Lo que comenzó hace dos décadas como una apuesta técnica hoy suma más de 341.000 hectáreas bajo manejo sostenible, 65.000 personas capacitadas y más de 2 millones de toneladas de carbono capturadas. La estrategia, impulsada por Federación Colombiana de Ganaderos, ha llegado desde el Caribe hasta la Amazonía, transformando la forma de producir en el campo colombiano.
Hace veinte años, conceptos como sistemas silvopastoriles, cercas vivas, restauración ambiental o captura de carbono eran poco comunes dentro de la conversación ganadera nacional.
Hoy, esas prácticas forman parte de una estrategia que ha dejado huella en territorios que van desde el Caribe seco hasta la Amazonía, pasando por la región Andina y la Orinoquía.
En las últimas dos décadas, el paisaje rural colombiano comenzó a dejar atrás esquemas tradicionales de producción para dar paso a un modelo técnico en el que la rotación de potreros, las cercas vivas, los acueductos ganaderos y la protección de los nacimientos de agua dejaron de verse como prácticas aisladas para convertirse en herramientas que fortalecen la productividad y la sostenibilidad de las fincas.
Esta transición responde a un cambio de visión en el que el productor ya no es visto únicamente como un actor económico, sino también como un aliado en la conservación de los recursos naturales y en la mitigación de los efectos del cambio climático.
Bajo el liderazgo de José Félix Lafaurie, presidente ejecutivo de Fedegán, y con la orientación técnica de Manuel Gómez desde el área de Ganadería Sostenible de esa federación, el gremio ha impulsado una estrategia que hoy tiene presencia en distintas regiones del país y que ha logrado conectar la productividad rural con objetivos medibles de sostenibilidad ambiental y económica.
De acuerdo con el balance presentado por Gómez, uno de los mayores logros ha sido convertir una iniciativa piloto en un modelo replicado en múltiples territorios del país.
“Tenemos resultados medibles y verificables. La ganadería sostenible dejó de ser una propuesta teórica para convertirse en una realidad que hoy se puede observar en distintas regiones del país”, explicó el directivo.
Más de 341 mil hectáreas transformadas
El impacto territorial de esta estrategia abarca actualmente el Caribe seco, el Caribe húmedo, los valles interandinos, la región Andina, la Orinoquía y la Amazonía, adaptando las prácticas productivas a las condiciones particulares de cada ecosistema.
Las cifras consolidadas por Fedegán indican que el modelo suma 341.413 hectáreas bajo esquemas de manejo sostenible.
De ese total, cerca de 160.000 hectáreas corresponden a acciones desarrolladas directamente por el programa de ganadería sostenible, mientras que la cooperación internacional ha contribuido a la implementación de 83.000 adicionales y el sector empresarial ha participado en otras 63.290.
“Cuando hablamos de más de 341 mil hectáreas bajo manejo sostenible estamos hablando de cambios reales en la forma de producir, conservar y gestionar los recursos dentro de las fincas”, señaló Gómez.
Los resultados también se reflejan en indicadores ambientales
El programa reporta una captura estimada de 2.013.400 toneladas de CO₂ equivalente, cifra calculada mediante metodologías reconocidas internacionalmente y que evidencia el aporte de estas prácticas a los compromisos climáticos del país.
A ello se suman 40.892 hectáreas destinadas a restauración, áreas que dejaron de utilizarse para actividades productivas y que hoy avanzan en procesos de regeneración natural de humedales, bosques y corredores biológicos dentro de los predios ganaderos.
Personas, conocimiento y desarrollo rural
Más allá de las hectáreas intervenidas y los indicadores ambientales, el programa ha centrado buena parte de sus esfuerzos en la formación de personas.
Según el balance entregado por Fedegán, 65.438 personas, entre hombres y mujeres, han recibido capacitación en procesos de extensión rural y ganadería sostenible, fortaleciendo capacidades técnicas en comunidades vinculadas al sector.
“Uno de los mayores logros ha sido la formación de extensionistas que nacen en las mismas comunidades y hoy replican conocimiento en distintos territorios”, afirmó Gómez.
Esa red de conocimiento se extiende por departamentos como La Guajira, Cesar, Magdalena, Bolívar, Sucre, Córdoba, Antioquia, Boyacá, Cundinamarca, Valle del Cauca, Meta, Casanare, entre otros territorios donde las condiciones productivas y ambientales son diferentes, pero comparten el objetivo de hacer una ganadería más eficiente.
La estrategia beneficia principalmente a pequeños y medianos productores, que representan la mayoría de los ganaderos colombianos.
Del Caribe a la Amazonía
En la Orinoquía, el trabajo se ha concentrado en el manejo sostenible de sabanas naturales y sistemas adaptados a las dinámicas de la región.
En la Amazonía caqueteña, por su parte, el modelo opera bajo acuerdos de cero deforestación y mecanismos de monitoreo orientados a proteger la frontera agropecuaria legal y conservar ecosistemas estratégicos.
Para Manuel Gómez, el potencial de crecimiento sigue siendo enorme.
“Si contáramos con un respaldo financiero y técnico más decidido, de parte del Estado y de las organizaciones internacionales, podríamos escalar este modelo de forma exponencial y acelerar el cumplimiento de las metas ambientales y productivas del país”, sostuvo.
Después de dos décadas de trabajo, los resultados muestran que la sostenibilidad dejó de ser un concepto ajeno a la actividad ganadera.
Hoy forma parte de la realidad de miles de productores y de una estrategia que ha transformado fincas, fortalecido comunidades rurales y dejado una huella visible en territorios que van desde el Caribe colombiano hasta la Amazonía.
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