La creciente del río Casanare arrasó cerca de 38 hectáreas de la finca San Luis, en Tame, dejando incomunicados los predios, destruyendo potreros e inversiones de años. Sus propietarios estiman que recuperar la capacidad productiva tardará, al menos, un año.
En cuestión de segundos, el paisaje cambió para siempre.
“Mi hermano Luis Alejandro sintió que un gajo de árbol se movió. Después vio volar una palma, escuchó cómo se reventó el alambre de una cerca y, enseguida, un ruido ensordecedor lo hizo reaccionar. Montó a caballo y salió al galope para rescatar el ganado”, recuerda Xiomara Vargas, todavía con la voz entrecortada.
La mañana del pasado 10 de julio la creciente del río Casanare arrasó buena parte de la finca San Luis, ubicada en la vereda El Cerrito, zona rural de Tame (Arauca).
“Afortunadamente alcanzó a mover los bovinos que tenía en ceba en los potreros más cercanos al río. Por el lado pasó la enorme creciente llevándose todo a su paso”, relató.
Los animales se salvaron. La finca, no.
Desapareció la mitad del predio
La emergencia invernal dejó una marca profunda en esta familia ganadera.
Xiomara Vargas, de 56 años, ha dedicado toda su vida al campo. Hija del reconocido ganadero José Vargas, esposa de productor pecuario y madre de una nueva generación que esperaba continuar el legado familiar le tocó ver desaparecer, en minutos, el trabajo construido durante décadas.
La corriente socavó el terreno y borró aproximadamente 38 hectáreas, equivalentes al 50 % de la finca San Luis.
“En San Luis no tenemos vía de acceso; todo quedó bloqueado por el lodo”, afirmó.
El impacto también alcanzó al resto de la familia.
“La creciente del río Casanare nos afectó a todos, incluido mi padre, que dedicó toda su vida a esta unidad productiva. Hoy tiene 98 años y ya no va a la finca. Cuando supo que el río se había llevado la mitad del predio quedó inconsolable”, contó con evidente tristeza.
Años de inversión, sepultados
San Luis había sido especializada durante años en la ceba de machos.
En los últimos meses la familia lideraba un proceso de modernización mediante la instalación de cercas eléctricas para subdividir potreros y mejorar el manejo de los animales y el aprovechamiento de las praderas de brachiaria.
Ese proyecto quedó prácticamente destruido.
“En los últimos tiempos estábamos ejecutando un proceso de modernización, específicamente de división de potreros con cerca eléctrica”, explicó Xiomara.
La inversión, realizada durante años, terminó bajo toneladas de agua y sedimentos.
“El esfuerzo de muchos años se lo llevó el río”, reiteró.
Luis Alejandro Vargas, quien presenció la emergencia, asegura que buena parte del terreno quedó cubierta por una gruesa capa de lodo y completamente transformada por la fuerza de la corriente.
“La inversión en tiempo y dinero de muchos años y el esfuerzo de la familia se los llevó el río en pocos segundos”, afirmó.
Además de San Luis, la familia posee otra finca, Guarataros, que permanece incomunicada debido al estado de las vías rurales.
El paso de las aguas dejó enormes acumulaciones de lodo que impiden el ingreso de vehículos y dificultan cualquier actividad productiva.
Recuperación apenas comienza
Según Xiomara, productores y autoridades ya iniciaron reuniones con la Secretaría de Agricultura para evaluar los daños y coordinar acciones que permitan recuperar la zona.
“Ayer (lunes) llegó maquinaria amarilla para poder abrir las vías porque todo está lleno de lodo”, indicó.
Sin embargo, el desafío apenas comienza.
La familia calcula que la recuperación de los suelos tomará por lo menos un año, tiempo durante el cual la capacidad productiva del predio permanecerá seriamente limitada.
Mientras Arauca continúa enfrentando una de las temporadas invernales más severas de los últimos años, la historia de la finca San Luis refleja el drama que viven cientos de familias ganaderas que, además de perder infraestructura y praderas, han visto desaparecer en cuestión de segundos el patrimonio construido durante generaciones.
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