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bañar a los bovinos con calostro

Foto: facebook.com/joel.mira1

No existen estudios concluyentes que respalden de manera sólida las ventajas adicionales de esta práctica más allá de la alimentación.

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¿Untar calostro al ternero funciona? Un recurso desesperado que divide a ganaderos y expertos

por: Melanny Orozco- 31 de Diciembre 1969

Existen muchos productores que recurren a una técnica poco documentada para estimular el instinto materno y facilitar la adopción de crías. Aunque no cuenta con amplio respaldo científico, su uso persiste en casos puntuales donde está en juego la supervivencia y productividad del hato.

Existen muchos productores que recurren a una técnica poco documentada para estimular el instinto materno y facilitar la adopción de crías. Aunque no cuenta con amplio respaldo científico, su uso persiste en casos puntuales donde está en juego la supervivencia y productividad del hato.


En ocasiones, cuando una vaca primeriza rechaza a su ternero o cuando una madre no puede amamantar por enfermedad o falta de leche, algunos ganaderos optan por frotar el primer ordeño sobre el lomo y la cabeza del recién nacido. La práctica, extendida de manera empírica en zonas rurales, busca facilitar el reconocimiento olfativo y activar el instinto materno. ¿Realmente funciona o se trata de una costumbre sin sustento técnico?

La escena no es extraña en el campo: una novilla de primer parto se muestra inquieta, esquiva al ternero o simplemente no lo deja mamar. En razas con temperamento fuerte, como algunas líneas cebuinas, este comportamiento puede ser más marcado.

En esos momentos, el tiempo apremia, pues un rechazo prolongado compromete la ingestión temprana y, con ello, la transferencia de inmunidad pasiva, clave en las primeras horas de vida. (Lea en CONtexto ganadero: Puntos clave para tener un calostro de calidad)

Ante esa presión, entre productores se recurre a una solución práctica: untar al recién nacido con parte del primer ordeño de la madre o incluso de otra vaca en lactancia. El objetivo es impregnarlo con un olor familiar que facilite la aceptación.

La lógica detrás de la técnica es que si la madre reconoce a su cría principalmente por el olfato, reforzar ese estímulo podría acelerar el vínculo. En casos de adopción, cuando una vaca pierde su cría o cuando el ternero debe ser asignado a otra hembra, el recurso se convierte en una herramienta para evitar pérdidas.

No es una práctica masiva ni sistemática, se aplica en situaciones puntuales, como una estrategia de contingencia. Pero su permanencia en el tiempo revela la experiencia acumulada del productor frente a los desafíos diarios del manejo.


¿Qué dice el experto?


Desde el enfoque veterinario, la evidencia es más cautelosa. César Jiménez, médico veterinario especialista en sanidad, reconoció que no existen estudios concluyentes que respalden de manera sólida las ventajas adicionales de esta práctica más allá de la alimentación.

“Con respecto a ese tema, digamos que no conozco como unos estudios que evidencien esas ventajas que tiene el calostro sobre el animal. Sin embargo, en la práctica, en algunas oportunidades la gente termina haciéndolo”, explicó.

Jiménez aclaró que suele utilizarse especialmente cuando se trata de una vaca primeriza que no acepta al ternero o cuando el temperamento dificulta el inicio del amamantamiento. También mencionó su uso en casos donde una cría debe ser asignada a otra vaca lactante que no la recibe con facilidad. En esos escenarios, impregnar al ternero con olor proveniente de la hembra puede facilitar la adaptación.

El especialista también subrayó que el lamido materno cumple un papel relevante, ya que la saliva contiene enzimas y sustancias que podrían favorecer al recién nacido, además de estimular la circulación y el secado del pelaje. Mantener a la madre cerca durante los primeros tres o cuatro días, afirma, es importante para el desarrollo inicial.

No obstante, recordó que en lecherías especializadas el manejo es distinto: madre y cría se separan pocas horas después del parto, se garantiza la ingestión en las primeras seis horas y no se mantiene el contacto posterior. Aun así, los indicadores productivos no necesariamente se ven afectados.

El debate trasciende lo anecdótico, debido a que en sistemas tecnificados, la prioridad es el control sanitario y la eficiencia productiva. La separación temprana reduce riesgos de transmisión de enfermedades y permite un manejo individualizado de la alimentación. (Lea en CONtexto ganadero: No solo es alimento: el poder del calostro para prevenir enfermedades en terneros)

En sistemas tradicionales, en cambio, el vínculo madre-cría sigue siendo parte del manejo cotidiano. Allí, prácticas como el frotado con el primer ordeño reflejan una combinación de observación, intuición y necesidad económica: cada ternero perdido representa un impacto directo en la rentabilidad.

La pregunta de fondo no es solo si la técnica funciona, sino qué papel ocupan las prácticas empíricas en un sector cada vez más orientado a la estandarización. Mientras la ciencia demanda evidencia cuantificable, el productor responde con resultados prácticos en contextos específicos.

En ese punto intermedio se mueve el campo, entre la tradición que busca soluciones inmediatas y la medicina veterinaria que exige validación técnica. El reto, quizás, no sea descartar de plano estas costumbres, sino investigarlas con mayor rigor para determinar cuándo son realmente útiles y cuándo pueden reemplazarse por protocolos más eficientes.