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Foto: presidencia.gov.co - EFE/Ernesto Guzmán

¿Dónde termina el ejercicio legítimo del poder político y dónde comienza una participación que podría comprometer la imparcialidad que exige la función pública?

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Terminó la campaña y de regreso al Gobierno: el debate sobre participación en política

por: Neife Castro- 31 de Diciembre 1969

La activa presencia de funcionarios en la reciente contienda electoral, sumada al regreso de varios de ellos a cargos públicos una vez conocidos los resultados, abre la discusión sobre los límites entre la función pública y el proselitismo político.

La activa presencia de funcionarios en la reciente contienda electoral, sumada al regreso de varios de ellos a cargos públicos una vez conocidos los resultados, abre la discusión sobre los límites entre la función pública y el proselitismo político.


Tal como ocurre en el fútbol cuando un jugador sale del campo para cumplir una tarea específica y luego regresa al partido, varios funcionarios que, durante los últimos meses estuvieron vinculados al debate electoral, vuelven hoy a ocupar espacios dentro del Gobierno nacional.

El más reciente caso es el de Felipe Harman, nuevamente postulado para dirigir la Agencia Nacional de Tierras (ANT), una decisión que revivió la discusión sobre la participación política de servidores públicos y la neutralidad institucional. Y es que, durante la campaña presidencial, muy cuestionada fue la presencia de funcionarios del Ejecutivo en actos, declaraciones y publicaciones interpretadas como respaldos a la candidatura de Iván Cepeda.

A eso se sumaron los señalamientos dirigidos al propio presidente Gustavo Petro por sus intervenciones públicas durante el proceso electoral.


Investigaciones en curso


La participación en política por parte de servidores públicos es una de las conductas más vigiladas durante las campañas. Se trata de un tema frente al que la Procuraduría General de la Nación ha reiterado que la Constitución prohíbe a los funcionarios "utilizar su empleo para presionar a particulares o subalternos a respaldar una causa, campaña o controversia política", así como "favorecer o perjudicar electoralmente a un candidato, partido o movimiento político".

Según cifras divulgadas por el Ministerio Público, al cierre de la contienda electoral se contabilizaban más de 180 investigaciones relacionadas con presunta participación indebida en política. Entre los casos de mayor visibilidad figuran los ministros de Salud y del Trabajo, Guillermo Alfonso Jaramillo y Antonio Sanguino, quienes han sido objeto de investigaciones por presunta participación indebida en política durante la campaña presidencial.

También fueron vinculados a actuaciones disciplinarias varios funcionarios del servicio exterior, entre ellos los embajadores Alfredo Saade y Vilma Velásquez, por presuntas manifestaciones de respaldo a candidaturas mientras ejercían funciones públicas, así como hay una lista de embajadores sancionados por presuntas actuaciones en redes sociales durante la campaña, a los que se suman: Luis Ernesto Vargas, representante ante la OEA; Milton Rengifo Hernández, en Venezuela; José Roberto Acosta Ramos, en Argentina; Luis Fernando Medina Madrid, ante la OCDE; Jhenifer Mojica Flórez, ante la FAO; Daniel Prado Albarracín, en Bélgica; y Elizabeth García Carrillo, en Bolivia.

Otro peso pesado del gobierno Petro es Carlos Carrillo, exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), uno de los casos más visibles dentro de las actuaciones disciplinarias llevadas a cabo por los organismos de control.


Petro, presidente en campaña


El tema de participación indebida en política sube de nivel cuando ya no se trata de ministros, embajadores o directores de entidades, sino de la cabeza del Estado, jefe de Gobierno, comandante supremo de las Fuerzas Armadas y máxima autoridad administrativa del país.

De acuerdo con información de la Procuraduría y el CNE, Gustavo Petro enfrenta al menos 11 investigaciones radicadas ante la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes por presuntas intervenciones en política durante la campaña presidencial con declaraciones públicas, publicaciones en redes sociales y pronunciamientos que, según los denunciantes, pudieron afectar las garantías electorales o favorecer determinadas candidaturas.

Por tratarse del jefe de Estado, corresponde a la Comisión de Acusación realizar las actuaciones respectivas. Más allá de lo que determinen esas investigaciones, el episodio deja una discusión de fondo: ¿dónde termina el ejercicio legítimo del poder político y dónde comienza una participación que podría comprometer la imparcialidad que exige la función pública? Ese debate, lejos de concluir con las elecciones, apenas comienza.