El presidente colombiano rechazó una posible intervención militar de Estados Unidos en Cuba, postura que fue celebrada por el líder del régimen, Miguel Díaz-Canel. Sin embargo, sus declaraciones reavivan cuestionamientos sobre su cercanía con dictaduras de izquierda y su tendencia a justificar la crisis cubana ignorando más de seis décadas de autoritarismo.
Petro se alinea con La Habana y recibe respaldo del régimen
El presidente Gustavo Petro volvió a generar controversia internacional tras pronunciarse en contra de una eventual intervención militar de Estados Unidos en Cuba, calificándola como una “agresión a Latinoamérica”. La reacción desde La Habana fue inmediata.
Miguel Díaz-Canel, cabeza del régimen cubano, agradeció públicamente al mandatario colombiano y aseguró que hacía “suyas” sus palabras, en un mensaje que evidencia la sintonía política entre ambos gobiernos.
“Compartimos la convicción de que un ataque a Cuba es un ataque a Latinoamérica”, escribió Díaz-Canel, en medio de un contexto de creciente tensión con Washington.
El respaldo no es menor: proviene de un régimen señalado durante décadas por la ausencia de elecciones libres y la persecución sistemática a opositores. Aun así, Petro optó por posicionarse en defensa del gobierno cubano sin hacer mención a estas realidades.
Tensión internacional y discurso conveniente
Las declaraciones del presidente colombiano se producen tras nuevas amenazas del presidente estadounidense Donald Trump, quien insinuó la posibilidad de tomar control sobre la isla y endureció las sanciones económicas.
En este escenario, Petro insistió en que “los cubanos son los únicos dueños de su país” y apeló a la soberanía regional. Sin embargo, su discurso ha sido criticado por selectivo: mientras condena de forma tajante cualquier acción de Estados Unidos, guarda silencio frente a los abusos del régimen cubano.
Esa omisión resulta especialmente llamativa si se tiene en cuenta que Cuba lleva más de 60 años bajo una dictadura de partido único, sin garantías democráticas ni libertades políticas básicas. Un contexto que el mandatario colombiano evita mencionar en sus intervenciones públicas.
La narrativa de Petro: culpar al “bloqueo” y minimizar la dictadura
Uno de los puntos más polémicos de sus declaraciones fue su interpretación de la crisis en Cuba. Petro reconoció que existe hambre y pobreza en la isla, pero aseguró que estas condiciones se “mitigan” gracias a la salud y la educación, y responsabilizó principalmente al “bloqueo criminal” de Estados Unidos.
Esta narrativa coincide casi de manera exacta con la versión oficial del régimen cubano, que históricamente ha atribuido todos sus problemas al embargo estadounidense, evitando reconocer el impacto de su propio modelo económico y político.
El problema de fondo es que esa postura no solo simplifica la compleja realidad cubana, sino que también invisibiliza el peso de un sistema que ha restringido libertades durante más de seis décadas. Para críticos del gobierno colombiano, Petro no solo está omitiendo hechos clave, sino que termina actuando como un amplificador del discurso de una dictadura.
Reacciones y cuestionamientos internacionales
Las palabras del presidente colombiano no pasaron desapercibidas en Estados Unidos. El congresista republicano Carlos Giménez fue uno de los más duros, señalando que Petro mantiene una preocupante cercanía con gobiernos autoritarios de la región y afirmando que “Está preparando huir a Cuba luego de la paliza electoral que el pueblo colombiano le dará”.
Las críticas apuntan a un patrón: la disposición del mandatario colombiano a cuestionar democracias occidentales mientras muestra indulgencia frente a regímenes como los de Cuba o Venezuela.
Este tipo de posturas, advierten analistas, podría tener consecuencias en las relaciones bilaterales de Colombia, especialmente con Estados Unidos, su principal socio estratégico.
Soberanía vs. complicidad: el debate de fondo
El caso reabre un debate clave en América Latina: ¿hasta qué punto la defensa de la soberanía puede convertirse en una excusa para ignorar violaciones sistemáticas de derechos humanos?
Petro insiste en la no intervención como principio fundamental, pero sus críticos sostienen que ese argumento pierde legitimidad cuando se utiliza para justificar o minimizar regímenes autoritarios.
El respaldo explícito de Díaz-Canel no solo confirma la cercanía ideológica, sino que deja en evidencia una postura que, lejos de promover la democracia en la región, parece alinearse con quienes la restringen.
En un continente marcado por la lucha por las libertades, el silencio frente a las dictaduras no es neutral. Y en el caso del presidente colombiano, cada vez resulta más difícil diferenciar entre la defensa de la soberanía y la validación implícita de regímenes que la contradicen en la práctica.
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