Así creció el emprendimiento de Aprisco Villa La Esperanza

Por: 
CONtexto ganadero
13 de Agosto 2018
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Astrid Orjuela en una granja de caprino de la Comunidad de Madrid. Foto: elmundo.es - Bernardo Díaz
Emprendimiento + crédito = negocios que se hacen grandes con el tiempo
 
Hace 24 años Astrid Orjuela y su esposo, Salomón Orozco, cansados del ritmo de la ciudad (Bogotá), decidieron buscar un terreno a las afueras para descansar los fines de semana. Compraron casi una fanegada en el municipio de Subachoque, uno de los lugares más apetecibles por quedar cerca de Bogotá -a unos 40 kilómetros-, que ofrece al mismo tiempo, las ventajas de la vida del campo. La finca tenía un nombre: Villa La Esperanza. Así relata el inicio de este emprendimiento María Paulina Ortiz, en una nota del elpais.com, publicada en diciembre de 2017.
 
La primera cabra que tuvieron -que no debía ser más que una mascota-, les cambió la vida.
 
Astrid la llamó Princesa. Y la crió en su propia habitación, junto a la cama en la que dormía con su marido. Pero estaba "muy solita", así que después vino Lucy. Y luego Pierre...
 
Durante años, aunque llegaron a ser muchos, sólo fueron animales de compañía. Astrid les hacía su propio establo a todas con su nombre sobre la puerta y su propio comedero y su agua. "Como un apartamento para cada una», bromea. "Hasta cunas les hacemos. Le digo a mi esposo: 'Hágame una cunita para esta cabrita... le ponemos paja y la criamos allí'...", cuenta Astrid.
 
De acuerdo con su esposo, Astrid es una mujer emprendedora y cabeza del negocio. Es contadora, y nunca abandonó su profesión. Pero cuando creció el número de cabras en la casa, aprendió a ordeñarlas para al menos consumir la leche que producían. Poco a poco empezó a vender algo de leche a los vecinos. Y, casi sin saber cómo, aumentaron las ventas y se corrió la voz entre algunas de las mayores empresas de Colombia de la enorme calidad que tenía el producto de su finca, a la que le agregaron el nombre de Aprisco Villa La Esperanza.
 
Fue en ese momento, hace ya más de 10 años, cuando su formación en contabilidad le permitió ver en aquello un negocio, señala Miguel G del Corral en otra nota que se publicó en elmundo.es recientemente. De forma que pidió un crédito de cinco millones de pesos -unos 1.400 euros- a Bancamía, la entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA, para acondicionar los establos y empezar a criar de una forma más profesional.
 
En poco tiempo, y con la ayuda de tres préstamos más de cerca de 7.500 euros -señala esta última nota-, compró algo de tecnología, profesionalizó las rutinas -sin mecanizar el ordeño- y colocó su leche y los ejemplares de cría que vendía en Colombia y otros países de Latinoamérica entre los más prestigiosos del país. "Tengo a todo el ganado con su certificado sanitario, control de brucelosis, encefalitis... ¡todo!", cuenta Astrid con devoción por sus animales en cada frase que lanza. "Yo quisiera trasplantarles el corazón si fuera necesario, todo, con tal de que no se me mueran mis nenas -dice-. Ni una sola de mis cabras fue al matadero. Todas se mueren de viejas en la finca".
 
Pero Astrid no quiere quedarse ahí. Colombia no tiene un banco de semen caprino ni una raza de producción propia que se pueda adquirir en el país. Quien quiera comenzar con su propio rebaño depende de las importaciones. Lo que ella ha conseguido tras años de trabajo y cruzamientos muy bien escogidos es una gran línea de producción que procede de una mezcla de las razas Toggenburg y Alpina. Pero tuvo que traer material genético -semen- desde Francia y los animales vivos -"en pie", dice- de EEUU.
 
Y eso mismo es lo que quiere evitar Astrid con su próximo proyecto: crear un centro tecnológico de recogida de semen de macho cabrío para mejorar las razas y poder tener sus propios animales mejorantes. "Sería un sueño para nosotros", reconoce. "Queremos tener nuestros propios machos, nuestra propia sangre. Que los criadores no dependan de las importaciones para abrir sangre", explica.
 
De una mascota a crear un centro tecnológico
 
Ese sueño de Astrid está cada día más cerca de hacerse realidad. Y, de la misma forma que aprendió a ordeñar y criar animales sin tener una formación previa, ahora está en el proceso de aprendizaje de los métodos de los centros de selección, mejora genética y reproducción más modernos. En esa búsqueda, Astrid visitó, durante un viaje a Madrid de la mano de la Fundación Microfinanzas, una granja situada en la sierra madrileña donde pudo intercambiar dudas y métodos de trabajo con expertos españoles.
 
Allí tienen 9.000 reproductores de esta raza en 23 ganaderías de Madrid y Castilla y León, un número que no le permite salir de la consideración de "en peligro de extinción". Pero el origen de esta línea animal está también en un cruce de razas en su momento exóticas. "Hace más de 200 años se cruzó una cabra de angora que le regalaron al entonces rey Carlos III con la cabra que había en la zona centro de la Península y de ahí viene esta raza que tenemos hoy en día", explica Paloma Díez de Tejada, veterinaria de la Asociación de Criadores de Caprino de la Raza del Guadarrama.
 
Ahora, con un objetivo distinto al de Astrid en Colombia, los expertos españoles también trabajan para mejorar la raza y para poner a disposición de los productores estos animales con la mayor calidad posible. "En el Centro de Selección y Reproducción Animal (Censyra) de Colmenar Viejo estamos seleccionando los animales mejorantes, y de momento hemos conseguido uno...", reconoce la veterinaria. "¡Pues bien!", espeta Astrid con rapidez. "Nosotros no tenemos ninguno aún. Es precisamente lo que queremos hacer ahora". A esa búsqueda de la perfecta cabra colombiana está entregando su vida Astrid. Y nada hace pensar que no pueda conseguirlo pronto.
 
Sólo una idea de negocio como garantía
 
"A mí ahora me llaman del banco de Subachoque ofreciéndome créditos, pero yo no quiero", cuenta Astrid. Ella valora ahora la facilidad con la que le prestaron el dinero en Bancamía, la entidad de la Fundación Microfinanzas del BBVA, cuando no tenía nada más que una idea como garantía. En América Latina el 49% de la población está excluido del sistema financiero por la carencia de garantías. Según el Banco Mundial, el 77% de los que salen de la pobreza lo hace gracias a la iniciativa individual y al emprendimiento, pero el principal obstáculo al que se enfrentan es precisamente la imposibilidad de conseguir un crédito que les permita hacer realidad una idea.
 
Tomada de: El milagro de la cabra colombiana elmundo.es Por: Miguel G. Corral