Alfonso Santana Díaz

Una productividad que sonroja

Por Alfonso Santana Díaz - 23 de Julio 2026


¿Qué tanto responde la ganadería bovina de Colombia a las exigencias de la competitividad tanto interna como internacional, una vez superadas, hipotéticamente, las barreras estructurales que agobian al campo colombiano? Es un ejercicio que, además de evaluar la marcha de nuestro negocio y de compararnos para saber dónde estamos parados, resulta útil al solicitar políticas públicas focalizadas para maximizar su impacto o que impulsen un modo de producción, por ejemplo.

En una columna anterior destaqué la necesidad urgente de mirar en una ganadería lechera, cómo es el tema de la cerca hacia adentro (Mirarnos el ombligo), para tener una lectura comparada en productividad por vaca en lactancia a nivel internacional medida como producción de litros/vaca/año.

Ese ejercicio dejó al descubierto la brecha de eficiencia de nuestro hato lechero frente a sus principales competidores. Mientras Colombia registra una producción de alrededor de 3.200 litros/vaca/año (2025), en Argentina es de 7.000; en Chile, un poco más de 6.000; en Uruguay, 5.600; en Costa Rica 4.500; y en México alrededor de 3.500 litros/vaca/año. Respecto a Estados Unidos la brecha de productividad promedio es gigantesca: 10.830 litros/vaca/año, ¡3.4 veces la de Colombia!

En esta oportunidad traigo un dato relacionado con la producción de carne que resulta igualmente preocupante. Se trata del indicador de productividad individual por cabeza del hato total –no equivale a la carne que produce un solo novillo de engorde–. Es un indicador macroeconómico y de eficiencia general que mide la capacidad del inventario ganadero nacional completo para generar carne en un periodo de un año.

Tomando las estadísticas de los años 2015 a 2025, que procesa juiciosamente la Oficina de Planeación de Fedegán-FNG, la productividad de carne bovina en Colombia se sitúa entre 32 y 36 kg en canal equivalente por cabeza al año. Productividad que se mantuvo estable en el lapso 2015 - 2020. A partir de allí aumentó 4 kilos.

Este indicador, comparado con el que registra Brasil (que es nuestro competidor directo en los mercados internacionales) y con el de Argentina, muestra una gran brecha de productividad en contra de Colombia. En Brasil este indicador oscila entre 45 y 48 kg y en Argentina varía entre 55 y 57 kg. En otras palabras, estamos por debajo de Brasil en 12 kilos de productividad individual por cabeza del hato total –algo así como un 25 %– y aún más lejos de Argentina: 21 kilos (37 % por debajo); Uruguay registra 52 kilogramos; México, 62 kilogramos, Unión Europea, 93 kilogramos; y Estados Unidos, 113 kilogramos. Estos datos evidencian que tenemos un hato total, altamente ineficiente.

Y cuáles son esos factores que hacen ineficiente a nuestro hato. Podemos resumirlos en tres. Baja tasa de extracción. Si el inventario total es muy grande, pero se sacrifican pocos animales al año, la productividad por cabeza cae. En nuestro caso durante el período 2015 - 2025 pasamos de tener un stock de ganado de 22.5 millones de cabezas a cerca de 30 millones de cabezas, es decir que aumentamos el hato en 33 % (independientemente de cuáles hayan sido la causa de ese aumento), en tanto que nuestra tasa de extracción se movió en esa década entre 21 y 17 %, aun incluyendo el sacrificio ilegal.

Pero también tenemos baja eficiencia reproductiva. Mantener, por ejemplo, vacas paridas cada dos años en lugar de cada año, eleva el inventario total (denominador) sin aportar nuevos animales al sacrificio a corto plazo, además de generar altos costos de alimentación y retraso en el retorno del capital del ganadero.

Un tercer factor es la edad al sacrificio. Si un novillo tarda 4 o más años en llegar al peso de faena (debido a sistemas extensivos o pasturas de baja calidad, por ejemplo), este animal "ocupa un puesto" en el inventario durante demasiado tiempo, diluyendo la eficiencia del stock.

Para darnos una idea del impacto de estos factores, la edad al sacrificio en Brasil es de 24 a 36 meses y en Argentina entre los 18 a 26 meses. La Tasa de Extracción Promedio en Brasil oscila entre 20 y 22 %; y en Argentina entre 24 y 26 %. En Colombia la edad al sacrificio promedio se acerca a 40 meses y la tasa de extracción oscila entre el 14 y el 20 %. Esas son grandes brechas de competitividad que no se pueden ignorar.

Claro, son modelos de producción diferentes. Mientras en Colombia se tiene una estrecha dependencia del clima (estacionalidad de lluvias/sequías), ciclos de engorde largos (36 a 42 meses) debido a pasturas tropicales de baja digestibilidad y un inventario con alta proporción de ganadería de doble propósito (carne y leche) que ralentiza la producción cárnica especializada; en Brasil, su ganadería es mayormente a pasto (Cerrado), aunque tiene áreas rezagadas, sus zonas tecnificadas de ciclo corto compensan los promedios globales (y aun así es el mayor exportador mundial). Argentina por su parte, registra alta eficiencia reproductiva (menos vacas improductivas), destete precoz generalizado y un alto uso de corrales de engorde (feedlots) que aceleran la terminación del animal.

La conclusión es que estamos patinando en productividad bovina. No se desconocen los avances que se ha logrado Colombia en comercio internacional de ganado en pie y carne y vísceras, o en los sistemas silvopastoriles, que son ejemplo a nivel mundial, o en el mayor uso de genética, que registran cifras importantes en volumen y en ingresos en dólares, pero los indicadores expuestos demuestran que, en la última década, la productividad bovina promedio en Colombia ha estado estancada, y hemos logrado un comercio internacional basado en volumen (más cabezas de ganado) y más litros de leche, pero sigue rezagada en eficiencia por animal y hectárea frente a países líderes. Además, productividad significa ingresos, baja productividad, pérdidas.

La tarea hacia delante es muy grande al interior de las fincas. Tener vías, inversiones en capital fijo, disponibilidad de crédito, etc., son un valioso aporte, pero el productor es el centro de su propio negocio y deberá hacer uso de tecnologías para cerrar brechas de productividad y eficiencia. La gran ventaja que nos han cogido empresarios de otros países exige redoblar nuestros esfuerzos, más ahora cuando ingresamos a un gobierno que impulsa la iniciativa privada y que no hará la tarea que le compete al productor.


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