CONtexto Ganadero - Una lectura rural de la realidad colombiana
Fernando Rovira

Foto: Inac.uy

Fernando Rovira, referente técnico del Instituto Nacional de Carnes (INAC), afirmó que este resultado no fue producto del azar ni de un solo gobierno.

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“Agro debe convertirse en política de Estado”: la lección de Uruguay para la ganadería colombiana

por: Luis Humberto Caballero- 31 de Diciembre 1969

Fernando Rovira, uno de los técnicos más reconocidos del Instituto Nacional de Carnes (INAC) de Uruguay, explicó por qué la articulación entre productores, industria y Estado permitió que su país se convirtiera en una potencia exportadora de carne. Para Colombia, asegura, el reto no es solo producir más, sino construir una estrategia de largo plazo que trascienda los gobiernos.

Fernando Rovira, uno de los técnicos más reconocidos del Instituto Nacional de Carnes (INAC) de Uruguay, explicó por qué la articulación entre productores, industria y Estado permitió que su país se convirtiera en una potencia exportadora de carne. Para Colombia, asegura, el reto no es solo producir más, sino construir una estrategia de largo plazo que trascienda los gobiernos.


Uruguay exporta cerca del 80 % de la carne que produce y llega a más de cien mercados internacionales.

Para Fernando Rovira, referente técnico del Instituto Nacional de Carnes (INAC), ese resultado no fue producto del azar ni de un solo gobierno.

Fue la consecuencia de una decisión tomada hace varias décadas: convertir al sector agropecuario en una verdadera política de Estado.

“Lo fundamental es que todos trabajen alrededor del mismo objetivo: fortalecer la competitividad del sector y conquistar nuevos mercados internacionales”, afirmó en entrevista exclusiva a Contexto Ganadero.


Decisiones en la misma mesa


Rovira explicó que el INAC nació en 1967, pero fue en 1984 cuando el país dio un paso decisivo al reformar su marco legal para integrar, bajo una misma institución, al Estado, los productores y la industria.

Aunque el instituto es una entidad pública, opera bajo normas de derecho privado, lo que le permite mantener una gestión técnica y una visión de largo plazo.

“Lo importante es que el gobierno mantenga el tema como una política de Estado, independientemente de quién esté en el poder”, señaló.

A partir de ese trabajo conjunto, Uruguay consolidó procesos sanitarios, fortaleció su institucionalidad y, en 2011, implementó la trazabilidad individual obligatoria para todo su rodeo bovino, uno de los sistemas más reconocidos del mundo.


Una crisis cambió el rumbo


Paradójicamente, el gran impulso del modelo uruguayo surgió después de una de las mayores dificultades sanitarias que enfrentó el país.

Según Rovira, la crisis provocada por la fiebre aftosa entre 2001 y 2002 obligó a replantear toda la estrategia de la cadena cárnica.

“Desde entonces la evolución ha sido impresionante”, recordó.

El proceso completo tomó más de tres décadas, pero permitió construir un modelo que hoy es referencia internacional en sanidad, trazabilidad y acceso a mercados.


¿Qué puede aprender Colombia?


El mensaje del técnico uruguayo coincide con una reflexión que recientemente publicó José De Silvestri, director técnico de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán).

En una columna de opinión, De Silvestri planteó que Colombia necesita elevar el sector agropecuario a nivel de política de Estado, argumentando que se trata de una actividad que aporta cerca del 20 % del PIB agropecuario, el 46 % del PIB pecuario y genera más de un millón de empleos.

Además, recordó que el país cuenta con ventajas naturales difíciles de igualar: disponibilidad permanente de agua, producción durante los doce meses del año, diversidad de pisos térmicos y millones de hectáreas con vocación agropecuaria.

“Colombia necesita una política agropecuaria de largo plazo que trascienda los gobiernos”, sostuvo.


Ejemplos que muestran el camino


De Silvestri recordó que varios países entendieron hace décadas que la producción de alimentos constituye un asunto estratégico para la economía y la seguridad nacional.

Citó el caso de Uruguay, que convirtió la trazabilidad individual en una ventaja competitiva; el de Estados Unidos, cuya legislación agrícola (Farm Bill) ha permitido dar continuidad a las políticas del sector durante sucesivos gobiernos; Brasil, que impulsó la transformación productiva mediante la creación de Embrapa; y modelos como los de Australia y Nueva Zelanda, donde la articulación entre productores, investigación y mercados consolidó su liderazgo exportador.


Más allá de un gobierno


Para Fernando Rovira la competitividad internacional no depende únicamente de la productividad de las fincas.

También requiere instituciones sólidas, reglas estables y una estrategia compartida entre el Estado y el sector privado.

Como resumió Fernando Rovira, el verdadero desafío consiste en que productores, industria y gobierno permanezcan sentados en la misma mesa, trabajando sobre un objetivo común, incluso cuando cambien las administraciones.

Esa visión, que en Uruguay tardó más de treinta años en consolidarse, es hoy uno de los principales referentes para países que buscan fortalecer su presencia en los mercados internacionales de carne.