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Uso seguro de agua subterránea en ganadería

Foto: Banco de Imagen Magnific

La calidad del agua influye directamente en la salud, productividad y eficiencia reproductiva de los bovinos.

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Agua subterránea para el ganado: las claves que todo productor debe conocer antes de usarla

por: Pedro Fonseca- 31 de Diciembre 1969

El agua es el nutriente base de toda explotación bovina, pero su calidad química y microbiológica es el factor que los productores más descuidan. Un especialista explica los riesgos que se deben tener en cuenta al momento de darle al ganado el líquido de un pozo profundo, qué análisis deben realizarse y qué alternativas existen para garantizar un suministro adecuado.

El agua es el nutriente base de toda explotación bovina, pero su calidad química y microbiológica es el factor que los productores más descuidan. Un especialista explica los riesgos que se deben tener en cuenta al momento de darle al ganado el líquido de un pozo profundo, qué análisis deben realizarse y qué alternativas existen para garantizar un suministro adecuado.


Aunque el agua es el nutriente más importante para los bovinos, con frecuencia es uno de los factores menos evaluados en las fincas ganaderas. Así lo advirtió Óscar Enrique Puello, médico veterinario zootecnista y asistente técnico de Somex para Córdoba, Bajo Cauca y Urabá, quien acumula 19 años de experiencia en campo trabajando con productores de la región.

Según el experto, todo sistema de producción bovina (ya sea de cría, levante, ceba, doble propósito o lechería especializada) depende de una adecuada disponibilidad de nutrientes. En orden de importancia, estos son: energía, proteína, macrominerales, microminerales y vitaminas, todos indispensables y estrechamente ligados al agua para cumplir sus funciones en el organismo.

"Más del 60 % del organismo del animal es agua. Un bovino debe consumir en promedio entre el 8 y el 12 % de su peso vivo diariamente en este líquido, y ese porcentaje puede subir uno o dos puntos más dependiendo de la humedad relativa, el estrés calórico y la produccion láctea”, precisó.

A su juicio, el problema es que en ganadería el manejo del agua no recibe la misma atención que en avicultura o porcicultura, sectores donde la calidad del líquido se monitorea con rigor. En el hato bovino, en cambio, muchas veces los animales beben de represas con fango, hojas en descomposición o aguas de pozo profundo sin ningún análisis previo.


El primer paso: analizar la calidad del agua


Puello señaló que, así como los productores realizan análisis de suelo o forraje, también deben evaluar el agua de bebida. Entre los parámetros más importantes figuran los niveles de calcio, magnesio, sodio, sulfatos e hierro.

Este último merece especial atención en algunas regiones como el Bajo Cauca y los llanos orientales, que tiene suelos ácidos y rojizos y donde suele encontrarse en altas concentraciones. Cuando es muy elevado, puede bloquear la absorción de otros microminerales esenciales y causar problemas sanitarios a los animales.

“Este micromineral va a afectar a otros micros que son muy importantes, como en el caso del cobre y el zinc, que comienzan a ser bloqueados. Usted comienza a notar en los animales muchos problemas de cojera, cambios en la coloración del pelo, disminución de su sistema inmunológico, fallas en la reproducción y en las ganancias de peso”, advirtió.


Agua dura y agua salina: dos riesgos que se confunden


Puello diferencia dos tipos de agua problemática frecuentes en pozos subterráneos. Uno de los términos más frecuentes entre los ganaderos es el de “agua dura”. De acuerdo con Puello, esta condición está asociada principalmente a exceso de calcio y magnesio.

Por su parte, las aguas salinas contienen altos niveles de sodio. En muchas zonas ganaderas del Caribe colombiano ambas características suelen presentarse simultáneamente en aguas de pozos profundos.

Cuando la dureza o la salinidad son excesivas, los animales pueden reducir el consumo de suplementos minerales (sal mineralizada), debido a la saturación de sales en las papilas gustativas. Esto termina generando desequilibrios nutricionales que impactan la productividad y la reproducción.

Como explicó el experto, la sal mineralizada se ofrece para complementar la dieta. Sin embargo, si los bovinos ya reciben en el agua de bebida algunos minerales que alteren la absorción del suplemento, se altera el equilibrio nutricional que se busca alcanzar.

Puello también subrayó la importancia de garantizar un suministro adecuado y de fácil acceso para los animales. Señaló que, aunque una finca cuente con bovinos de alto valor genético, ese potencial puede verse limitado si las fuentes de agua están alejadas o presentan dificultades de acceso, ya que los animales tienden a reducir su consumo hídrico, con efectos directos sobre su productividad.

“Muchas veces encontramos fincas en las que el acceso no es en albercas o tanques, sino que puede ser en represas y su ingreso es bastante complicado. Entonces, los animales se abstienen de tomar la cantidad de agua que requieren para cumplir con su función orgánica y productiva”, aclaró.


Qué hacer cuando el agua no es apta


Ante este panorama, el veterinario recomienda partir siempre de un análisis completo: físico, químico y microbiológico. En el análisis químico deben revisarse los minerales que ya comentamos antes.

Por su parte, el análisis microbiológico puede ayudar a detectar agentes contaminantes que suelen pasar desapercibidos, pero que pueden impactar negativamente la salud animal y los resultados productivos de la finca

La presencia de materia orgánica en descomposición, lodo o residuos en las fuentes de abastecimiento puede modificar el pH del agua y alterar el ambiente ruminal. Esto es especialmente relevante porque el pH del rumen debe mantenerse entre 5,5 y 6,5 para asegurar una digestión eficiente y un óptimo aprovechamiento de los nutrientes.

Si los resultados son desfavorables, las alternativas incluyen buscar otra fuente subterránea con apoyo de un geólogo, aprovechar agua lluvia o mezclar en proporción 50/50 el agua de pozo con agua de represa para reducir la salinidad. No se puede descartar tampoco, el uso de tratamientos para potabilizar esta agua.

Puello también llama la atención sobre un efecto colateral poco conocido: cuando se aplican garrapaticidas, mosquicidas o herbicidas disueltos en agua dura o salina, la eficacia de estos productos disminuye significativamente.

El llamado final del especialista es concreto: analizar el agua con la misma seriedad con que se analiza el suelo o el forraje.

“El llamado es a darle al agua la misma importancia que tienen la genética, la nutrición o la sanidad. Muchas veces el problema no está en el animal, sino en lo que está tomando todos los días”, concluyó.

Si desea conocer más claves sobre el agua, vea el capítulo 93 del Manual Práctico Ganadero: