De la mutagénesis a la edición genética

Por: 
CONtexto ganadero
10 de Diciembre 2018
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“Más allá de las herramientas que toman fuerza en cada momento, el concepto más importante es observar cómo ha evolucionado inteligentemente la investigación científica-técnica en el INTA en el sentido de que se han aprovechado todas las nuevas potencialidades sin abandonar el conocimiento adquirido”, afirma Juan Balbín, presidente del INTA
En el evento “Todo lo querías saber sobre edición génica y no te animabas a preguntar”, Juan Balbín señaló que, “a lo largo de los años, el INTA ha logrado avanzar en la investigación de tecnologías de vanguardia y construir una base de conocimiento destacada en el mundo, que le permite hoy día profundizar la exploración de otras herramientas”.
 
En un repaso rápido, el presidente del INTA recordó los primeros avances que introdujo la mutagénesis y sus aplicaciones en el desarrollo de resistencias a factores productivos adversos y tolerancias a herbicidas y, posteriormente, los aportes que emergieron desde la biotecnología para el mapeo y la introducción de genes.
 
“Ahora la oportunidad viene de la mano de la edición génica y está orientada a silenciar una determinada característica no deseable en cualquier expresión vegetal o animal o microbiana”, explicó.
 
Para Balbín, “más allá de las herramientas que toman fuerza en cada momento, el concepto más importante es observar cómo ha evolucionado inteligentemente la investigación científica-técnica en el INTA en el sentido de que se han aprovechado todas las nuevas potencialidades sin abandonar el conocimiento adquirido”.
 
De esta manera, Balbín explicó que, por ejemplo, la edición génica es posible gracias a la base científica previa y a los aprendizajes generados por el resto de las tecnologías. “Lo inteligente es cómo se coordinan las herramientas de mejoramiento genético, para que, entre todas, construyan un pool de conocimiento que nos permita seguir en la discusión por los avances tecnológicos de los próximos 20 años”, enfatizó.
 
María Eugenia Segretin, explica que el término “Edición génica” hace referencia a un conjunto de herramientas de ingeniería genética que permite realizar modificaciones muy precisas en el ADN. “Existen distintas herramientas de edición génica, y todas ellas actúan generando un corte en un sitio de interés de la molécula de ADN, que luego será reparado mediante mecanismos propios de la célula. Es en este momento en el cual se producirá el cambio preciso deseado en el ADN”.
 
 
Diez años de investigaciones
 
Los primeros diseños biotecnológicos y estudios bioinformáticos para generar este silenciamiento los hicieron junto con Ross en los Estados Unidos. Ya en 2014, en la Universidad Nacional de San Martín y en el INTA Balcarce, se avanzó en el desarrollo y puesta a punto de la técnica CRISPR para efectuar el silenciamiento en embriones bovinos producidos por fecundación in vitro.
 
Desde el punto de vista técnico, comenzaron con la identificación de la secuencia del gen que querían alterar. Una vez que decidieron cómo hacerlo, se proveyeron de ovarios de la raza Holando argentino de donde obtuvieron los óvulos en el laboratorio.
 
Éstos fueron fecundados con semen sexado de la misma raza, porque la intención era obtener ganado lechero y, a las 16 horas de haberlos fecundados, le inyectaron las herramientas de biología molecular para que corten el ADN en el gen de beta-lactoglobulina.
 
Posteriormente, luego de haber obtenido los permisos correspondientes, en 2017 se realizaron las primeras transferencias embrionarias y se fueron confirmando las gestaciones.
 
Los antecedentes del equipo se remontan al 2009, en momentos en que iniciaban la línea de investigación en animales genéticamente modificados. Dos años más tarde, nació Rosita ISA y trascendió como un logro internacional en el mundo científico, por ser el primer bovino bitransgénico del mundo que produce dos proteínas humanas en su leche.
 
Esta investigación formó parte del proyecto específico “Genómica y biotecnología aplicada a la cría animal” y estuvo enmarcado en el proyecto integrador del INTA “Biotecnología y genómica aplicada al sector pecuario”. Además, recibió fondos de un proyecto PICT 2015, otorgado al Instituto de Investigaciones Biotecnológicas Dr. Rodolfo Ugalde del Conicet y de la UNSAM, provenientes de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT) del entonces Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación.
 
 
Las oportunidades que abre la edición génica
 
A su turno, Lino Barañao, secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, hizo hincapié en las oportunidades que abre la edición génica para el desarrollo agropecuario.
 
Vamos hacia una agricultura que será genéticamente modificada en el futuro y, en este contexto, la edición génica es una herramienta que ayudará a lograr una actividad agrícola más sustentable”, indicó.
 
Además, alentó la apertura de líneas de investigación para explorar el potencial de esta tecnología e impulsar innovaciones que contribuyan a “sociedades más justas”.
 
 
Por qué INTA está a la cabeza de las investigaciones en genética bovina
 
“La Argentina es líder en biotecnología y hoy tiene el desafío de acercar nuevas tecnologías a la actividad agroindustrial para que el país produzca más y mejor”, aseguró Luis Miguel Etchevehere, secretario de Agroindustria de la Nación, quien presidió la apertura del encuentro que se realizó en el Centro Cultural de la Ciencia, junto con Lino Barañao, secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación.
 
Etchevehere destacó el potencial de la edición génica: “Es una herramienta que nos permitirá desarrollar tecnología agropecuaria para producir más alimentos de calidad y, así, convertirnos en el supermercado del mundo”.
 
Asimismo, resaltó que el trabajo y compromiso de la Argentina para promover la primera regulación específica de productos de edición génica, que ya fue tomada por otros países como Brasil, Chile y Colombia.
 
“Nos propusimos hacer un sistema jurídico seguro y de sencilla aplicación para que sea accesible el registro de un evento biotecnológico, y sentó un precedente a escala mundial”, apuntó Etchevehere.
 
Fuente: INTA Informa