La emergencia arrasó fincas, dejó centenares de bovinos perdidos, mantiene aisladas amplias zonas rurales y obliga a productores, gobernadores y comunidades a reclamar una intervención inmediata del Gobierno Nacional.
Las inundaciones que golpean a Arauca y Casanare se han convertido en una de las emergencias más graves de los últimos años para el oriente colombiano.
La fuerza de las crecientes mantiene, desde finales de la semana pasada, a miles de familias damnificadas, destruyó puentes, dejó incomunicadas amplias zonas rurales y provocó pérdidas millonarias en la producción agropecuaria, especialmente en una de las principales regiones ganaderas del país.
Mientras las lluvias continúan, gobernadores, dirigentes gremiales y comunidades coinciden en un mismo mensaje: la capacidad de respuesta regional ya fue superada y se requiere una intervención inmediata del Gobierno Nacional para evitar que la crisis humanitaria y económica siga escalando.
De acuerdo con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), las crecientes han destruido cerca de 20 puentes, afectado aproximadamente 8.000 personas en Arauca y 3.600 en Casanare, cifras que continúan en actualización.
En el sector agropecuario, el impacto también resulta severo. Las corrientes arrastraron centenares de bovinos, inundaron extensas áreas de pasturas y cultivos y dejaron bajo el agua numerosas explotaciones pecuarias.
En varias fincas, el nivel del agua supera el metro de altura y mantiene al ganado con el agua hasta las rodillas, situación que compromete la alimentación, la sanidad y la supervivencia de los animales, además de dificultar la recuperación de los sistemas productivos una vez disminuyan las inundaciones.
Golpe al corazón ganadero
Uno de los municipios más afectados es Tame, en Arauca. El presidente del Comité Regional de Ganaderos de Tame, Amaura Martínez, calificó la situación como una verdadera “catástrofe económica y social”.
Según explicó, únicamente en ese municipio se contabilizan 1.613 familias afectadas, equivalentes a 5.718 personas, distribuidas en 64 veredas, cinco barrios y tres comunidades indígenas.
Las pérdidas abarcan cultivos, ganadería, viviendas rurales y otras actividades que constituyen el sustento de cientos de familias.
A ello se suma el deterioro del sistema de acueducto de Tame. El colapso de la captación dejó sin agua potable a cerca de 42.000 habitantes, correspondientes a más de 12.000 usuarios.
La emergencia también afecta al sector educativo. Al menos 14 sedes escolares y 1.022 estudiantes enfrentan dificultades por los daños en la infraestructura vial y la interrupción de las comunicaciones.
Gobernadores declaran la calamidad
Ante la magnitud de los daños, el gobernador de Arauca, Renson Martínez, declaró la calamidad pública departamental tras el desbordamiento de varios ríos que alcanzaron niveles históricos.
“Esta calamidad no tiene precedentes; a muchas familias de Tame y Saravena se les desaparecieron las fincas con las avalanchas”, afirmó el mandatario.
Los daños sobre los puentes ubicados en los ríos Lopeño, Tame, Tigre y Cusiana, entre otros corredores estratégicos, mantienen aisladas numerosas comunidades rurales y dificultan el transporte de alimentos, insumos y ayuda humanitaria.
En Casanare, el gobernador César Augusto Ortiz Zorro declaró la alerta roja departamental, mientras organismos de socorro desarrollan operaciones para rescatar personas y animales atrapados por las crecientes.
En municipios como Nunchía, las labores de evacuación continúan debido al desbordamiento de varios afluentes.
Conectividad comprometida
Las inundaciones también afectan la movilidad regional. Arauca presenta dificultades para comunicarse con Casanare, Boyacá, Santander y Norte de Santander, situación que impacta el abastecimiento de alimentos, la comercialización de productos agropecuarios y el desplazamiento de miles de habitantes.
La emergencia incluso alcanzó corredores nacionales.
En Santander, el desbordamiento de corrientes ocasionó daños sobre la vía del Chicamocha, donde parte de la calzada fue arrastrada por las aguas.
Como consecuencia, el Ministerio de Transporte y el Invías restringieron temporalmente el tránsito de vehículos de carga pesada por este importante corredor vial.
Abelardo anuncia ayudas humanitarias
En medio de la emergencia, el presidente electo Abelardo de la Espriella visitó Casanare y anunció una campaña de apoyo para las comunidades afectadas.
Durante su recorrido aseguró que los damnificados “no están solos” y lideró la entrega de: 3.500 colchonetas, 6.500 mercados, 2.000 kits para el hogar y 2.000 kits de aseo.
Además, anunció el envío de otras 2.000 hamacas para las familias perjudicadas.
“Le he pedido a la primera dama, Ana Lucía Pineda, encabezar el equipo que gestionará las ayudas”, manifestó.
Sector pide plan de reconstrucción
Más allá de la atención inmediata, productores y dirigentes consideran indispensable que el Gobierno Nacional avance en un plan integral de recuperación.
Las prioridades incluyen:
Reconstrucción de puentes y vías rurales, restablecimiento de acueductos, recuperación de viviendas, apoyo económico para productores agropecuarios y programas especiales para restablecer la producción ganadera y agrícola.
Para los gremios, la magnitud de los daños demuestra que la emergencia dejó de ser únicamente climática y pasó a convertirse en un desafío para la infraestructura, la seguridad alimentaria y la economía regional.
Mientras persisten las lluvias, la preocupación aumenta entre los productores, quienes advierten que cada día de aislamiento incrementa las pérdidas económicas y dificulta la recuperación de una de las zonas pecuarias más importantes del país.
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