La competencia por los contingentes de los TLC también acaba con los lecheros

Por: 
Oscar Cubillos Pedraza
27 de Abril 2018
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El aumento del precio del litro de leche que se debe pagar al productor coincide con aumentos de importaciones de leche en polvo y una mayor oferta interna de leche líquida, que a la final termina envileciendo el precio al productor. Foto: Carta Fedegán
Las noticias que llegan desde los campos –aparte de los elevadísimos niveles de inseguridad– es que hay una buena producción de leche por las lluvias pero el precio pagado al productor sigue bajando. A la par, las noticias que llegan de la industria es que siguen importando.
 
Con el inició de la primera temporada invernal, que se extenderá hasta la última semana del mes de mayo, también llega la manida frase esgrimida por la industria de “estamos en enlechada”.
 
Es el argumento para hacer descender aún más su precio. Pero lo cierto es que haya o no sobreoferta de leche, logran bajarlo.
 
Las compras de leche en polvo 
 
En este tema del precio y de la sobreoferta tiene mucha relevancia el nivel de inventarios de la industria. Las cifras de la USP muestran que a 31 de enero alcanzó 20 mil toneladas de leche en polvo, que es el nivel más alto en el último quinquenio.
 
También se repite el comportamiento de los inventarios en los meses de enero de los últimos años. Se caracteriza por registrar alzas elevadas respecto a lo que ocurre en los demás meses. En el pasado enero el salto fue de 7,6%.
 
Y eso tiene una explicación. La industria se aprovisiona de leche importada en los eneros, aprovechando los contingentes nuevos que inician cada año en los diferentes TLC (especialmente EEUU, UE y Mercosur). Es una práctica que atiza la competencia entre la industria por hacerse a esos contingentes so pena de tener que posteriormente adquirir leche en polvo con los costos que representan los extra cupos.
 
Esa práctica también pone presión a la baja a los precios que les pagan a los ganaderos por la leche.
 
El resultado es que en ese escenario pierde el ganadero y se termina en una “enlechada industrial” de leche en polvo importada, sin ninguna relación con la producción doméstica. De allí que el mes de enero pasado el acopio haya disminuido 2,4% respecto al mismo mes de 2017.
 
Pero resulta ilógico que 20 mil toneladas de leche en polvo, es decir unos 160 millones de litros, más 26 millones de leche UHT almacenados –es decir inventarios por 186 millones de litros que equivalen a 9 días de producción– den para decir que existe enlechada. El discurso apuntará entonces a que la culpa es del ganadero, cuando no es así.
 
Sin embargo así lo dirán, y sistemáticamente las diferentes empresas de esta industria alinearán sus comunicaciones con un único fin: bajar el precio al productor.
 
Teóricamente no podría ocurrir que le bajen el precio del litro de leche pagado al ganadero, pero todo indica que la Resolución 017 de 2012, que garantiza que no sea así, es letra muerta.
 
El corolario de todo esto es que bien vale la pena examinar la cadena logística de pulverización de la industria para entender que cuando esta comienza a hablar de enlechada, solo resulta ser la cortina que cubre su ineficiencia en un mercado sub aprovechado, incluyendo en ese análisis el tema de las recientes subastas de leche en polvo promovidas por el gobierno.