empresarios, militares y dirigentes políticos de carrera. Sin embargo, pocas veces el sector ganadero había sentido tan cerca la posibilidad de llegar al Palacio de Nariño con uno de los suyos, con un hombre que conoce desde la cuna las realidades del campo colombiano y que lleva en la sangre la tradición productiva de una de las actividades más importantes para la economía nacional.
La contundente victoria obtenida por Abelardo Gabriel de la Espriella Otero en las elecciones del pasado domingo ha generado entusiasmo en amplios sectores de la sociedad, pero especialmente en el gremio ganadero. No es para menos. Abelardo no solamente es un reconocido jurista y dirigente político; es también ganadero, hijo de ganaderos Son Abelardo de la Espriella Jurisdicción y Doña María Eugenia Otero Aldana ambos oriundos del departamento de Córdoba , siendo Abelardo Gabriel heredero de una tradición profundamente ligada al desarrollo rural del país.
Quienes conocen el campo saben que la ganadería no es simplemente una actividad económica. Es una forma de vida. Es levantarse antes del amanecer para recorrer potreros, atender animales, enfrentar sequías, inundaciones, inseguridad y mercados cambiantes. Es comprender las dificultades de producir en regiones donde muchas veces el Estado llega tarde o simplemente no llega.
Por ello, para miles de productores del país resulta significativo que quien aspira a gobernar Colombia comprenda de primera mano esas realidades y no desde la comodidad de una oficina en Bogotá. El triunfo electoral de Abelardo Gabriel de la Espriella representa para muchos la esperanza de que el sector agropecuario vuelva a ocupar un lugar prioritario dentro de las políticas públicas nacionales.
Pero si importante es el candidato presidencial, igualmente valiosa resulta la escogencia de su compañero de fórmula. La presencia de José Manuel Restrepo Abondano en la candidatura a la vicepresidencia constituye una garantía de solvencia técnica, experiencia administrativa y conocimiento económico.
Restrepo ha demostrado a lo largo de su trayectoria profesional una capacidad excepcional para interpretar los desafíos económicos del país. Su experiencia en el sector público, sumada a su reconocida formación académica, complementa de manera ideal la visión de liderazgo y carácter que representa Abelardo de la Espriella.
La fórmula parece reunir dos elementos que hoy reclaman millones de colombianos: firmeza para enfrentar los problemas nacionales y conocimiento para administrar correctamente los recursos del Estado. No se trata únicamente de discursos o promesas de campaña; se trata de experiencia, preparación y capacidad de ejecución.
En las regiones ganaderas del Caribe, de los Llanos Orientales, del Magdalena Medio, del Urabá, del Cesar, de Córdoba y de Sucre, se percibe un ambiente de optimismo. Los productores sienten que por primera vez en mucho tiempo sus preocupaciones podrían ser escuchadas directamente desde la Casa de Nariño.
La seguridad rural, la protección de la propiedad privada, el fortalecimiento de las cadenas productivas, la apertura de nuevos mercados internacionales, la tecnificación del campo y el impulso a la infraestructura rural aparecen como temas centrales dentro de las expectativas que despierta esta candidatura.
Por supuesto, los desafíos son enormes. Colombia atraviesa momentos complejos desde el punto de vista económico, social e institucional. Ningún gobierno tendrá soluciones mágicas. Sin embargo, existe la percepción de que la combinación entre el liderazgo de Abelardo Gabriel de la Espriella y la experiencia económica de José Manuel Restrepo puede constituir una alternativa sólida para enfrentar las dificultades que vive la nación.
Los ganaderos colombianos saben que el progreso del país depende en gran medida del fortalecimiento del campo. Cuando el productor rural prospera, también prosperan los transportadores, los comerciantes, los trabajadores y las comunidades enteras que dependen de la actividad agropecuaria.
Por eso, tras la victoria electoral del pasado domingo, el sector ganadero respira con mayor tranquilidad y observa con esperanza el futuro inmediato. Muchos sienten que ha llegado la hora de que la voz del campo tenga una representación auténtica en los más altos escenarios del poder nacional.
La segunda vuelta será decisiva. Allí se definirá el rumbo de Colombia para los próximos años. Entretanto, el gremio ganadero parece haber encontrado una causa común y una bandera alrededor de la cual unirse. La de un hombre que nació entre ganados, que conoce las dificultades de producir en Colombia y que hoy se perfila como la gran esperanza de millones de colombianos que creen en el trabajo, la productividad y el desarrollo del campo como motores fundamentales de la nación.
Quizás por primera vez en mucho tiempo, los ganaderos sienten que uno de los suyos está a las puertas de la Presidencia de la República.
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