La investidura presidencial del próximo 7 de agosto en Cali abre un capítulo sin precedentes en la historia reciente del país. Aunque otros mandatarios asumieron el poder sin jurar ante el Congreso, esos episodios obedecieron a guerras civiles o crisis institucionales, no a una decisión política de trasladar la ceremonia.
La posesión del presidente electo Abelardo de la Espriella en Cali, y no en el tradicional Capitolio Nacional de Bogotá, marcará un hito en la política reciente de Colombia. Sin embargo, aunque muchos la consideran un hecho sin precedentes, la historia republicana registra dos episodios en los que un mandatario asumió el poder por fuera del protocolo habitual.
Para encontrarlos hay que remontarse 165 años atrás. El primer hecho ocurrió en 1861, cuando Tomás Cipriano de Mosquera llegó al poder tras derrotar militarmente al gobierno de la Confederación Granadina durante la guerra civil.
El segundo tuvo lugar el 7 de agosto de 1950, cuando Laureano Gómez juró como presidente ante la Corte Suprema de Justicia debido a que el Congreso había sido clausurado meses antes. No obstante, la diferencia con la investidura de 2026 es determinante.
En aquellos casos, las circunstancias estuvieron marcadas por una ruptura del orden constitucional o por una crisis institucional. En esta oportunidad, el cambio de sede responde a una decisión política del gobierno entrante, que busca enviar un mensaje de descentralización y acercar el poder ejecutivo a las regiones.
Antecedentes nacidos de la crisis
Repasemos los antecendentes históricos para entender la diferencia. El caso más antiguo se remonta a 1861. Tras imponerse en la guerra civil, Tomás Cipriano de Mosquera entró a Bogotá al frente de sus tropas, derrocó al gobierno constitucional, disolvió el Congreso y se proclamó presidente provisorio.
En consecuencia, no existió una ceremonia de posesión ni un juramento ante el Parlamento, pues su llegada al poder fue producto del triunfo militar y no de una transición democrática. Y casi nueve décadas después, el país enfrentó una situación distinta, pero igualmente excepcional. El 7 de agosto de 1950, Laureano Gómez asumió la Presidencia en el entonces Palacio de la Carrera, hoy Casa de Nariño, luego de prestar juramento ante la Corte Suprema de Justicia.
La razón era que el Congreso permanecía clausurado desde finales de 1949 por decisión del presidente Mariano Ospina Pérez, en medio de la aguda confrontación política que caracterizó el periodo conocido como ´La Violencia´.
Ante la imposibilidad de reunir al Legislativo, la Constitución vigente permitía que la Corte Suprema recibiera el juramento presidencial. Por ello, aunque el acto protocolario no se realizó en el Capitolio, tampoco obedeció a un traslado voluntario de la sede, sino a una salida jurídica frente a una coyuntura extraordinaria.
En otras palabras, los antecedentes que registra la historia ocurrieron por obligación y no por decisión política, como sucederá con la posesión presidencial de 2026.
Un mensaje político
Más allá del cambio de escenario, la investidura del próximo 7 de agosto en la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali busca enviar una señal política.
El Congreso autorizó el traslado de la ceremonia con amplias mayorías en Senado y Cámara, respaldando la propuesta del gobierno entrante de iniciar su mandato desde una región distinta a la capital. No obstante, para Carlos Augusto Chacón, director ejecutivo del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría, el verdadero significado de la decisión va más allá del simbolismo de descentralizar el poder. "Algo de lo que no se ha hablado es el hecho de que el presidente electo no se pueda posesionar en el Cauca por razones de seguridad. Ese es el legado que queda del gobierno de Gustavo Petro, que en el país tenemos territorios vedados incluso para que un presidente asuma el cargo", afirmó en entrevista con CONtexto Ganadero.
La decisión, sin embargo, no ha estado exenta de controversia. Sectores de oposición han cuestionado los costos logísticos y los retos de seguridad que implica trasladar al Congreso y a las delegaciones internacionales fuera de Bogotá.
Pese a ello, el Legislativo dio vía libre al cambio de sede. Con ello, la posesión de Abelardo de la Espriella marcará un precedente distinto a los registrados en la historia del país. Si bien otros presidentes asumieron el poder por fuera del Capitolio, esos episodios estuvieron condicionados por guerras civiles o crisis institucionales.
Esta vez, el traslado del acto protocolario responde a una decisión política del gobierno entrante, rompiendo una tradición republicana que se había mantenido por más de un siglo.
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