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En ensilajes de maíz con alta proporción de grano, el material debe mantener un tono cercano al amarillo natural que aportan los granos.

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Color, compactación y tiempo: lo que necesita para saber si un ensilaje quedó bien hecho

por: Angie Barbosa- 31 de Diciembre 1969

La calidad puede evaluarse con señales visibles y prácticas de manejo que comienzan durante la cosecha y terminan en la apertura del silo y posterior consumo por los animales. El color del material, la ausencia de exceso de humedad, una adecuada compactación y el respeto por los tiempos de fermentación son algunos de los indicadores que permiten determinar si el forraje conservado mantendrá su valor nutricional.

La calidad puede evaluarse con señales visibles y prácticas de manejo que comienzan durante la cosecha y terminan en la apertura del silo y posterior consumo por los animales. El color del material, la ausencia de exceso de humedad, una adecuada compactación y el respeto por los tiempos de fermentación son algunos de los indicadores que permiten determinar si el forraje conservado mantendrá su valor nutricional.



En tiempos en los que los productores buscan asegurar la disponibilidad de alimento para sus animales, elaborar un buen ensilaje se convierte en una tarea estratégica.

Sin embargo, no basta con almacenar forraje; también es necesario verificar que el proceso de conservación se realizara correctamente para garantizar un alimento de calidad.

De acuerdo con Germán García, zootecnista, ganadero, especialista en nutrición de rumiantes y autor del libro El Arte de Ensilar, existen métodos sencillos que permiten identificar si el material ensilado alcanzó una fermentación adecuada o si, por el contrario, presentó fallas que comprometen su aprovechamiento.


El color habla


Uno de los primeros aspectos que debe revisar el productor al abrir un silo es el color del material. Según el experto, un ensilaje bien elaborado conserva tonalidades similares a las del cultivo original.

"El color de un buen ensilaje debería ser un color amarillo verdoso o verde amarilloso. No debería cambiar el color", explicó García.

En ensilajes de maíz con alta proporción de grano, el material debe mantener un tono cercano al amarillo natural que aportan los granos. Cuando el color se oscurece ligeramente, puede ser señal de una fermentación con cierta presencia de aire, aunque todavía puede ser consumido por los animales. Sin embargo, cuando aparecen tonos tabaco, café, chocolate o incluso negros, el panorama cambia.

Estos colores evidencian una elevación excesiva de temperatura durante el almacenamiento, fenómeno que puede afectar la digestibilidad del alimento.

El calor favorece la caramelización de algunos azúcares y reduce la calidad nutricional del forraje.

"Del color café hacia el color chocolate ya no es un buen indicador de una correcta fermentación. Ahí ya hubo problemas y generalmente no es recomendable dárselo a los animales", advirtió.


Humedad y compactación


Uno de los errores frecuentes en la elaboración de ensilajes de maíz y sorgo es la aplicación excesiva de melaza diluida en agua.

Aunque algunos productores buscan mejorar la fermentación mediante esta práctica, el exceso de humedad puede generar efectos contrarios.

La presencia exagerada de agua favorece el desarrollo de bacterias indeseables y aumenta la producción de lixiviados, es decir, líquidos que escurren del silo y arrastran nutrientes valiosos.

El resultado es una pérdida de calidad y un deterioro del material almacenado.

A este problema se suma otro factor considerado por los especialistas como el principal enemigo del ensilaje: el oxígeno. Por esta razón, la compactación es una etapa fundamental para expulsar la mayor cantidad posible de aire.

"El enemigo número uno de los ensilajes aquí y en todo el mundo es el oxígeno", sostuvo García.

Cuando el material no se compacta adecuadamente se favorecen fermentaciones indeseables, como las acéticas, butíricas o alcohólicas, que reducen el valor alimenticio del forraje.

Una compactación deficiente puede llevar a que gran parte del alimento almacenado termine siendo inutilizable justo cuando más se necesita.


Respetar la maduración


La ansiedad por utilizar rápidamente el ensilaje también puede convertirse en un error costoso. García señaló que algunos productores abren los silos pocos días después de cerrarlos, sin permitir que el proceso fermentativo concluya.

El especialista indicó que el período mínimo recomendado es de 30 días. Antes de ese tiempo, la temperatura interna suele permanecer elevada y la fermentación aún no ha alcanzado su punto óptimo.

"Lo ideal es que nosotros dejemos cualquier silo de cualquier cosa por lo menos 30 días", afirmó.

Incluso, permitir una maduración más prolongada puede aportar beneficios adicionales. A los 45 o 50 días, la acción de los ácidos generados durante la fermentación mejora la digestibilidad de la fibra, facilitando el trabajo de las bacterias del rumen.

No obstante, el experto aclaró que el ensilaje no aumenta su contenido de proteína ni de energía durante el almacenamiento. Su función es conservar la calidad inicial del forraje y evitar pérdidas nutricionales.

"Ningún ensilaje mejora calidad, ningún ensilaje mejora proteína, ningún ensilaje mejora energía. Lo que sí podemos mejorar, un poquitico, es la digestibilidad", concluyó.

Para los ganaderos, identificar estas señales puede marcar la diferencia entre disponer de una reserva estratégica de alimento o enfrentar dificultades nutricionales en épocas de escasez.

Un buen ensilaje comienza en el campo, pero su verdadera calidad se revela cuando llega el momento de abrir el silo.