Karolyn Corzo, quinta generación ganadera del centenario rancho, en Chiapas (México), explica cómo la combinación de presencia permanente en la finca, mejoramiento genético, biotecnología y manejo técnico ha convertido a esta ganadería en un referente de producción y genética tropical.
Karolyn Corzo forma parte de una familia que lleva cinco generaciones dedicadas a la ganadería en México. Junto a su padre, David Corzo Castillejo, reconocido productor y dirigente ganadero, lidera el centenario rancho El Herradero, una explotación que ha basado su crecimiento en el uso de genética proveniente de vacas y toros campeones.
Además de su actividad ganadera, es licenciada en Derecho, con especialización en Ciencias Políticas y Gestión Pública y asegura que ejerce ambas profesiones con gran conocimiento y verdadera pasión.
Para ella, el éxito de cualquier explotación comienza con la presencia permanente del productor.
“Estar día a día en las fincas garantiza el éxito de la explotación y si te gusta la actividad no trabajas, te diviertes realizándola”, afirmó.
Por eso recuerda un dicho popular que, según asegura, sigue plenamente vigente:
“En nuestra tierra, el ojo del amo engorda el ganado”.
Tradición que supera un siglo
Sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos fueron ganaderos. Parte de la historia familiar se remonta a una época en la que las grandes extensiones hacían casi imposible el control de los animales.
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“Cuando mi tatarabuelo estaba a cargo de la ganadería, las extensiones eran grandes y el control del ganado imposible”, relató.
Según explicó, el manejo era completamente distinto al actual.
“La actividad era salvaje, el ganado bravo y andaba suelto, no había alambres (cercas) y no estaban acostumbrados al manejo”, siguió contando.
Karolyn recordó en esta conversación con CONtexto que sus antepasados realizaban largas jornadas de recorrido por los predios y marcaban con hierro los animales que encontraban durante el trayecto.
Tras la Revolución Mexicana y la reforma agraria de 1917, las grandes propiedades comenzaron a fragmentarse y surgió un modelo más especializado.
Especialización transformó la ganadería
La reducción del tamaño de las fincas permitió una mayor cercanía entre el productor y los animales, facilitando los procesos de mejoramiento genético y manejo.
“La ganadería de mi tatarabuelo estaba en La Frailesca, una zona de mayor altura. Su hijo, mi bisabuelo, por haber sido coronel de la revolución, tuvo que desplazarse y fue el primero en llegar a Arriaga, en la costa de Chiapas, donde actualmente se encuentra El Herradero”, explicó.
Allí nació su abuelo, luego su padre y posteriormente ella.
Con el paso de los años, la región se consolidó como una de las principales cuencas lecheras de Chiapas, con cerca de 250 kilómetros de actividad ganadera de doble propósito entre Arriaga y Tapachula.
El Herradero participa, regularmente, en exposiciones y concursos oficiales de producción lechera.
“Hemos sido récord de producción de leche y logrado campeonas en los concursos lecheros nacionales”, destacó.
Cuatro pilares del éxito
Karolyn resume el éxito de una explotación ganadera tropical en cuatro aspectos fundamentales: salud, nutrición, genética y manejo.
En salud, destaca la importancia de mantener programas preventivos contra enfermedades virales y bacterianas, así como el control permanente de parásitos internos y externos.
En nutrición, considera fundamental atender adecuadamente cada etapa productiva.
“Al recién nacido debe suministrársele calostro durante las primeras seis horas. Esto es importante para su futuro desarrollo. También administrar por vía parenteral 2 centímetros cúbicos de vitamina A”, señaló.
En genética, recomienda seleccionar razas y líneas genéticas acordes con las condiciones ambientales y los objetivos productivos de cada finca.
Finalmente, destaca el manejo como un factor decisivo.
“Los bovinos son animales que se acostumbran a un buen manejo y, con ello, su producción mejora”, amplió
Apuesta por la genética de progenie
Uno de los cambios más importantes en El Herradero llegó gracias a David Corzo.
Tras estudiar Medicina Veterinaria en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y trabajar durante un tiempo en un rancho de Montana, Estados Unidos, regresó a México con una visión diferente del negocio ganadero.
Posteriormente, visitó ferias y exposiciones en Brasil y Wisconsin, donde entendió la importancia del trabajo basado en progenie y evaluación genética.
“Desde entonces compra semen de toros campeones y, con ese material, hace cruces y optimiza la producción”, explicó Karolyn.
Para lograrlo utilizan inseminación artificial, sincronización de celos y transferencia de embriones, herramientas que les permiten acelerar el mejoramiento genético.
Un girolando diferente
El Herradero trabaja con ganado girolando, aunque bajo una composición genética poco común en la región.
Mientras la mayoría de las ganaderías de Chiapas manejan animales con 75 % Holstein y 25 % Gyr, en esta finca ocurre lo contrario.
“Nuestras condiciones son diferentes. Usamos el girolando, pero al revés: ¾ de Gyr y ¼ de Holstein o media sangre. También usamos animales F1”, explicó.
La decisión responde a las características particulares de la zona, donde predominan condiciones tropicales, abundante verano y pocas lluvias.
Cuatro unidades productivas
La operación del rancho está dividida en cuatro áreas: ganado gestante, becerras de reemplazo, toretes destinados a programas de mejoramiento genético y becerros de engorde que no cumplen los requisitos para ser sementales.
Este esquema permite manejar entre una y una y media cabezas por hectárea.
La producción de leche alcanza aproximadamente 500 litros diarios durante la época seca y puede duplicarse hasta 1.000 litros por día durante la temporada de lluvias.
La finca trabaja con pastoreo rotacional y utiliza especies como Bermuda, Cruza 1, Bombaza y pasto Llanero.
Debido a que la temporada seca puede extenderse hasta siete meses, producen alrededor de 150 toneladas de silo y 5.000 pacas de heno para garantizar la alimentación del hato.
El prestigio como objetivo
Más allá de producir más leche o mejores animales, Karolyn asegura que existe una responsabilidad adicional: mantener el prestigio construido durante generaciones.
“Mi padre nos enseñó que, aparte de mejorar la ganadería, la responsabilidad es mantener el prestigio”, comentó.
Para ella, la mejor prueba de éxito no está en una venta puntual.
“La mejor recomendación es que aquella persona que compre un toro, dentro de dos o tres años, regrese a comprar otro”, resaltó.
Y concluyó con una filosofía que resume el trabajo desarrollado durante décadas en El Herradero:
“Para tener una ganadería estable y de prestigio, lo mejor es incluir la mejor genética y usar la mejor tecnología”.
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