Aunque es una de las naciones con mayor riqueza hídrica del planeta, la falta de infraestructura para almacenar, transportar y gestionarla ha convertido esa ventaja en una vulnerabilidad. En los últimos 15 años, los fenómenos de El Niño y La Niña han provocado pérdidas, la muerte de cerca de 469.000 animales y la afectación de millones de hectáreas. Fedegán-FNG advierte que, sin medidas estructurales, seguirá enfrentando una crisis recurrente que amenaza la producción de carne y leche.
La paradoja resulta difícil de entender. Colombia ocupa uno de los primeros lugares del mundo en disponibilidad de recursos hídricos, cuenta con más de mil ríos y registra precipitaciones que triplican el promedio mundial.
Sin embargo, cada vez que llega una sequía o una temporada de lluvias intensas, miles de ganaderos vuelven a sufrir pérdidas económicas, productivas y ambientales.
El informe ‘El sector ganadero y las afectaciones climáticas: comportamiento, impactos y propuestas’, elaborado por la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) y el Fondo Nacional del Ganado (FNG), señala que la verdadera crisis no radica únicamente en los fenómenos climáticos, sino en la ausencia de soluciones permanentes para gestionar el agua.
“La ventaja comparativa que en algún momento se vanaglorió de tener Colombia respecto al acceso y disponibilidad de agua, debe pasar a ser real”, advierte el documento.
Según el análisis, mientras no existan inversiones en sistemas de almacenamiento, reservorios, pozos, distritos de riego y transporte del recurso hídrico, el país continuará enfrentando los mismos problemas cada vez que se presenten eventos extremos.
El costo de no prepararse
Las cifras recopiladas por Fedegán muestran la magnitud del problema. Entre 2009 y 2024, los fenómenos de El Niño y La Niña ocasionaron la muerte de 468.866 bovinos y el desplazamiento de más de 6,9 millones de animales.
Además, millones de hectáreas destinadas a la actividad ganadera resultaron afectadas por inundaciones o sequías.
A lo anterior se suma un impacto económico que supera los $6,07 billones, una cifra que evidencia la vulnerabilidad de la producción pecuaria frente a la variabilidad climática.
El fenómeno de El Niño de 2009-2010 generó pérdidas cercanas a $1,96 billones, mientras que las temporadas de La Niña registradas entre 2010 y 2012 causaron daños por más de $1,6 billones. Posteriormente, los eventos climáticos ocurridos entre 2014 y 2024 continuaron acumulando pérdidas multimillonarias para el sector.
“Los graves efectos de sequía no tienen que ver exclusivamente con las condiciones de la naturaleza. Existen responsabilidades evidentes por la ausencia de políticas para mitigar estas consecuencias”, sostiene el informe.
Para Fedegán, el problema se agrava porque los impactos no terminan cuando cesan las lluvias o regresan las precipitaciones.
La reducción en la disponibilidad de forrajes, la pérdida de peso de los animales y las afectaciones reproductivas terminan reflejándose en menores niveles de producción durante varios años.
Potencia hídrica sin infraestructura
El contraste entre la abundancia de agua y las dificultades para aprovecharla es uno de los aspectos más llamativos del estudio.
Colombia es el cuarto país del mundo con mayor riqueza hídrica. Posee más de mil ríos, de los cuales diez registran caudales superiores a 1.000 metros cúbicos por segundo.
Además, el promedio anual de lluvias alcanza los 3.000 milímetros, muy por encima de los 900 milímetros del promedio mundial.
Sin embargo, el país sigue mostrando importantes rezagos en infraestructura rural. El informe recuerda que el 83 % de las viviendas rurales no cuenta con acueducto y el 82 % carece de alcantarillado.
La situación también se refleja en el aprovechamiento productivo del agua.
De los 10,5 millones de hectáreas que podrían adecuarse para riego, apenas se han desarrollado cerca de 842.000 hectáreas, equivalentes al 9,2 % del potencial nacional.
“No existe un aprovechamiento de dicho recurso para las temporadas secas, que cada vez son más intensas y periódicas”, señala Fedegán.
Para el gremio, esta realidad explica por qué las sequías y las inundaciones continúan generando consecuencias tan severas en las zonas rurales, pese a la enorme disponibilidad hídrica del país.
Soluciones pendientes
Ante un escenario en el que los fenómenos climáticos serán cada vez más frecuentes e intensos, Fedegán insiste en la necesidad de adoptar medidas estructurales y no únicamente acciones de emergencia.
Entre las principales propuestas figuran la construcción masiva de pozos, jagüeyes y reservorios; el fortalecimiento de los distritos de riego; la implementación de sistemas de almacenamiento de agua durante las temporadas lluviosas; el desarrollo de seguros ganaderos contra eventos climáticos y la creación de líneas especiales de crédito para financiar infraestructura hídrica.
El informe también plantea fortalecer la asistencia técnica, impulsar sistemas silvopastoriles y promover políticas orientadas a la conservación de cuencas, páramos y bosques, considerados fundamentales para garantizar la disponibilidad futura del recurso.
“Es preciso tomar medidas estructurales hoy para evitar fenómenos de El Niño y La Niña más críticos en años posteriores”, enfatiza el documento.
Para Fedegán, la discusión ya no gira únicamente alrededor del cambio climático, sino sobre la capacidad del país para adaptarse a él. La advertencia es clara: si Colombia no transforma su riqueza hídrica en infraestructura y planificación, seguirá pagando una factura multimillonaria cada vez que el clima cambie de rumbo.
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