El país enfrenta tasas de interés de deuda pública entre las más altas del mundo, un déficit fiscal que bordea niveles de pandemia y una percepción de riesgo que se ha deteriorado aceleradamente. Felipe Campos, gerente de inversión y estrategia de Alianza Valores y Fiduciaria, advierte que el próximo gobierno recibirá una herencia financiera compleja, pero manejable si envía los mensajes correctos a los mercados.
Cuando el Ministerio de Hacienda anunció con orgullo la subasta de TES más grande de la historia: 6 billones de pesos adjudicados en una sola jornada, los mercados leyeron otra cosa: una señal de urgencia.
Las tasas con las que se colocó esa deuda, entre el 13,94 % y el 14,79 %, pusieron a Colombia en un club al que nadie quiere pertenecer. Para Felipe Campos, gerente de inversión y estrategia de Alianza Valores y Fiduciaria, el país atraviesa un momento delicado, marcado por tasas que ya figuran entre las más altas del mundo.
"Colombia tiene en este momento unas tasas internas de las más altas del mundo. No hay cinco o seis países que tengan esas tasas. Tenemos que hablar de Turquía o de algunos países africanos, Brasil y Colombia", manifestó.
Campos explicó que no es la primera vez que el país llega a este punto durante el gobierno Petro. La primera ocurrió con la incertidumbre inicial del nuevo gobierno y su ambicioso plan de choque. La segunda, cuando se rompió la regla fiscal.
Ahora, la tercera ocasión ha sido impulsada por dos factores simultáneos: el ataque del Gobierno al Banco de la República y una estrategia de endeudamiento que el mercado no logra descifrar.
“Si usted ataca la institucionalidad, termina subiendo las tasas más que bajándolas”, sostuvo.
Incertidumbre, única constante
El analista señaló que el Gobierno aumentó de forma abrupta el monto de las subastas de deuda interna. Normalmente, el Gobierno toma cerca de $4 billones de pesos al mes en deuda interna a través de cuatro subastas semanales.
Con la dinámica reciente, ese monto podría escalar a $14 billones en un solo mes, lo que equivale a completar el plan anual de endeudamiento en apenas cuatro meses. Campos no comparte la explicación oficial de que el objetivo es evitar la incertidumbre electoral.
“Uno se pregunta: ¿por qué tiene tanto afán? ¿Es que tiene problemas de caja? El director de Crédito Público ha dicho que quiere evitar la incertidumbre electoral, pero no está evitando nada porque está haciendo las tasas más altas de la historia”, señaló.
Es cuestión de confianza
El analista también abordó el estado real de la deuda pública, que el Gobierno ha logrado mantener en apariencia estable gracias a estrategias contables: cambiar deuda vieja por nueva para que el indicador no suba en los registros oficiales. Sin embargo, advierte que los déficits reales cuentan otra historia y que las calificadoras de riesgo están al tanto de esa maniobra.
"La deuda sí ha subido una barbaridad, pero las estrategias de crédito público han hecho que aparentemente no suba tanto. (…) Estás poniéndole un montón de cosméticos en la cara, pero ni haces dieta, ni ejercicio, ni comes bien. El indicador no explota, pero igual no se ve bien”, explicó.
Si se eliminara ese efecto cosmético, estima Campos, la deuda colombiana podría ubicarse entre el 65 % y el 67 % del PIB, acercándose peligrosamente al umbral del 70 % que dispara las alarmas de los mercados internacionales.
La diferencia con países como Japón o Estados Unidos, que cargan deudas mucho más altas respecto a sus PIB sin consecuencias inmediatas, radica en la confianza: Colombia simplemente no genera el mismo nivel que esas economías.
¿Cómo recuperar el rumbo?
El diagnóstico es grave, pero Campos no cierra la puerta a la recuperación. Para el próximo gobierno, propone cuatro ejes. El primero es un mensaje claro de compromiso fiscal que revierta la percepción de riesgo sin necesidad de medidas drásticas inmediatas.
“Lo primero es un mensaje de confianza. Decir que los compromisos fiscales se van a cumplir y que se va a regresar de lleno a la regla fiscal”, señaló.
El segundo, incentivar la inversión privada, hoy en caída libre tras años de sostenerse con gasto público financiado a crédito. Además, insistió en la necesidad de blindar nuevamente instituciones como el Banco de la República y fortalecer las reglas fiscales para evitar que pierdan credibilidad.
"Creíamos que, porque había una regla fiscal y un plan fiscal, ningún gobierno podía venir y romper todo. Pero el gobierno dijo que sí fue un terremoto, porque los ingresos fueron menos de lo esperado. Ahí se rompió el círculo de confianza", manifestó.
El cuarto eje es el petróleo. Colombia, recordó Campos, es percibida internacionalmente como un país dependiente del hidrocarburo, y las reservas potenciales con fracking triplicarían las actuales.
Apostar por la exploración no excluye la diversificación, pero sí genera los flujos de caja que aliviarían la presión sobre el dólar, las tasas y la deuda de forma casi inmediata.
“Si uno le dice sí al petróleo y hace rondas de exploración o fracking inteligente, eso traería flujos enormes y podría convertirse en un círculo virtuoso para la economía”, concluyó.
La advertencia final del analista es contundente: si las tasas permanecen en estos niveles, el próximo gobierno heredará vencimientos de deuda gigantescos y cada vez más costosos de financiar. En ese escenario, el déficit, la inflación y la deuda podrían convertirse en una bola de nieve difícil de contener, con efectos impredecibles sobre la economía del país.
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