La compañía dueña de Zara, Pull&Bear, Bershka y Massimo Dutti destinará esos recursos, durante tres años, a fortalecer comunidades indígenas en seis países que resguardan la selva tropical más grande del planeta, entre ellos Colombia, en una apuesta que conecta la moda con el ciclo del agua y la producción agropecuaria del continente.
Durante años, buena parte de las inversiones ambientales del sector privado se concentró en reducir emisiones, sembrar árboles o compensar la huella de carbono.
Sin embargo, la aceleración del cambio climático está modificando esa lógica. Hoy, un número creciente de compañías comienza a destinar recursos a proteger ecosistemas estratégicos antes de que se degraden, convencidas de que la estabilidad del clima, la disponibilidad de agua y la conservación de la biodiversidad también son factores que influyen en la productividad y en la seguridad de sus cadenas de suministro.
La más reciente muestra de esa tendencia la dio Inditex, propietario de marcas como Zara, Pull&Bear, Bershka y Massimo Dutti, al anunciar una inversión de 6,5 millones de euros para apoyar, durante los próximos tres años, un programa de protección de la Amazonía liderado por Conservación Internacional - CI.
La iniciativa abarca Colombia, Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú y Surinam, con el propósito de fortalecer la conservación de más de dos millones de hectáreas de bosque tropical.
Más que restaurar
El anuncio deja ver un cambio de enfoque que empieza a ganar espacio en las estrategias ambientales del sector privado.
Durante décadas, buena parte de la cooperación ambiental se orientó a restaurar ecosistemas degradados. Hoy, la prioridad es impedir que esos bosques desaparezcan. La razón es sencilla: proteger un ecosistema que aún conserva su funcionamiento natural resulta más efectivo, menos costoso y ambientalmente más beneficioso que intentar recuperarlo cuando ya ha sido transformado y degradado.
Por eso, el proyecto impulsado por Inditex no se concentra en campañas masivas de reforestación. Sus recursos estarán dirigidos a fortalecer áreas protegidas, consolidar la gestión territorial y respaldar el trabajo de comunidades indígenas que históricamente han desempeñado un papel clave en la conservación del bosque amazónico.
Colombia en la estrategia
En el caso colombiano, la inversión respaldará acciones en los resguardos indígenas Camaritagua y Curare-Los Ingleses, ubicados en el departamento de Amazonas, donde el objetivo es fortalecer la gobernanza territorial y consolidar mecanismos de protección del bosque.
No es una elección casual. Diversas investigaciones han mostrado que los territorios indígenas registran menores niveles de deforestación frente a otras zonas amazónicas, gracias a modelos de manejo que combinan el conocimiento ancestral con estrategias de conservación.
Por ello, la protección del bosque ya no se entiende únicamente como una tarea ambiental, sino también como un proceso que depende de la capacidad de las comunidades para administrar y defender sus territorios.
Una inversión con impacto
Aunque el anuncio tiene un marcado componente ambiental, sus implicaciones van mucho más allá de la biodiversidad.
La Amazonía desempeña un papel determinante en la regulación del ciclo del agua y del clima en Sur América y quizá el mundo entero.
La humedad que libera diariamente contribuye a la formación de sistemas atmosféricos que favorecen las lluvias en amplias zonas del continente, incluidas regiones donde la agricultura y la ganadería dependen de un comportamiento climático relativamente estable.
En otras palabras, conservar el bosque amazónico no solo significa proteger especies o paisajes.
También ayuda a preservar procesos naturales que inciden en la disponibilidad de agua, la productividad agropecuaria y la resiliencia de los sistemas alimentarios frente a fenómenos climáticos cada vez más intensos.
Esa realidad explica por qué la conversación sobre conservación dejó de limitarse a organizaciones ambientales y gobiernos.
Hoy, además, forma parte de las decisiones estratégicas de empresas que entienden que la degradación de los ecosistemas puede traducirse en mayores costos, interrupciones en el abastecimiento de materias primas y una creciente incertidumbre para sus operaciones.
Una señal del mercado
En el caso de Inditex, los recursos destinados a este programa provienen del cobro de bolsas y sobres de papel implementado por la compañía desde 2021, una medida creada para promover alternativas reutilizables entre sus clientes. La iniciativa, además, complementa otros compromisos asumidos por la empresa en materia de agricultura y producción sostenible y regenerativa, como su participación en el Regenerative Fund for Nature.
Más que la cifra anunciada, el mensaje resulta significativo porque confirma una tendencia que empieza a consolidarse: la naturaleza dejó de verse únicamente como un escenario donde compensar impactos ambientales y comienza a reconocerse como un activo estratégico cuya conservación ayuda a reducir riesgos climáticos, económicos y productivos.
Para Colombia, esa visión adquiere un valor especial. En un país que alberga una de las mayores extensiones de bosque amazónico del planeta, las inversiones destinadas a mantener esos ecosistemas en pie no solo representan un respaldo a la conservación, sino que asimismo fortalecen procesos que inciden en la regulación del agua, la estabilidad climática y las condiciones que hacen posible la producción agropecuaria en buena parte del territorio nacional.
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