CONtexto Ganadero - Una lectura rural de la realidad colombiana
intoxicación con nitratos y nitritos en ganado

Foto: Fedegán FNG

Los cambios bruscos entre sequía y lluvias pueden elevar la concentración de compuestos tóxicos en los pastos y poner en riesgo la vida del ganado.

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Nitratos-nitritos y HCM: una amenaza silenciosa que pende sobre la ganadería de nuestro país

por: Autor invitado- 31 de Diciembre 1969

La intoxicación por nitratos, nitritos y ácido cianhídrico continúa afectando ganaderías en distintas regiones del país, especialmente tras periodos de sequía seguidos por lluvias intensas. Dos casos registrados en Palestina (Caldas) evidencian cómo el manejo inadecuado del suelo y la fertilización nitrogenada pueden desencadenar altas tasas de mortalidad bovina.

La intoxicación por nitratos, nitritos y ácido cianhídrico continúa afectando ganaderías en distintas regiones del país, especialmente tras periodos de sequía seguidos por lluvias intensas. Dos casos registrados en Palestina (Caldas) evidencian cómo el manejo inadecuado del suelo y la fertilización nitrogenada pueden desencadenar altas tasas de mortalidad bovina.


Tulio Alberto Vélez Salazar, médico veterinario y zootecnista de la Universidad de Caldas talbertovelez@gmail.com

La presencia de nitratos-nitritos y HCN (ácido cianhídrico) ha sido permanente en muchas zonas ganaderas de Colombia, en particular en áreas de los departamentos de Magdalena, sur de Antioquia, Boyacá y Santander (Cesar, Puerto Boyacá, Puerto Nare, Puerto Berrío, entre otros). Se hace presente en altas dosis en plantas como el cansa viejo o mataganado (Asclepias curassavica) y en el bejuco cruceto (Pisonia aculeata L.). Esto ha sido confirmado por el autor de estas líneas durante más de treinta años de experiencia profesional como MVZ en múltiples ganaderías en dichas zonas y en su práctica como docente de las clínicas ambulatorias y prácticas médico-quirúrgicas de la Facultad de MVZ de la Universidad de Caldas.

Por observaciones personales de campo en las zonas antes aludidas y atendiendo a que el problema se intensifica en los periodos secos de verano y, en especial, en los eventos resultantes del fenómeno de El Niño, se realizaron estudios basados en las tomas de muestras de las plantas en mención durante su periodo vegetativo más alto y se encontró concentración de niveles letales de nitratos-nitritos y HCN, dichas pruebas se hicieron con la utilización del reactivo difenilamina y ácido pícrico (DFNA y AP).

Es de resaltar que, siguiendo a Payne (1981), a medida que la ganadería de leche se tecnifica y aumenta el uso de fertilizantes nitrogenados (urea y sus derivados) sobre todo en zonas lecheras de alta tecnología, la presencia de nitratos y nitritos se concentra en los periodos de sequía y, con las primeras lluvias, se dispara el problema. Esto ha sido observado con claridad en épocas posteriores al fenómeno de El Niño en zonas de las altiplanicies nariñense y cundiboyacense.

Paso a narrar dos casos específicos que se presentaron en la zona de Palestina (Caldas) entre febrero y abril de 2023 y entre octubre y noviembre de 2025. (Lea en CONtexto ganadero: Intoxicación por nitratos en bovinos fue más intensa este año)


Caso 1:


Finca la B, predio de 53 hectáreas con un área efectiva de potreros de 35 hectáreas, para el momento del evento contaba con una carga de 177 novillas en ceba. Para el manejo de esta carga se utilizaba altos niveles de urea y sus derivados (aproximadamente 600 a 700 kg por hectárea al año). Para aquella época (diciembre de 2022) se presentaba en Colombia un fenómeno de La Niña, un fuerte veranillo de un mes que generó una sequía en los pastos. Hacia finales de enero de 2023, regresó la lluvia. El pasto estrella utilizado en el predio presentó rebrotes pero con muy poca área foliar y un color verde intenso. En ese momento comenzaron a presentarse los primeros síntomas en varias novillas, a saber: embotamiento, caminar lento, caídas, salivación, ligero timpanismo, colapso y muerte. Esta última se producía generalmente después de dos horas a partir de los primeros síntomas.

Al trocarizar el rumen por el timpanismo se percibió un fuerte olor azufrado, lo que condujo a sospechas iniciales de presencia de Clostridium perfringens. No obstante, al movilizar el ganado hacia el corral para tratamiento se observó que caían varias novillas con la misma sintomatología, razón por la cual, en el lapso de una semana, el autor comienza a relacionarlo con una posible intoxicación de nitratos y nitritos. Sobre esta base hipotética se procedió a tomar muestras de pasto y traerlas al laboratorio de patología de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad de Caldas para su análisis a través de las pruebas con DFNA y AP, hallando trazas de nitratos, nitritos y HCN, confirmando la hipótesis.

En tal sentido, se recomendó de inmediato no mover más los ganados e iniciar un plan de alimentación con heno para reemplazar la dieta y aplicar en el agua bicarbonato de sodio, pues, el panorama general del hato mostraba un cuadro de síndrome de ARS (acidosis ruminal subaguda), lo que desencadenó la presencia de Clostridium, Pasteurella y Anaplasma. No obstante, al ser un cuadro tan disperso, el administrador de la empresa no atendió a estas recomendaciones y continuó movilizando los ganados, el resultado: 72 novillas muertas.

En un análisis posterior del suelo se encontró un nivel de potasio diez veces superior al normal, lo cual descompensó la fisiología del pasto y causó su limitado desarrollo y las altísimas concentraciones de nitratos-nitritos y HCN potencialmente letales, como se pudo comprobar. Se halló que este predio había sido destinado al cultivo de plátano por más de diez años lo cual contribuyó a la concentración de potasio a estos niveles.

El resultado de mortalidad a causa de la desatención a las recomendaciones fue de un 40,7 % de las reses.


Caso 2:


En la finca la V, en Palestina (Caldas), durante el ciclo de vacunación entre octubre y noviembre de 2025, entre 45 novillas, tras la movilización a los corrales, se identificó que cuatro de ellas mostraban síntomas de embotamiento y mueren al cabo de dos horas. El propietario de la finca contacta con el autor y, en rápida consulta, se recomienda de inmediato no movilizar más el lote de novillas, iniciar el aporte de heno como dieta total y aplicación de bicarbonato en el agua. Las recomendaciones fueron adoptadas de manera diligente y se mantuvo el lote en este régimen durante ocho días, término tras el cual fue trasladado hacia otra finca sin ningún inconveniente.

Después de retirar el ganado, nos enfocamos en resolver los problemas relacionados con los altos niveles de potasio identificados en el suelo, siguiendo las recomendaciones de Colagro. Se realizó un proceso de corrección con calcio y magnesio (500 kg por hectárea) y, adicional a esto, con el ingreso de nuevo ganado, se suministró una sal enriquecida con calcio y magnesio para controlar los niveles de potasio.

En este caso la mortalidad resultante fue del 9,09%. (Lea en CONtexto ganadero: 5 formas de evitar intoxicaciones en bovinos por nitratos en pastos)

Las intoxicaciones y los trastornos metabólicos por la utilización de abonos nitrogenados están presentes en todas las ganaderías de alto rendimiento, lecheros sobre todo. Es recomendable que los profesionales que se desempeñan en zonas geográficas con características similares a las arriba mencionadas o en áreas con presencia de plantas tóxicas, mantengan y utilicen los reactivos DFNA y AP (difenilamina y tirillas de ácido pícrico) para, antes de introducir ganado a estas áreas, tener certeza de cómo están los niveles de toxicidad de la zona. Por ser una entidad (síndrome) cuya sintomatología puede llevar a confusiones y errónea interpretación, es insoslayable consultar a profesionales expertos y calificados antes de confiar en los diagnósticos propios. Cualquier manejo desinformado, irresponsable o temerario en los movimientos del ganado conduce a un inmediato aumento del riesgo de mortalidad y letalidad, sin dejar de mencionar las pérdidas económicas irreparables para cualquier empresa.

* Nota: Agradezco la colaboración en las tareas que propiciaron la elaboración de esta columna a Juan Manuel Escobar C. (director técnico de Colagro); a Carlos Polo Galíndez (PhD), toxicólogo; a Francisco Javier Pedraza Ordóñez (PhD), patólogo y al laboratorio de patología del hospital veterinario de la Universidad de Caldas. Finalmente, a Daniel Restrepo Uribe (MVZ), por su generosidad y deferencia.

Bibliografía consultada:

Payne, J.M. (1981) Enfermedades metabólicas de los animales zootécnicos. Zaragoza: Acribia.