Estas especies sobresalen por su aporte de proteína y se han convertido en una alternativa para disminuir el uso de concentrados. Sin embargo, especialistas advierten que su efectividad depende de cómo se integren al sistema de producción y no únicamente de su composición nutricional.
Cada vez es más común encontrar en redes sociales publicaciones que presentan a la moringa, la leucaena o la alfalfa como la solución para aumentar la producción de leche y carne.
Aunque estas especies tienen un contenido de proteína superior al de muchas gramíneas tropicales, especialistas consultados por CONtexto Ganadero coinciden en que ningún forraje, por sí solo, transforma la productividad de una finca.
Y, más que buscar la planta con el mayor porcentaje de proteína, el reto para el productor está en construir una dieta balanceada que responda a las condiciones de su predio, el clima, la disponibilidad de biomasa y las necesidades nutricionales del hato. En ese camino, aparece la leucaena, una de las especies con mayor respaldo científico.
Desde comienzos de la década de 1990, el Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción Agropecuaria (CIPAV) estudia su comportamiento en sistemas silvopastoriles intensivos, donde ha demostrado que puede incrementar la oferta de proteína para los bovinos, disminuir la dependencia de suplementos comerciales y aportar beneficios económicos y ambientales.
Más allá del porcentaje de proteína
Para Ricardo Arenas, médico veterinario y autor del Manual Práctico Ganadero de Fedegán, reducir el análisis únicamente al contenido de proteína es uno de los errores más frecuentes. "Sí bien es cierto, la leucaena, la moringa o la misma alfalfa tienen contenidos proteicos mucho más altos que muchas de las gramíneas de los pastos tropicales que usamos en ganadería, sin embargo, la nutrición de los bovinos va mucho más allá del contenido de proteína".
El experto explica que el desempeño de los animales también depende del aporte energético de la dieta, la cantidad de forraje disponible y la capacidad de mantener una alimentación estable durante todo el año. "Lo importante es tener una nutrición balanceada y permanente durante todo el año". Ese mismo concepto es desarrollado por el Manual Práctico Ganadero. En el capítulo Nutrición y praderas, el manual explica que el valor de un forraje debe analizarse de manera integral y no únicamente por su composición química.
A su vez, el capítulo sobre la Selección de semillas, destaca que la elección de las especies debe responder a factores como el clima, el tipo de suelo y el sistema productivo, ya que no existe una alternativa que ofrezca los mismos resultados en todas las regiones.
Mayor beneficio en el sistema, no en la especie
Aunque la moringa, la leucaena y la alfalfa pueden suministrarse como bancos de proteína o suplementos estratégicos, Arenas señala que los mejores resultados aparecen cuando estas especies hacen parte de sistemas silvopastoriles diseñados técnicamente.
En ese sentido, recuerda que tanto las investigaciones adelantadas por CIPAV como la experiencia del programa Ganadería Colombiana Sostenible evidencian mejoras en la productividad y una reducción en los costos de alimentación.
"Se han conseguido mejores producciones de leche, se han aumentado los litros de leche por hectárea y los kilos de carne por hectárea cuando se utilizan estos sistemas. El costo de alimentación se ha reducido porque estas variedades ayudan a balancear las dietas de los animales", anotó.
A esos beneficios se suman otros como la fijación de nitrógeno al suelo, la disminución en el uso de fertilizantes, la oferta de sombra para el ganado y una mayor capacidad de adaptación frente a las variaciones del clima. Por eso, Arenas insiste en que la discusión no debe centrarse en cuál forraje tiene más proteína, sino en cómo aprovechar cada especie dentro de un sistema de alimentación bien planificado.
"Siempre hemos dicho que no hay un forraje único que funcione como un milagro. Lo importante es diseñar estos sistemas de manera técnica para producir más carne o más leche por hectárea, reduciendo los costos de alimentación y mejorando el bienestar animal", añadió.
La discusión, entonces, no debería centrarse en cuál forraje tiene más proteína, sino en cuál se adapta mejor a las condiciones de cada finca ganadera.
/)
/)