A propósito del estudio de la Universidad del Norte que reveló que más de seis de cada diez trabajadores del Caribe colombiano laboran en condiciones informales, Óscar Cubillos, jefe de Planeación y Estudios Económicos del gremio considera que la solución pasa por reconocer ciertas particularidades productivas y sociales del sector.
“Hay que ver el campo de una manera diferente porque tiene unas condiciones particulares y se necesitan tratamientos afines con la vocación del sector”. Con esa frase, Óscar Cubillos, jefe de Planeación y Estudios Económicos de Fedegán, plantea una posición gremial sobre el estudio ‘La informalidad laboral supera el 60 % en el Caribe’, del Observatorio de Condiciones Socioeconómicas del Caribe Colombiano, OCSA, de la Universidad del Norte.
El informe advierte que la informalidad laboral en la región Caribe continúa por encima del promedio nacional y afecta, especialmente, a las personas con menores niveles educativos, una realidad que también impacta de manera directa al sector agropecuario y, en particular, a la ganadería.
Realidad marcada por los costos
Para Cubillos, una de las principales dificultades para avanzar hacia la formalización laboral está relacionada con los costos que implica contratar trabajadores bajo los esquemas establecidos actualmente. Explicó que el gasto para un empleador no se limita al salario mensual, sino que incorpora prestaciones sociales, aportes a salud, pensión, riesgos laborales y otras obligaciones que incrementan significativamente el costo final de cada contratación.
A este panorama se suma la estructura misma de la actividad ganadera. De acuerdo con cifras citadas por Fedegán, cerca del 47 % de los productores poseen predios inferiores a 10 hectáreas, una característica que favorece modelos de autoempleo y limita la capacidad de generar puestos de trabajo formales. La situación se complejiza aún más por la dispersión geográfica del sector.
A diferencia de actividades como la palma, la caña o el café, cuyos procesos suelen concentrarse en determinadas zonas, la ganadería está presente en prácticamente todo el territorio nacional, dificultando la consolidación de economías de escala y de estructuras empresariales más robustas.
Dificultades para atraer jóvenes
Las consecuencias van más allá del ámbito laboral. Según Cubillos, la informalidad también termina afectando la productividad y la competitividad de la actividad pecuaria. “La informalidad le compite a la industria formal, haciendo que la formal sea más costosa y se pierda competitividad”, señaló. A lo anterior se suma un fenómeno que preocupa cada vez más al sector: la salida de jóvenes de las zonas rurales en busca de mejores oportunidades laborales y condiciones de vida de los centros urbanos y mayores ingresos.
Frente a este escenario, Fedegán insiste en la necesidad de construir mecanismos diferenciales para el campo que contemplen esquemas especiales de contratación, seguridad social, tributación e incentivos para la producción, y también plantea fortalecer modelos asociativos y cooperativos que permitan compartir infraestructura, servicios y tecnología entre pequeños productores.
Esta discusión, concluye Cubillos, no pasa únicamente por exigir más formalización, sino por crear condiciones que hagan posible alcanzarla en un entorno productivo muy distinto al de las ciudades. Porque, tal como insiste el economista, pretender que ambos funcionen bajo las mismas reglas es desconocer las particularidades que han marcado históricamente al campo colombiano.
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