En un par de columnas recientes me he referido a la productividad y competitividad de la ganadería de leche y a la de carne, tomando como base la productividad por vaca en lactancia y la productividad individual por cabeza del hato total, los cuales miden la capacidad del inventario ganadero nacional completo para generar leche y carne en un periodo de un año. El propósito es el de dar a conocer en dónde está parada nuestra ganadería y su capacidad de competir interna e internacionalmente, bajo la óptica de mirarnos el ombligo, de la cerca hacia adentro.
Con ese mismo derrotero hoy quiero darle un vistazo a la ganadería doble propósito (DP) cuyo peso en nuestra ganadería bovina es relevante, con cifras que bien vale la pena destacar y que obligan a plantear estrategias novedosas para que esta ganadería se fortalezca por su imperativo socioeconómico.
Los indicadores productivos del Doble Propósito no se pueden contrastar directamente con los de lechería especializada y carne que, por su naturaleza, se beneficia de lo mejor de ambas al producir, en una misma actividad, carne, leche, vender terneros, producir quesos y aportar al sacrificio que pueden llegar a ser altamente rentables y sostenibles. Así lo sugiere su dimensión en cuanto al número de predios y productores y por los volúmenes de producción, por lo que resulta imperativo conocer las brechas de su eficiencia promedio frente a las fincas Doble Propósito tecnificadas.
En términos de tamaño del hato, por ejemplo, el DP aporta al inventario nacional el 43,6 % —alrededor de 13 millones de cabezas, de un total nacional aproximado de 30 millones, cerca de la mitad de toda la ganadería bovina—. Le sigue la cría (30,4 %), la ceba (12,4 %) y la lechería con el 8 %.
Del total de predios en ganadería bovina, 320 mil se destinan al DP, es decir el 43,5 %. Y en cuanto a empleo, genera el 48 % del total (530 mil de 1.100.000 empleos que genera toda la ganadería bovina).
Respecto a la producción de leche cruda se estima que entre 4.600 y 4.800 millones de litros al año (2025) provienen del DP, que equivale al 57 % del total (8.405 millones de litros de leche). En carne ocurre otro tanto.
Ahora bien, pasemos a algunos indicadores del DP. La productividad promedio de una vaca DP se sitúa entre 1.200 y 2.000 litros por lactancia al año, en razón a que la producción diaria está alrededor de 6 litros por vaca al día (se estima entre 4 y 8 litros), con un período de lactancia de 240-270 días.
En sistemas con bajo nivel técnico (explotaciones tradicionales), el promedio se ubica por debajo de 1.200 litros por vaca al año, debido a pasturas degradadas y nula suplementación. En sistemas tecnificados se superan los 1.800 hasta 2.500 litros vaca/año. Aquí estamos hablando de un mejor manejo de pasturas y cruzamientos genéticos, que podrían incrementar la productividad, y por ende los ingresos, en un 25 %.
Otros indicadores que reducen la eficiencia del DP son: el intervalo entre partos, que se sitúa en el rango de 450-550 días, y la edad al primer parto, que es de 36 meses de vida en terneras de reemplazo.
Las tareas para elevar la eficiencia del DP en el campo técnico son de gran envergadura, no sólo por el número de predios dedicados a esta actividad y su dispersión, las cuales pasan por elevar su rentabilidad. Se trata de pasar del DP tradicional al DP tecnificado.
Uno de los mecanismos es la asociatividad. Un modelo son las cooperativas de segundo grado (pequeños productores se unen en asociaciones locales, y estas a su vez, se agrupan en una federación regional - segundo grado), para adquirir poder de negociación en insumos y negociar directamente con las procesadoras. También están los contratos de proveeduría (en lo que denominan anclaje agroindustrial), la búsqueda de sello original, además de crédito acorde a las condiciones de producción.
Hasta aquí no he señalado obstáculos como la inseguridad, el contrabando las importaciones y los costos, que merecen capítulo aparte, pero por la magnitud del Doble Propósito y por su relacionamiento socioeconómico en la ruralidad, hay que darle el lugar que se merece dentro del sector agropecuario y dentro la economía nacional. Es una joya en bruto que, unida al tesón de los pequeños ganaderos, podría tener crecimientos insospechados y en una oportunidad rentable para que la gente regrese al campo.
La ganadería de Doble Propósito es una joya en bruto que, unida al tesón de los pequeños ganaderos, podría tener crecimientos insospechados y convertirse en una oportunidad rentable para que la gente regrese al campo.
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