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Crece el consumo de carne de burro en Argentina

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Uno de los mayores retos ha sido superar las barreras culturales frente al consumo de esta carne.

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Carne de burro en Argentina: ¿alternativa que gana terreno en medio de la crisis ganadera?

por: Angie Barbosa- 31 de Diciembre 1969

En la Patagonia, una propuesta inesperada empieza a captar la atención del mercado e irrumpe como opción económica frente a la caída de la producción ovina y el aumento de precios. Aunque genera debate cultural, su rápida aceptación comercial abre interrogantes sobre el futuro del consumo cárnico en el país.

En la Patagonia, una propuesta inesperada empieza a captar la atención del mercado e irrumpe como opción económica frente a la caída de la producción ovina y el aumento de precios. Aunque genera debate cultural, su rápida aceptación comercial abre interrogantes sobre el futuro del consumo cárnico en el país.



La dinámica del mercado cárnico en Argentina atraviesa un momento de transformación. En la provincia de Chubut, una iniciativa que hasta hace poco parecía marginal hoy se posiciona como una alternativa emergente frente a la crisis de la ganadería ovina. La producción y comercialización de carne de burro dejó de ser un experimento aislado para convertirse en una opción real en carnicerías locales.

Impulsado por el productor Julio Cittadini en la zona de Punta Tombo, este proyecto responde a la necesidad de reconvertir sistemas productivos afectados por la baja rentabilidad de la lana, la sequía y la presión de depredadores. En ese contexto, el burro aparece como un recurso disponible y hasta ahora poco aprovechado en la región.


Cambio de paradigma


De acuerdo con el medio Listin Diario, la aparición de este producto en vitrinas comerciales marcó un punto de inflexión a inicios de abril de 2026. Más allá de lo novedoso, el principal atractivo ha sido su precio: 7.500 pesos argentinos por kilo, cerca de la mitad del valor de la carne vacuna. Este factor ha sido clave para captar el interés de consumidores golpeados por la inflación, que en marzo alcanzó el 3,4%, la más alta del año.

Desde el sector comercial, la respuesta ha sido inmediata. Ximena, otra entrevistada, propietaria de una carnicería local, aseguró que la demanda superó expectativas desde los primeros días. “Es una prueba experimental que ha sido un éxito”, dijo en entrevista, al referirse al comportamiento del mercado tras la introducción del producto.

La comerciante también explicó el origen de la iniciativa y el contexto productivo que la motivó. “Acá los campos no son como los de Buenos Aires. Este productor, entre cerrar el campo o producir otra cosa, eligió el burro”, señaló, destacando la necesidad de adaptación en zonas con limitaciones estructurales.


Aceptación del consumidor


Uno de los mayores retos ha sido superar las barreras culturales frente al consumo de esta carne. Para ello, el pasado 16 de abril se realizó una degustación abierta en una parrilla local, donde los asistentes pudieron probar distintos cortes y formarse una opinión directa.

Según Ximena, la reacción fue más positiva de lo esperado. “En solo tres días se vendió todo. Fueron cuatro animales, ocho medias res. Hay gente que compró y volvió a comprar porque gustó”, afirmó, evidenciando una respuesta favorable inicial por parte de los consumidores.

En cuanto a las características del producto, explicó que presenta una textura ligeramente más firme. “Tratamos al burro como si fuera una vaca; se despostó igual y obtuvimos lomo, vacío y asado con hueso, los mismos cortes”, indicó, resaltando la similitud en el manejo y comercialización.


¿Tendencia o fenómeno puntual?


Aunque el auge de la carne de burro en Chubut aún es incipiente, su rápida inserción en el mercado plantea preguntas sobre su potencial a mediano plazo. Dada la crisis productiva y presión inflacionaria, este tipo de iniciativas podrían ganar espacio como alternativas viables.

Por ahora, el fenómeno refleja una adaptación del sector ante condiciones adversas. Sin embargo, su consolidación dependerá tanto de factores económicos, como de la evolución en la percepción cultural del consumidor argentino frente a nuevas fuentes de proteína.