Especialistas advierten que las mayores pérdidas ocurren antes de la sequía, cuando se aplazan decisiones clave como almacenar agua, conservar forrajes y ajustar el manejo del hato. Desde CONtexto se insiste en la importancia de prepararse ya para enfrentar las consecuencias del fenómeno.
Agricultor, ganadero, avicultor, porcicultor o productor de cualquier otro renglón agropecuario. No importa la actividad. Cada vez que Colombia anuncia la llegada del fenómeno de El Niño, en cientos de fincas del país se repite la misma escena.
Mientras algunos productores comienzan a limpiar reservorios, elaborar ensilajes, almacenar agua y ajustar la carga animal, otros prefieren esperar, convencidos de que “todavía falta” o de que “esta vez no será tan fuerte”.
Cuando finalmente deja de llover, todos enfrentan el mismo verano, pero no las mismas consecuencias.
Imagine a un ganadero que decide esperar unos días más antes de elaborar ensilaje porque cree que todavía lloverá. Tampoco limpia el jagüey, deja para después la rotación de potreros y mantiene el mismo número de animales porque confía en que el verano no será tan intenso.
Semanas después, el pasto empieza a desaparecer, el agua escasea, los bovinos pierden condición corporal y vender deja de ser un buen negocio porque el mercado también está saturado. Este ejemplo es ficticio, pero refleja una realidad que se repite cada vez que el país enfrenta una temporada seca.
Frente a esta situación, Ricardo Arenas, coordinador de las cadenas de carne y leche de Fedegán, aseguró que el problema no radica únicamente en la información disponible. “Hay un problema de falta de percepción del riesgo. Muchos ganaderos no les creen mucho a las predicciones hasta cuando se ven afectados”, explicó en entrevista con CONtexto Ganadero.
Prevención empieza antes del verano
Mientras el país habla del fenómeno de El Niño y medios especializados como CONtexto no desfallecen en alertar sobre lo que se viene, entidades como el Ministerio de Agricultura, Agronet, la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) y Fedegán insisten en un mismo mensaje: las decisiones más importantes deben tomarse antes de que aparezcan los primeros síntomas de la sequía.
Lo anterior significa cosechar agua, limpiar reservorios, producir heno y ensilajes, establecer bancos de forraje, revisar la capacidad de carga de los potreros y garantizar suficiente sombra para disminuir el estrés calórico del ganado.
Precisamente, los capítulos más recientes del Manual Práctico Ganadero hacen énfasis en la selección adecuada de semillas, la preparación de los suelos, la fertilización, el mantenimiento de las praderas y el manejo racional del pastoreo.
Más que producir mayor cantidad de pasto, el propósito es desarrollar sistemas forrajeros resilientes, capaces de mantener su productividad durante los periodos críticos y reducir los costos de alimentación cuando desaparecen las lluvias.
Sin embargo, conocer las recomendaciones no siempre significa aplicarlas. “Muchos ganaderos saben que para un verano hay que guardar comida, pero no lo hacen. No llevan ese conocimiento a la acción”, advirtió Arenas.
Con la llegada del fenómeno del niño, crece el llamado para que los ganaderos se preparen con tiempo para mitigar sus efectos. En Antioquia cerca de 60.000 familias son productoras de ganado bovino, destacándose zonas como Magdalena medio, Urabá, y municipios Rionegro, San Pedro… pic.twitter.com/8a5lFlYyFJ
— Teleantioquia (@Teleantioquia) July 21, 2026
Decisiones golpean la productividad
Cuando el verano se instala, la mayoría de las pérdidas ya comenzaron a gestarse meses atrás.
Esperar a que el pasto se agote para suplementar, no almacenar agua, sobre pastorear los potreros (lo que permite que el ganado consuma el rebrote antes de que la planta se recupere), omitir las reservas de forraje y mantener una carga animal superior a la capacidad de la finca son decisiones que reducen la productividad y aumentan las pérdidas económicas.
A estos errores se suma otro aspecto que suele pasar desapercibido: el bienestar animal.
Un bovino sometido al estrés por calor consume menos alimento, disminuye su desempeño productivo y se vuelve más susceptible a enfermedades y problemas sanitarios. “Comida, agua, sombra y un plan sanitario son los cuatro pilares fundamentales para enfrentar un verano fuerte”, resumió Arenas.
El panorama es claro. El fenómeno de El Niño seguirá haciendo parte de la realidad climática del país y no puede evitarse. Lo que sí está en manos del productor es la preparación. Por eso, cada reservorio limpio, cada tonelada de ensilaje almacenada y cada ajuste oportuno en el manejo del hato pueden marcar la diferencia entre superar el verano con menores afectaciones o enfrentar pérdidas que pudieron prevenirse.
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