Tensiones comerciales, choques ideológicos y señalamientos en materia de seguridad tienen la relación bilateral, entre los gobiernos de Colombia y Ecuador, en su punto más crítico en casi dos décadas. CONtexto conversó con el politólogo y periodista ecuatoriano Mauricio Solah y conoció su análisis de la situación.
¿Se parece realmente la actual crisis diplomática entre Colombia y Ecuador a la vivida en 2008? Aunque los detonantes son distintos, el nivel de tensión revive uno de los episodios más delicados de la relación binacional: la ruptura tras la Operación Fénix, cuando el gobierno de Álvaro Uribe bombardeó un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, lo que llevó al entonces mandatario, Rafael Correa, a romper relaciones diplomáticas por considerar vulnerada su soberanía.
Hoy, veinte años después, sin incursiones militares confirmadas, el conflicto se traslada al terreno político, económico y discursivo. La escalada más reciente se desató tras un cruce de trinos con acusaciones entre los actuales mandatarios. Por un lado, Noboa afirmó en X: “Varias fuentes nos han informado de una incursión por la frontera norte de guerrilleros colombianos, impulsada por el Gobierno de Petro. Cuidaremos nuestra frontera y a nuestra población”.
Como respuesta, el presidente Petro respondió: “Vaya usted a la frontera norte y se encuentra conmigo y construimos la paz de esos territorios, deje de creer mentiras”. Pero esta tensión no surgió de manera aislada.
En entrevista con CONtexto, el politólogo y periodista ecuatoriano Mauricio Solah, aseguró que: “esta crisis diplomática no tiene que ver solo con la parte comercial, pues es más bien una acumulación de tensiones económicas, de seguridad, pero sobre todo ideológicas”. Para Solah, el punto de partida fue la decisión de Ecuador de imponer un arancel del 30 % a productos colombianos, bajo el argumento de financiar la seguridad en la frontera, a lo que Colombia respondió con medidas similares desatando una guerra comercial que escaló hasta aranceles del 100 % a partir del pasado 1 de mayo.
A este pulso económico, se sumaron declaraciones del presidente Petro sobre el exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, a quien calificó como preso político, lo que fue interpretado por Quito como una injerencia en asuntos internos.
🔴 #Urgente “Gustavo Petro baila merengue con la mafia, no nosotros. Nosotros venimos luchando contra la mafia e incluso me ha tratado de matar la mafia varias veces”:.
— Reacción Nacional (@RNacional_News) April 19, 2026
Daniel Noboa, presidente de Ecuador pic.twitter.com/Ebc1vqYprD
Acusaciones de seguridad elevan tensión
El conflicto dio un giro más delicado con señalamientos cruzados en materia de seguridad. Petro, por su parte, aseguró que explosivos usados en atentados recientes en Colombia provenían de Ecuador, mientras Noboa denunció una supuesta incursión guerrillera desde territorio colombiano, sin presentar pruebas.
Para Solah, este tipo de acusaciones agrava el panorama: “En el tema político, obviamente es bastante grave pues complica más la relación, no solamente entre los dos mandatarios, sino entre los dos países”.
El analista también advirtió sobre el impacto económico: “El tema arancelario afecta a los dos países y netamente la población es la afectada”, especialmente en regiones fronterizas donde el comercio es vital.
A diferencia de 2008, no hay una acción militar comprobada, pero sí un deterioro acelerado del diálogo. En palabras del experto, el escenario actual responde a una mezcla de factores donde confluyen seguridad, economía y posturas ideológicas.
Con un informe pendiente sobre la visita de Petro a Manta y nuevas tensiones en desarrollo, el margen de desescalada sigue siendo incierto. Mientras tanto, la región observa una crisis que, aunque distinta en forma, vuelve a encender las alarmas en la relación entre Bogotá y Quito.
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