Entre el saber popular y la ciencia meteorológica, las cabañuelas siguen vivas en el campo colombiano como una forma ancestral de anticipar lluvias y veranos. Mientras comunidades rurales observan el sol y la lluvia de enero, el Ideam insiste en la importancia de acudir a modelos técnicos para la toma de decisiones en el sector agropecuario.
Al cierre de cada año y en los primeros días de enero, las tradiciones populares vuelven a cobrar protagonismo en muchos hogares colombianos. Más allá de rituales conocidos como usar ropa amarilla o comer doce uvas a medianoche, persiste un conocimiento ancestral que busca anticipar el comportamiento del clima: las cabañuelas. (Lea en CONtexto ganadero: Ganaderos creen más en las cabañuelas que en el Ideam)
En Colombia, este término hace referencia a la creencia de que los primeros doce días de enero permiten prever cómo será el clima durante los doce meses del año. Por eso, no es extraño que en zonas rurales se observe con atención la salida del sol, la presencia de lluvias, el viento o la nubosidad en cada jornada.
Este sistema de observación empírica ha sido utilizado históricamente por comunidades campesinas e indígenas como una herramienta para planear siembras, cosechas y labores del campo. La lógica es sencilla: el 1 de enero representa el clima del primer mes del año, el 2 de enero el de febrero, y así sucesivamente hasta el 12, que correspondería a diciembre.
La tradición también está profundamente ligada a la cultura llanera. En la música, por ejemplo, las cabañuelas aparecen como parte del saber del hombre de campo. El cantante Cholo Valderrama lo menciona en uno de sus versos al señalar que el quinto día de enero refleja el clima de mayo, en su canción Mañana me voy pa’ Pore, una muestra de cómo estas creencias siguen presentes en la vida cotidiana del Llano.
¿Qué son las cabañuelas de retorno?
Para muchos observadores, el ejercicio no termina el 12 de enero. Existe una segunda fase conocida como las “cabañuelas de retorno” o inversas, que va del 13 al 24. En este periodo, la lectura se hace de manera descendente: el 13 de enero se asocia con diciembre, el 14 con noviembre y así sucesivamente hasta llegar nuevamente a enero el día 24.
Según quienes practican este método, esta segunda etapa sirve para confirmar, ajustar o matizar lo observado en los primeros días del año, reforzando las conclusiones sobre cómo se comportará el clima en cada mes.
La mirada técnica frente a la tradición
Aunque las cabañuelas hacen parte del patrimonio cultural y del saber popular del campo, las autoridades meteorológicas aclaran que sus pronósticos se basan en modelos científicos y en el análisis de múltiples variables atmosféricas.
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ha informado que para el inicio de 2026 se espera que las precipitaciones en las regiones Andina, Caribe y Pacífica se ubiquen entre valores normales y por encima del promedio. En contraste, la Orinoquía y la Amazonía registrarían condiciones más cercanas a sus promedios históricos.
Desde la entidad se insiste en que, especialmente para sectores como el agropecuario, es clave apoyarse en información técnica y actualizada. “Lo ideal es mantenerse informado en los diferentes canales del Ideam para ver día a día cómo estará el clima tanto en diferentes días como en las diversas zonas del país”, señaló el instituto, según lo reportó Caracol Radio.
Así, entre la fe en las cabañuelas y los pronósticos del Ideam, el inicio del año en el campo colombiano sigue siendo un momento clave para mirar al cielo, escuchar la experiencia de los mayores y, al mismo tiempo, consultar la ciencia para tomar mejores decisiones frente al clima.



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