El presidente de la central, Alejandro Arbeláez, aseguró que el fenómeno climático ya es inevitable, pero afirmó que Colombia aún puede hacerle el quite a una crisis eléctrica si acelera medidas para fortalecer la generación, optimizar el consumo y coordinar a todos los actores del sistema. Advirtió que sería catastrófico para el país, la ganadería y el agro por el aumento de la temperatura que se traduce en menos agua para los cultivos y los animales.
La presencia del fenómeno de El Niño ha reavivado la preocupación sobre la estabilidad del sistema eléctrico colombiano.
Aunque la disminución de las lluvias será una realidad durante los próximos meses, desde Hidroituango consideran que el país aún está a tiempo de evitar un racionamiento de energía si actúa con rapidez.
Así lo manifestó el presidente de Hidroituango, Alejandro Arbeláez, en entrevista con CONtexto Ganadero, en la que explicó que el fenómeno climático no puede evitarse, pero sí es posible impedir que desemboque en un apagón nacional mediante acciones coordinadas entre el Gobierno, los generadores de energía y los usuarios.
“El racionamiento es un tema evitable, lo que no es evitable es el fenómeno de El Niño. Ya está anunciado y cobrará su mayor intensidad entre septiembre y octubre. Lo que sí podemos evitar es que por su efecto tengamos un apagón, pero ello requiere que nos coordinemos para optimizar la oferta de energía y racionalizar la demanda”, aseguró.
Medidas urgentes
Para Arbeláez, una de las primeras decisiones debe ser la creación de una mesa antiapagón que reúna a todos los actores del sistema eléctrico con el fin de definir un plan de choque antes de que el fenómeno alcance su mayor intensidad.
El directivo explicó que desde el lado de la oferta es necesario poner en funcionamiento las plantas termoeléctricas para disminuir la presión sobre las hidroeléctricas y permitir que sus embalses acumulen agua antes de los meses más secos.
“Necesitamos que se constituya esa mesa antiapagón para que, con criterio técnico y sentido de urgencia, construyamos un plan de choque. Si logramos optimizar la oferta y racionalizar la demanda, con seguridad seremos capaces de sortear el fenómeno de El Niño para que Colombia no tenga apagón”, señaló.
También insistió en que debe existir una mayor coordinación entre las diferentes fuentes de generación eléctrica (hidráulica, térmica, eólica y solar) para hacer más eficiente el funcionamiento del sistema.
En cuanto al consumo, indicó que no se trata de imponer restricciones severas, sino de promover acciones sencillas que permitan disminuir la demanda entre un 5 y un 7 %, porcentaje que, a su juicio, sería determinante para enfrentar la contingencia.
El campo, uno de los más afectados
El presidente de Hidroituango advirtió que un eventual desabastecimiento energético tendría consecuencias especialmente graves para el sector agropecuario, ya que coincidiría con los efectos propios del fenómeno de El Niño sobre la disponibilidad de agua y el aumento de las temperaturas.
En su concepto, una combinación de sequía y restricciones eléctricas afectaría la producción de alimentos, incrementaría los costos para los productores y terminaría impactando la inflación de los alimentos.
“Sería catastrófico para el país, la ganadería y el agro. Con menos agua disminuye la disponibilidad para los cultivos y para los animales; además aumentan las temperaturas, se reduce la producción de leche, se genera estrés en el ganado y al final todo converge en una menor oferta de alimentos y en mayores precios para todos los colombianos", afirmó.
No obstante, señaló que los productores rurales aún pueden adoptar medidas para reducir los impactos del fenómeno, entre ellas proteger las fuentes hídricas, conservar nacimientos de agua, mejorar el almacenamiento mediante aljibes o reservorios y realizar los riegos en horarios de menor evaporación.
Asimismo, recomendó avanzar en la instalación de energía solar en predios rurales, especialmente en aquellas zonas que no cuentan con conexión permanente al Sistema Interconectado Nacional.
Desafío más allá del fenómeno
Arbeláez sostuvo que la coyuntura actual también evidencia un problema estructural del país: la falta de nuevos proyectos de generación eléctrica que permitan responder al crecimiento sostenido de la demanda.
Según explicó, Hidroituango aporta actualmente cerca del 12 % de la energía que consume Colombia y, aunque se convertirá en una pieza aún más importante cuando opere al 100 % entre finales de 2027 y comienzos de 2028, por sí solo no resolverá las necesidades futuras del sistema.
“Por fortuna tenemos Hidroituango, pero necesitamos muchos Hidroituangos. Aun cuando la central esté completamente terminada, dentro de cuatro o cinco años volveremos a tener esta misma discusión si Colombia no desarrolla nuevos proyectos energéticos y no ofrece condiciones de seguridad y estabilidad jurídica para atraer inversión”, manifestó.
Finalmente, hizo un llamado a los productores agropecuarios para que conviertan la conservación del agua y la incorporación de energías alternativas en parte de su estrategia productiva, al considerar que el futuro del campo dependerá cada vez más de la disponibilidad de estos recursos.
“El presente y el futuro de Colombia siempre han estado en la agroindustria. Se requiere proteger las fuentes hídricas y avanzar en energías alternativas, no como una competencia entre unas y otras, sino como una complementariedad que garantice el desarrollo del campo colombiano”, concluyó.
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