Un productor enfrenta pérdidas millonarias tras la incursión de un grupo delincuencial que operó con precisión en zona rural. La falta de resultados efectivos en seguridad podría agravar una problemática que golpea la economía ganadera regional.
Un nuevo golpe sacude al sector pecuario en el departamento del Magdalena. En la madrugada del 9 de abril, el ganadero Roger Sinning Navarro fue víctima de un robo sistemático en su predio ubicado en zona rural de Santa Bárbara de Pinto, donde desconocidos se llevaron 17 reses, entre novillas y vacas próximas a parir, y dos yeguas utilizadas para movilizar el ganado. (Lea en CONtexto ganadero: Robos, estafas y carneo: la amenaza que no da tregua a los ganaderos colombianos)
El caso representa una pérdida para la actividad productiva del afectado. No se trata únicamente del número de animales sustraídos, sino de su valor estratégico, porque varias de las reses estaban en etapa reproductiva, lo que implica un impacto directo en la sostenibilidad del hato y en los ingresos futuros.
El robo ocurrió en Santa Bárbara de Pinto, zona rural caracterizada por su baja presencia institucional y amplias extensiones de terreno, condiciones que facilitan este tipo de delitos. Según versiones preliminares, los responsables habrían ingresado en horas de la noche y ejecutado el arreo del ganado con logística y conocimiento del terreno, lo que sugiere una operación previamente planificada.
Se trata de un municipio del sur del Magdalena, que ha venido reportando episodios similares en los últimos años. La recurrencia de estos hechos genera preocupación entre los ganaderos, quienes advierten sobre la consolidación de estructuras dedicadas al robo de semovientes.
La percepción de inseguridad ha comenzado a incidir en decisiones productivas, frenando inversiones y afectando la confianza en la actividad rural.
Impacto al propietario
Para el afectado, el impacto trasciende lo económico. Se trata de años de trabajo comprometidos en cuestión de horas. Aunque ya se instauró la denuncia ante la Sijín del municipio de Santa Ana, la incertidumbre persiste.
Como muchos productores, espera que las autoridades logren esclarecer lo ocurrido, aunque reconoce que en la mayoría de los casos estos delitos quedan en la impunidad.
La forma en que se ejecutó el robo evidencia un patrón característico del abigeato organizado. El uso de caballos para movilizar el ganado, el conocimiento de rutas no vigiladas y la rapidez en la operación apuntan a la posible participación de redes estructuradas.
Este tipo de modalidad reduce la probabilidad de detección inmediata y facilita la comercialización ilegal de los animales.
Hasta el momento, se desconoce el destino del ganado y la ruta utilizada por los delincuentes. La ausencia de pistas claras refuerza la hipótesis de una operación coordinada. Mientras tanto, el sector ganadero insiste en la necesidad de fortalecer los controles, mejorar la presencia de la fuerza pública y establecer mecanismos tecnológicos de seguimiento. (Lea en CONtexto ganadero: 10 ataques y 128 reses robadas en una semana: el alarmante balance de la seguridad ganadera)
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