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La violencia los expulsó del campo, pero el relevo generacional los regresó a la ganadería

Angie Barbosa 04 de Julio 2026
Relevo generacional en la lecheríaFoto: Banco de imagenes MagnificLa familia Rivera pudo volver definitivamente a Colombia en 2017, cuando las condiciones de seguridad mejoraron.

Tras abandonar Colombia por el secuestro y las amenazas de grupos armados, Humberto Rivera reconstruyó su vida en Estados Unidos. Años después regresó junto a su hijo Nicolás, quien convirtió la tradición familiar en un proyecto de innovación para la producción de leche y carne en Caldas.



La historia de Humberto Rivera refleja el drama que vivieron miles de familias ganaderas obligadas a abandonar el campo por la violencia.

Pero también demuestra que el relevo generacional puede convertirse en la mejor herramienta para reconstruir un proyecto de vida y fortalecer la empresa familiar.

Médico veterinario graduado de la Universidad de Caldas, Rivera dedicó sus primeros años profesionales a administrar las fincas ganaderas de su familia en el norte del departamento.

Desde muy joven asumió las labores del campo, inspirado por una tradición que venía de sus abuelos y de su padre.

“Mi padre y mi abuelo nos sembraron desde muy niños el amor por la tierra, por el ganado y por esta actividad tan hermosa”, anotó.


Cuando la violencia obligó a partir


En 1999, la historia familiar cambió de rumbo. Después de ser secuestrado y recibir amenazas de grupos armados ilegales, Humberto Rivera tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: salir del país junto a su familia y comenzar de nuevo en Estados Unidos.

La distancia, sin embargo, nunca rompió su vínculo con la ganadería.

Durante 14 años administró las fincas familiares desde el exterior, apoyado primero en familiares y trabajadores de confianza, y luego en las herramientas tecnológicas que empezaban a facilitar la comunicación.

“Yo estuve 14 años sin ir a la finca. Eso es una eternidad para uno dejar una empresa agropecuaria manejada por teléfono”, recordó.


La finca lechera está ubicada en Manizales, Caldas. Foto: Cortesia.



Vocación sin imposiciones


Mientras mantenía vivas las empresas familiares, Humberto también cultivó en su hijo Nicolás el afecto por el campo.

No lo hizo obligándolo a seguir sus pasos, sino permitiéndole vivir la ganadería durante cada visita a Colombia.

Los recorridos por los potreros, las jornadas a caballo y el trabajo con el ganado despertaron una vocación que terminó consolidándose por iniciativa propia.

“Nunca pretendí obligar a mi hijo a estudiar algo agropecuario. Simplemente sembramos esa semilla y dejamos que creciera”, precisó.

Tras terminar sus estudios secundarios en Estados Unidos, Nicolás eligió estudiar Producción Animal en la Universidad de Wisconsin-Platteville, formación equivalente a la zootecnia en Colombia.

Al graduarse, propuso regresar al país para trabajar junto a su padre.


El regreso al campo


La familia Rivera pudo volver definitivamente a Colombia en 2017, cuando las condiciones de seguridad mejoraron.

Para Humberto, el retorno no implicó empezar desde cero. Nunca había perdido contacto con sus fincas, aunque la administración a distancia había sido un enorme desafío.

La adaptación fue mayor para Nicolás, quien conocía el país por las vacaciones familiares, pero debía aprender ahora a vivir y trabajar en él.

“En un principio era casi como educar a un muchacho de 10 años, porque sabía conducir en Estados Unidos, pero aquí no conocía ni el sentido de las calles”, recordó entre risas.

La transición, sin embargo, fue rápida y dejó una enseñanza que Humberto considera fundamental para cualquier empresa familiar.

“Hay un momento en que los muchachos pueden tener conocimientos más actualizados que hay que acoger, entender y hasta aprender”.


Tradición e innovación trabajan juntas


Hoy padre e hijo administran dos sistemas productivos complementarios en Caldas.

Uno corresponde a un hato lechero especializado, basado principalmente en la raza normando, donde ordeñan entre 90 y 95 vacas con producciones cercanas a los 14 litros diarios por animal.

El otro es una ganadería de carne de ciclo completo ubicada en San Félix, en la que desarrollan programas de mejoramiento genético mediante inseminación artificial y transferencia de embriones.

La llegada de Nicolás también impulsó cambios en la forma de producir.

Fortaleció los programas de genética especializada para carne, incorporó el sistema de creep feeding y promovió esquemas de crianza con vacas nodrizas para aumentar la eficiencia del hato.

“Él llegó con una idea muy clara de construir un hato más especializado en carne y todavía seguimos trabajando para alcanzar esa meta”, sostuvo.


El verdadero legado


Para Humberto Rivera, el mayor aprendizaje no está únicamente en los resultados productivos, sino en la manera como las familias vinculan a sus hijos con el campo.

Considera que esperar a que los jóvenes descubran la ganadería cuando son adultos suele ser demasiado tarde.

“Los niños que hoy vemos son los hombres del mañana. Esa semilla del amor por la tierra no se puede sembrar a los 30 años; se siembra desde la infancia”, sentenció.

Después de sobrevivir a la violencia, reconstruir su vida fuera del país y regresar para recuperar el proyecto familiar, está convencido de que el futuro de la ganadería colombiana dependerá, en buena medida, de la capacidad de las nuevas generaciones para continuar ese legado.

“Hay que involucrarlos, entenderlos, escucharlos y hacerlos sentir parte de este sueño. Porque, a pesar de todas las dificultades, la ganadería sigue siendo una actividad que nos llena el corazón”, expresó.


Nicolás Rivera, quien lidera el relevo generacional de la ganadería. Foto: Cortesía.

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