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¿Por qué hablar de confinamiento en trópico bajo colombiano? Experto detalla el enfoque correcto

Angie Barbosa 29 de Enero 2026
¿Por qué hablar de confinamiento en trópico bajo colombiano?Foto: tumbapato.com - Imágen de referenciaUno de los errores más frecuentes es intentar replicar esquemas de trópico alto o de países templados sin ajustes.

En un entorno marcado por altas temperaturas y estrés calórico, el confinamiento aparece como una alternativa viable para producir leche de forma rentable en el trópico bajo. Especialista aclara por qué el éxito no depende del sistema, sino de cómo se adapta la nutrición del ganado al ambiente que lo rodea.


El confinamiento en ganadería lechera suele asociarse a climas frío o templado, lo que se conoce coloquialmente como trópico alto, pero cada vez toma más fuerza en zonas de trópico bajo colombiano.

Para Eduardo Aguirre Escobar, director técnico de la línea de ganadería de Italcol, esta conversación es necesaria si se quiere hablar de eficiencia productiva y sostenibilidad. (Lea en CONtexto ganadero: Pastoreo o confinamiento resulta cinco veces más rentable que un producto financiero)

“En el mundo el 90 % de la leche que se produce es en confinamiento. Este es un modelo predominante de producción de leche porque permite mayor optimización de los recursos”, afirmó. Según explicó, no se trata de copiar modelos externos, sino de entender las condiciones locales y ajustar el sistema a esa realidad.


El reto del trópico bajo


Hablar de confinamiento en trópico bajo implica reconocer primero sus limitaciones. Las altas temperaturas, la humedad relativa elevada y el estrés calórico afectan directamente el consumo de materia seca, que es el motor de la producción. “Para que un animal se potencie productivamente necesita comer”, recordó Aguirre, al señalar que este es el punto crítico que muchos sistemas pasan por alto.

Uno de los errores más frecuentes es intentar replicar esquemas de trópico alto o de países templados sin ajustes. El objetivo real, insistió el experto, es producir litros rentables, sostenibles y repetibles en el tiempo. En ese sentido, dejó un mensaje claro: “El confinamiento en ganadería no falla por la genética del animal ni por el sistema en sí, sino cuando los planes de alimentación no están diseñados específicamente para el ambiente tropical en el que se implementan”.


Consumo y energía, el eje del sistema


En condiciones de trópico bajo, el consumo de materia seca se convierte en el principal factor limitante. Cuando la temperatura supera los 26 o 27ºC, el apetito de la vaca disminuye de forma significativa, lo que impacta directamente la producción. Cada kilo de materia seca que el animal deja de consumir se traduce en menos leche y menor estabilidad metabólica. (Lea en CONtexto ganadero: Calidad de la carne en animales en confinamiento vs pastoreo)

A esto se suma el manejo de la energía. Aguirre explicó que la principal fuente energética del bovino, por su fisiología, es el carbohidrato, pero advirtió que no todo se resuelve aumentando el almidón. “Más energía no significa más almidón, significa mejor balance energético”, señaló, al referirse al equilibrio entre la energía fermentable en el rumen y la energía neta disponible para el metabolismo.

Un exceso de almidón puede generar acidosis subclínica, reducir la rumia y afectar nuevamente el consumo. Por el contrario, un déficit energético disminuye la producción y la persistencia de la lactancia. El uso combinado de fuentes como el ensilaje de maíz y el alimento balanceado permite aumentar la densidad energética sin sobrecargar el rumen, logrando mejor conversión alimenticia.


Proteína, manejo y resultados


Otro punto crítico es la proteína. El experto advirtió que el exceso no incrementa la producción y sí eleva costos y pérdidas de nitrógeno. El enfoque correcto es ajustar la proteína al nivel productivo real y sincronizarla con la energía disponible. “Menos exceso = más eficiencia económica”, enfatizó Aguirre, quien resumió la relación con una frase contundente: “Por cada punto de proteína usted necesita 10 de energía”.

La aplicación de estos principios se refleja en mejores resultados productivos y económicos. Menor caída en el consumo por estrés calórico, mayor estabilidad metabólica y rangos productivos ajustados a la realidad del trópico bajo permiten reducir el costo por litro y mejorar la rentabilidad. En Antioquia, según indicó, ya se están creando modelos de confinamiento que integran estos conceptos.

El éxito del sistema también depende de factores complementarios como el confort térmico, el manejo adecuado del comedero y la disponibilidad de agua limpia. Una vaca puede consumir entre 60 y 100 litros diarios, y cualquier falla en este punto afecta de nuevo el consumo de materia seca. En confinamiento, recordó Aguirre, no gana la dieta más barata formulada en el papel, sino la que el animal realmente consume y convierte en leche rentable.


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