El Fenómeno del Niño ya se siente en varias regiones del país. Ricardo Arenas, experto de Fedegán, detalla las medidas que marcan la diferencia entre mantener la productividad del hato y sufrir pérdidas por falta de forraje y agua.
El Fenómeno del Niño ya comenzó a sentirse en distintas zonas del país y con él llegan las preocupaciones por la reducción de las lluvias, la menor disponibilidad de forraje y el impacto sobre la productividad de las fincas. Los especialistas insisten en que la clave no está en reaccionar cuando el verano ya está instalado, sino en anticiparse.
Ricardo Arenas, profesional Ganadero Amigo de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), aseguró que las acciones preventivas son determinantes para reducir los efectos de la temporada seca sobre el hato y la disponibilidad de recursos.
Sin embargo, asegura el experto que una vez iniciado el fenómeno aun hay decisiones y acciones que tomar para reducir el impacto antes de que llegue la época mas critica.
"Quienes esperen a que los potreros estén secos para actuar, probablemente llegarán tarde", advirtió.
1. Alistar potreros
La primera decisión consiste en preparar las praderas antes de que las condiciones climáticas empeoren: limpieza, control de malezas, mantenimiento, división de potreros y reparación de cercas para optimizar el forraje disponible en los meses de escasez.
Estas labores permiten un mejor aprovechamiento del pasto y un manejo más eficiente del pastoreo cuando la oferta de alimento comienza a disminuir.
"Cuando el verano esté en su punto más crítico, ya no será el momento adecuado para hacer estos trabajos", explicó Arenas.
2. Desparasitar animales
Durante la sequía, cuando el alimento escasea, una alta carga parasitaria reduce la eficiencia productiva y afecta la capacidad del animal para transformar el forraje en carne o leche.
Una desparasitación estratégica contribuye a mejorar la absorción de nutrientes y ayuda a mantener el desempeño del hato durante los meses más difíciles.
3. Ajustar inventarios
El verano también exige revisar con objetividad la composición del hato. Identificar animales improductivos, de bajo desempeño o con menor valor genético permite tomar decisiones oportunas antes de que aumenten los costos de alimentación.
Para ello, el especialista destacó la importancia de apoyarse en registros productivos y herramientas tecnológicas que faciliten decisiones sustentadas en información.
"Los registros productivos y el software ganadero cobran una importancia enorme para decidir con datos y no con percepciones", señaló.
4. Revisar el agua
Garantizar el acceso permanente al agua es una prioridad. Revisar tuberías, tanques y bebederos para detectar fugas, y proteger las fuentes hídricas, evita pérdidas de un recurso que será aún más valioso durante el verano. De ser posible, el experto recomienda la perforación de pozos profundos.
Mantener el agua cerca de los animales disminuye además el gasto energético de los desplazamientos y favorece su bienestar animal.
5. Planificar el forraje
Otra decisión indispensable es calcular las necesidades alimenticias del hato y compararlas con la producción esperada de las praderas mediante aforos, para conocer con precisión la disponibilidad de forraje para anticipar posibles déficits.
"No podemos manejar el verano a ciegas", enfatizó Arenas al destacar que una adecuada planificación forrajera facilita la toma de decisiones antes de que aparezcan las dificultades.
6. Almacenar forraje
Si existen excedentes de pasto, este es el momento de conservarlos mediante ensilaje, heno o henolaje. Si se prevé un déficit, conviene asegurar con anticipación suplementos y subproductos agroindustriales de fuentes externas a la finca.
Preparar estas reservas reduce el riesgo de improvisar cuando la oferta de alimento ya no sea suficiente y ayuda a mantener la productividad del sistema.
7. Garantizar sombra
La última decisión está relacionada con la protección de los animales frente a las altas temperaturas. Aunque establecer sistemas silvopastoriles completos requiere más tiempo, todavía es posible conservar los árboles existentes o construir cobertizos sencillos que proporcionen sombra.
Estas medidas disminuyen el estrés térmico y contribuyen a mejorar el bienestar y el desempeño productivo del ganado durante los meses de mayor radiación solar, al igual que reduce la necesidad de consumo de agua de los animales, precisamente en la época que más escasea.
"El verano no se enfrenta cuando llega el momento más crítico; el verano se enfrenta desde ya", concluyó Ricardo Arenas.
El profesional recordó que las fincas que mejor superan los fenómenos climáticos extremos no son necesariamente las más grandes, sino aquellas que planifican mejor cada una de sus decisiones.
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