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Análisis del Terremoto en Colombia

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Colombia se encuentra en una zona donde interactúan diferentes placas tectónicas y, particularmente en el Pacífico, existe un proceso permanente que genera presión sobre la región andina.

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Análisis del terremoto en Colombia: ¿por qué fue tan fuerte y qué viene ahora? Geólogo explica

por: Angie Barbosa- 31 de Diciembre 1969

El sismo de magnitud 7,4 que tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, volvió a poner sobre la mesa la exposición sísmica de Colombia. El geólogo Oswaldo Ordóñez explicó cómo se originó el movimiento, por qué se sintió con fuerza en varias ciudades, qué puede esperarse de las réplicas y cuáles son las tareas pendientes para reducir el riesgo.

El sismo de magnitud 7,4 que tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, volvió a poner sobre la mesa la exposición sísmica de Colombia. El geólogo Oswaldo Ordóñez explicó cómo se originó el movimiento, por qué se sintió con fuerza en varias ciudades, qué puede esperarse de las réplicas y cuáles son las tareas pendientes para reducir el riesgo.


El terremoto registrado en la mañana de este 10 de agosto en Colombia sorprendió por su intensidad y por la amplitud con la que fue percibido en diferentes regiones del país. Aunque el epicentro se ubicó en inmediaciones de San José del Palmar, en Chocó, el movimiento fue sentido con fuerza en ciudades como Cali, Pereira, Manizales, Medellín, Quibdó y Bogotá.

Para entender por qué ocurrió un sismo de esta magnitud es necesario mirar debajo de la superficie. Colombia se encuentra en una zona donde interactúan diferentes placas tectónicas y, particularmente en el Pacífico, existe un proceso permanente que genera presión sobre la región andina.

El geólogo Oswaldo Ordóñez, doctor en geología y experto en temas geotécnicos, mineros y de riesgos, explicó: “Nosotros tenemos en el Pacífico una placa que llamamos placa de Nazca que se está metiendo por debajo de los Andes, más o menos, cinco centímetros por año”.

Ese movimiento permanente genera esfuerzos que, dependiendo de la zona, pueden liberarse de manera frecuente o acumularse durante largos periodos.

En el caso del sismo ocurrido este lunes, la hipótesis planteada por el experto es que la energía acumuladadurante décadas terminó liberándose de manera súbita.

“Eso llevaba 80 o 100 años acumulándose y hoy se liberó. Esa liberación fue mucha energía, por eso la magnitud es de 7.4”, señaló.


Una falla bajo presión


La ubicación del epicentro también tiene una explicación geológica. En la zona existen estructuras que permiten que las rocas se fracturen y se desplacen. Una de ellas forma parte del sistema de fallas conocido como Garrapatas-Dabeiba, que atraviesa sectores del occidente colombiano.

Ordóñez explicó que las fallas funcionan como zonas de concentración de esfuerzos. “En esa zona de fallas se concentran los esfuerzos y llega un punto en que ese esfuerzo, rompe la capacidad de resistencia y se libera”, señaló.

El origen del movimiento fue ubicado a unos 90 kilómetros de profundidad, según la explicación entregada durante la entrevista. Desde allí, las ondas sísmicas comenzaron a desplazarse hacia la superficie y a través de diferentes materiales geológicos.

Esto ayuda a entender por qué un terremoto con epicentro en Chocó pudo sentirse a cientos de kilómetros. Las ondas no se detienen en los límites municipales ni departamentales: continúan propagándose, aunque pierden energía conforme aumenta la distancia.

La intensidad percibida en cada ciudad depende, además, de las características del terreno. Dos lugares ubicados a una distancia similar pueden experimentar efectos diferentes si uno está construido sobre roca firme y otro sobre materiales blandos o saturados de agua.

“Si está construido en una roca muy buena, la onda sísmica, se amortigua. Si está en un material que es muy lleno de agua, por decir algo, como una gelatina, entonces se mueve como una gelatina”, explicó.

Por eso, el suelo importa tanto como la distancia. A esa variable se suma la calidad de las construcciones, especialmente en ciudades donde existen edificaciones antiguas que fueron levantadas antes de que las normas sismorresistentes alcanzaran los estándares actuales.

El experto advirtió que una estructura diseñada bajo criterios sismorresistentes tiene mayores posibilidades de soportar las fuerzas generadas por un terremoto. En contraste, las construcciones que no cumplen estos criterios pueden presentar una vulnerabilidad mayor.


¿Qué pasa con las réplicas?


Después de un terremoto de esta magnitud, una de las principales preocupaciones de la población es si puede ocurrir otro movimiento fuerte. En este punto, Ordóñez explicó que las réplicas son parte del proceso natural que ocurre después del sismo principal.

Las rocas que se encontraban sometidas a tensión deben reajustarse después de la ruptura. Durante ese proceso pueden producirse movimientos de menor magnitud alrededor de la zona afectada.

“Mientras que las rocas se acomodan, se van liberando más energías, que son las réplicas”, explicó el geólogo.

La presencia de réplicas, por tanto, no significa automáticamente que vaya a producirse un segundo terremoto de la misma magnitud. De acuerdo con la explicación del especialista, el comportamiento esperado es que la actividad vaya disminuyendo mientras las rocas terminan de acomodarse.

En la entrevista también se señaló que ya habían sido identificados movimientos o réplicas posteriores al principal, algunos cercanos a magnitud 5. Sin embargo, el especialista hizo una precisión importante: no se puede predecir con exactitud el comportamiento de cada falla.

Una de las dificultades científicas en este caso es precisamente el conocimiento limitado sobre el sistema de fallas que produjo el movimiento.“Sobre esa falla, hay muy poco conocimiento, porque queda en una zona selvática, alejada de los centros urbanos, entonces, a pesar de que se conozca, no tiene un monitoreo fuerte como tienen otras fallas”, explicó Ordóñez.

Esto significa que las autoridades y la ciudadanía deben mantenerse atentas a los reportes oficiales, pero sin caer en predicciones o cadenas de desinformación sobre supuestos terremotos o replicas que ocurrirán en determinadas horas o días.

El experto también descartó que este terremoto pueda generar un tsunami, debido a que el evento tuvo origen en tierra firme. El riesgo posterior está más relacionado con posibles daños estructurales y deslizamientos en las zonas donde el movimiento haya sido más fuerte.


El desafío que queda


El terremoto deja una discusión que trasciende las réplicas: qué debe hacer Colombia para reducir las consecuencias de futuros eventos de gran magnitud.

La respuesta, según Ordóñez, comienza por conocer con mayor precisión cómo se comporta el suelo en cada ciudad y utilizar esa información para definir los criterios de construcción. La amenaza no puede eliminarse, pero sí es posible disminuir la vulnerabilidad.

“Ya probamos un sismo de magnitud 7.4, entonces ya sabemos que sí estamos, expuestos a eso”, sostuvo.

Esto plante una oportunidad para revisar qué tan preparadas están las ciudades colombianas frente a escenarios similares.

Uno de los instrumentos fundamentales es la microzonificación sísmica. Estos estudios permiten identificar diferencias en el comportamiento del terreno dentro de una misma ciudad, información que posteriormente puede incorporarse en las decisiones de planificación y en el diseño de las edificaciones.

“Hay que actualizar las normas sismoresistentes, las microzonificación sísmica de cada cabecera municipal para poder, digamos, actualizar las normas a cada municipio”, afirmó Ordóñez.

El objetivo final no es construir edificios que nunca sufran daños. “No hay estructuras antisísmicas, hay sismoresistentes”, precisó el geólogo.

El terremoto de este 10 de agosto, por lo tanto, no permite afirmar que vaya a ocurrir otro gran sismo próximamente, pero sí deja una certeza: Colombia está expuesta a este tipo de fenómenos y no puede conocer de antemano cuándo volverán a ocurrir.

La tarea ahora es aprovechar la información que deja este evento para mejorar los estudios de riesgo, fortalecer las normas de construcción, revisar las edificaciones que resultaron afectadas y preparar a la población.

Como concluyó Ordóñez, la combinación entre geología e ingeniería puede ser determinante para reducir las consecuencias de futuros terremotos. El fenómeno natural no puede evitarse, pero sus efectos sobre las personas y las ciudades sí pueden ser menores si el país utiliza el conocimiento disponible para prepararse.