Colombia comienza a incorporar los animales de producción en la gestión del riesgo. Sin embargo, la zootecnista Julia Inés Lema Vélez advierte que el verdadero reto estará en los territorios: conocer las amenazas, mantener inventarios actualizados, planear evacuaciones y garantizar agua, alimento y sanidad puede evitar que una emergencia termine comprometiendo el patrimonio del productor.
Inundaciones, sequías, incendios, deslizamientos o una eventual erupción volcánica pueden obligar tener que pensar en movilizar animales en cuestión de horas. Ante ese escenario, Colombia dio un nuevo paso con lineamientos del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para orientar la atención de animales de producción durante emergencias y desastres. (Lea en CONtexto ganadero: Asoganorte pide acciones urgentes: “Declaratoria de desastre llegó tarde y la sequía ya golpea al ganadero”)
La medida desarrolla lo establecido por la Ley 2474 de 2025, según explicó Julia Inés Lema Vélez, zootecnista con más de 20 años de experiencia en gestión del riesgo y protección animal.
El instrumento establece responsabilidades y contempla actuaciones como evaluación de daños, evacuación, refugio, suministro de agua y alimento, reposición e incluso sacrificio cuando las circunstancias lo requieran.
El avance regulatorio, sin embargo, resuelve apenas una parte del problema. La capacidad para proteger bovinos, bufalinos, caprinos, aves y otros animales dependerá de que productores y autoridades conviertan esos lineamientos en procedimientos aplicables antes de que aparezca la emergencia.
“Nosotros en nuestras zonas sabemos cuáles son los riesgos a los que generalmente nos presentamos”, señaló Lema Vélez en CONtexto ganadero. Ese conocimiento, explicó, debe utilizarse para reducir previamente la vulnerabilidad de cada finca.
Riesgos en todo el país
La prevención cambia según el territorio, pues en zonas susceptibles a deslizamientos pueden adoptarse medidas para proteger los suelos. Donde las sequías son recurrentes resulta fundamental almacenar alimento y ajustar anticipadamente la carga animal.
En áreas próximas a volcanes, en cambio, el productor necesita conocer el nivel de amenaza, determinar posibles rutas de evacuación, proteger infraestructura y prever fuentes de agua que reduzcan el riesgo de contaminación por ceniza.
La dimensión del desafío aparece en el volcán Puracé. Lema Vélez recordó que, al cruzar el mapa de la zona de mayor exposición con información ganadera, encontraron alrededor de 7.600 bovinos en enero de 2026.
“¿Y a dónde los llevo? ¿Y cómo les doy comida a 7.600 bovinos? ¿Y cómo les doy agua?”, planteó la experta.
¿Qué implica evacuar?
Una emergencia puede hacer imposible trasladar la totalidad de un hato. Un productor que tenga muchas cabezas de ganado, podría no disponer de vehículos, instalaciones receptoras ni capacidad suficiente para movilizarlos simultáneamente.
El plan debe contemplar, entonces, criterios de priorización. Vacas preñadas o paridas y reproductores pueden estar entre los animales que requieran atención particular, según las condiciones de cada explotación.
Pero decidir cuáles animales evacuar no resuelve todo el problema. La movilización también debe considerar la sanidad, pues trasladarlos sin controles puede llevar enfermedades hacia territorios que inicialmente no estaban afectados.
“Nosotros no queremos que además de que tenemos una emergencia por un fenómeno natural, generemos una emergencia sanitaria donde no la tenemos”, advirtió Lema Vélez.
Otro factor determinante es conocer cuántos animales necesitan asistencia, especialmente en lugares con dificultades de acceso. Esa cifra define las necesidades de transporte, agua, alimento y capacidad de recepción.
“Yo no sé si voy a ayudar a un animal o a 100 animales, y la logística de un animal a 100 animales cambia completamente”, explicó la especialista.
Durante una catástrofe, además, la prioridad productiva cambia. La alimentación disponible puede destinarse al mantenimiento y sostenimiento del ganado, en lugar de pretender conservar los niveles habituales de ganancia de peso o producción.
El plan, guardado en un cajón
Para Lema Vélez, Colombia todavía necesita llevar el conocimiento hasta municipios, productores y trabajadores rurales, pues es allí donde finalmente se ejecuta buena parte de la respuesta. (Lea en CONtexto ganadero: Manejo de animales durante riesgo de desastres, una tarea de bienestar animal)
Experiencias de países centroamericanos muestran otra posibilidad. Según relató, se han realizado simulacros de evacuación después de meses de preparación con sitios receptores que cuentan previamente con corrales, alimento, agua y asistencia veterinaria.
La preparación exige recursos, capacitación y voluntad institucional, pero también responsabilidad del productor. Para la experta, el propietario no puede depender exclusivamente de la ayuda estatal cada vez que una sequía, inundación u otro fenómeno amenaza su predio.
Además, cada plan debe responder a las condiciones reales del predio y ser conocido por quienes trabajan allí. Copiar el documento de otra finca puede cumplir formalmente un requisito, pero difícilmente ofrecerá respuestas cuando llegue una emergencia.
“Prepárense en sus fincas, capaciten a su personal y no dejen sus planes guardados en un cajón”, insistió Lema Vélez.
La nueva regulación abre una puerta para proteger mejor los animales de producción frente a los desastres. Para el ganadero, sin embargo, la diferencia entre contener las pérdidas o comprometer parte de su patrimonio puede depender de una pregunta que debe responder antes de la emergencia: ¿qué hará con su hato si mañana tiene que evacuarlo?
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