Hugo Armando Payares se quedó sin los animales con los que esperaba cubrir sus compromisos financieros y sostener el proyecto familiar que construyó durante trece años. La descarga también dejó al descubierto la fragilidad de los pequeños productores frente a eventos naturales que no dejan margen para reaccionar.
La tormenta comenzó hacia las dos de la madrugada en un pequeño predio ubicado a las afueras de San José de Uré, Córdoba. Cerca de las cuatro y media, una descarga eléctrica cayó sobre el lugar y mató a 38 bovinos pertenecientes al ganadero Hugo Armando Payares. (Lea en CONtexto Ganadero: Un rayo le mató el ganado, pero no la esperanza)
La noticia llegó mientras el municipio apenas despertaba. Para Payares, aquellos animales no eran una cifra ni un inventario: representaban años de ahorro, trabajo familiar y la posibilidad de cumplir con los créditos asumidos para sostener su actividad.
“Era el trabajo de toda una vida, los ahorros de toda una vida y también los compromisos con los bancos. ¿Qué se le puede pasar a uno por la mente ante una pérdida así?”, relató Payares en diálogo con CONtexto Ganadero.
Raíces campesinas
Payares nació y creció entre fincas. Sus padres fueron administradores de haciendas y, desde niño, aprendió que el campo exigía constancia, paciencia y una relación diaria con los animales.
Durante cerca de veinte años ha trabajado en campañas de vacunación contra la fiebre aftosa mediante un convenio entre Fedegán y Asogan. Ese oficio le abrió puertas y le permitió comenzar a construir su propio patrimonio.
“Con ese trabajo empecé a sacar adelante mis proyectos. Desde muy niño fui criado en el campo y siempre me gustó esta actividad”, explicó Payares.
Su ganadería propia empezó a consolidarse hace alrededor de trece años. Los animales muertos eran terneros y terneras de levante, con pesos estimados entre 200 y 250 kilos, provenientes de las crías del hato que mantiene en una de las fincas que administra.
La pérdida no terminó con la muerte de los bovinos. Payares esperaba comercializarlos para cubrir cuotas bancarias correspondientes a este año, entre ellas una obligación próxima por $20 millones.
Sin esos recursos, ahora contempla una decisión que amenaza la estabilidad de su sistema productivo: vender animales del hato de ordeño, del cual obtiene ingresos diarios para sostener la finca y a su familia.
“En este momento no sé de dónde voy a sacar el dinero. Si tomo animales del hato que manejo para el ordeño, tendría que sacar vacas que me generan el ingreso diario. Me siento amarrado”, confesó Payares.
La entidad financiera con la que tiene el compromiso le ofreció ampliar el plazo de las cuotas. Para el productor, esa alternativa no resuelve el problema de fondo: le permitiría ganar tiempo, pero aumentaría el valor total de la obligación. Esta es otra alerta que se debe revisar a la hora de modificar el modelo de financiamiento, de garantías y seguros del sector productivo.
Los consejos de colegas y vecinos le han servido como respaldo emocional, pero hasta ahora no ha recibido una ayuda económica concreta que le permita reconstruir la parte del patrimonio perdida durante la tormenta.
Amenaza frecuente
La muerte de animales por descargas eléctricas no es un episodio desconocido en esta zona de Córdoba. Durante sus recorridos como vacunador, Payares ha conocido casos de otros productores que también perdieron bovinos en medio de tormentas. (Lea en CONtexto Ganadero: Rayo mató a siete vacas en Bolívar, ¿cómo evitar la muerte del ganado en las tormentas eléctricas?)
“Con esas tormentas uno se acuesta y no duerme tranquilo, pensando en los animales e incluso en nosotros mismos, porque vivimos y trabajamos en estas fincas”, señaló Payares.
El caso de San José de Uré revela la vulnerabilidad económica de los pequeños productores frente a fenómenos naturales impredecibles. Sin seguros, auxilios inmediatos o fondos de emergencia suficientes, la recuperación suele depender de nuevas deudas, de la venta de activos o de la reducción del hato productivo.
Aunque reconoció que no podrá recuperar por completo lo perdido, Payares se aferra a la actividad con la que ha sostenido a su familia y construido su proyecto de vida.
“Eso no se va a recuperar nunca, pero voy a seguir adelante, pegado de la mano de Dios, con mucho ánimo y ganas de salir adelante”, concluyó Payares.



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